Miércoles, 29 de marzo de 2017

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Los problemas de siempre

Se acaban de difundir las cifras correspondientes al desempeño de la economía uruguaya en el último año. El PIB creció 1,5% respecto a 2015. Es un guarismo que no sorprende en función del desempeño que se palpaba en los últimos meses del año, aunque si difiere de lo proyectado a comienzos del año, cuando arreciaba el viento de frente.

Lo más sorprendente de los datos divulgados es que el gobierno reconoce sin decirlo que la economía uruguaya atravesó por una leve recesión entre el segundo trimestre de 2015 y el primero de 2016. Por fortuna se pudo superar rápidamente debido a la rotación de los vientos.

El clima está muy variable, será efecto del Niño. Lo cierto es que esos vientos de frente tornaron rápidamente y se convirtieron en viento de cola. Esos vientos refieren al contexto internacional que terminó siendo más benévolo que lo previsto originalmente.

Ello se vio materializado por ejemplo en mejores precios de exportación, tanto de bienes como de servicios. Dentro de estos últimos cabe destacar al turismo, que no despegó en la última temporada veraniega, sino que ya estaba creciendo desde el segundo trimestre de 2016. La razón no es otra que el abaratamiento relativo de Uruguay frente a sus vecinos.

Pero más allá de los mejores precios y la mayor oferta en algunos rubros fundamentales de la estructura exportadora del país como la carne, lácteos, soja y arroz, del análisis de las distintas variables económicas a lo largo del último año quedan al descubierto problemas de fondo del país que le impiden alcanzar mayores tasas de crecimiento.

Desde hace mucho tiempo se habla de los problemas de competitividad, que Uruguay es un país caro. Efectivamente lo es. Hay distintos indicadores que así lo muestran. Por ejemplo el índice de tipo de cambio real que elabora el BCU señala que a enero se situó 30% por debajo del promedio de los últimos dieciséis años. O el ratio precios transables/ precios no transables construido a partir de la desagregación del IPC que muestra un desfasaje del 20%.

Sin ir al precio de algunos insumos relevantes para la producción como los combustibles, que son de los más caros del mundo.

Esa pérdida de competitividad, contracara de una baja productividad, está afectando a un gran número de sectores productivos. Se puede decir que el crecimiento está concentrado en unas pocas ramas, con algunas características particulares. Fundamentalmente se trata de actividades poco intensivas en mano de obra.

Un abanico muy importante de actividades más intensivas en el factor trabajo como buena parte de las ramas manufactureras y la construcción volvieron a registrar caídas en su nivel de actividad.

Ello se vio reflejado entre otras cosas en un deterioro del mercado laboral, pese al crecimiento que registró la economía. En términos de desocupación, en pocos años pasamos de una tasa del 6% a más del 8% en la actualidad, con una leve tendencia al alza.

El deterioro del mercado laboral no sólo se ve reflejado en menos puestos de trabajo, sino también en una menor calidad del empleo. Aumenta la informalidad, es decir el empleo no declarado, al tiempo que disminuyen las pretensiones de quienes buscan empleo, e imponen cada vez menos condiciones.

Esa pérdida de competitividad, asociada a un costo elevado de producción que no es acompañado por ganancias de productividad es la que afecta a un gran número de actividades, muchas de las cuales tienen en la región un mercado importante.

Los problemas internos y los propios problemas de la región fueron haciendo que Uruguay sea cada vez menos dependiente de sus vecinos. De hecho, se señala el desacople de la economía uruguaya, que creció en el último año cunado tanto Argentina como Brasil registraron caídas en su PIB.

El desacople, si se da naturalmente es una buena cosa. Está claro que tanto Argentina como Brasil son mercados muy importantes para Uruguay. Por infinidad de razones siempre van a ser destinos relevantes para nuestras exportaciones como así también el origen de un porcentaje muy elevado de nuestras compras externas.

Si esos mercados pierden peso relativo por que crecen naturalmente más las exportaciones de aquellos sectores que no tienen en la región a su principal destino, pero sin una fuerte caída de los sectores que comercian con los vecinos, estaríamos ante un cambio natural y hasta sana en la estructura productiva del país.

El “desacople” que se observa actualmente tiene parte del proceso virtuoso anteriormente descrito, esto es el mayor crecimiento de sectores que no exportan a la región, fundamentalmente sectores intensivos en recursos naturales, en los que Uruguay presenta indudables ventajas. De hecho, se trata de sectores en los que competimos con nuestros vecinos en los mercados internacionales.

Pero no se da el lento repliegue de los sectores volcados a la región, sino que estos atraviesan por problemas profundos. Tal vez Juan Lacaze simbolice como nadie esta situación. El cierre de las empresas emblemáticas de la ciudad se explica por los problemas de nuestros vecinos, Argentina en este caso, y los problemas de competitividad internos que le impidieron acceder a otros mercados para compensar la caída del argentino.

En definitiva, con un viento de cola favorable, aunque no tanto como en el período 2004-2012, la economía uruguaya puede crecer de la mano de algunos sectores muy importantes, pero poco intensivos en mano de obra.

El agregar trabajo a la producción uruguaya es uno de los grandes desafíos que se le presentan actualmente a la economía. Paradójicamente el abultado gasto social del gobierno es uno de los responsables.

La magnitud del gasto público y su tendencia creciente a lo largo del tiempo es uno de los factores que más incide en el deterioro de los precios relativos. La baja productividad de ese gasto afecta la competitividad global y su financiamiento encarece los costos de producción.

Si nos atenemos a lo manifestado por las autoridades económicas, el margen para actuar sobre el gasto público es muy acotado, ya que es muy rígido y fundamentalmente tiene un “fin social”.

Si es así, habrá que esperar a un nuevo super ciclo de los commodities que permita financiar gastos elevados e incorporar más mano de obra en la producción.

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.