Jueves, 28 de diciembre de 2017

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Luces y sombras de una economía que crece arrastrando problemas crecientes de competitividad

El cierre del año además de los tradicionales festejos y reuniones entre familiares y amigos es momento de reflexión donde se pasa raya a lo hecho durante el año y se proyecta el que viene. Esta columna no será la excepción y junto a los deseos de que se materialicen los anhelos de todos los lectores, aprovecharé a compartir con ellos algunas reflexiones sobre la marcha de la economía y cómo se proyecta para el año que está a punto de comenzar.

Recientemente fue divulgado el dato del nivel de actividad en el tercer trimestre de 2017. Comparado con igual lapso del año anterior mostró un crecimiento del 2,2%. Pero comparado con el segundo trimestre de este año el crecimiento fue prácticamente nulo. Dado como está funcionando la economía, este último es el dato más relevante. Si analizamos en términos desestacionalizados el nivel de actividad al tercer trimestre fue apenas 0,9% superior al del cierre del año anterior. La economía se ha desacelerado notoriamente y tiende a un estancamiento, más allá de datos de crecimiento que tienen mucho de estadístico y poco de productivo.

No todo anda mal. Hay sectores que efectivamente están creciendo. Pero al mismo tiempo hay otros que enfrentan dificultades. Dentro de estos últimos están todas las ramas productoras de bienes, desde el agro, pasando por la industria y la construcción.

Las dificultades por las que atraviesan esos sectores las podemos sintetizar en la pérdida de competitividad que en última instancia refleja las dificultades que enfrentan esos sectores para colocar su producción en condiciones de rentabilidad.  Costos crecientes asociados a un Estado cada vez más pesado o una evolución de precios relativos desfavorable los va marginando. Sin expectativas ciertas de rentabilidad la inversión se retrae y con ella no sólo la producción actual, sino la futura también.

Este fue el gran tema en discusión en el debate al que asistimos a lo largo del año sobre la marcha de las negociaciones entre el Estado uruguayo y UPM por la instalación de una eventual tercera planta de celulosa. Los finlandeses exigían condiciones de competitividad mínimas que garanticen una rentabilidad adecuada.

Pero esa mejor competitividad que se le aseguró a la empresa de celulosa no se hizo extensiva al resto de las empresas uruguayas. En tal sentido las perspectivas para la producción nacional no son muy halagüeñas. Los datos de importación son muy gráficos al respecto. Crecen a un ritmo creciente las compras externas de bienes de consumo y disminuyen las de insumos intermedios. Es un claro síntoma de sustitución de producción nacional por importada.

No se me malinterprete y se piense que estoy haciendo un alegato a favor del cierre de la economía, Por el contrario, creo firmemente en el libre comercio que ha sido la fuerza más poderosa que hizo crecer al mundo y sacó de la pobreza a millones de personas como ninguna otra actividad llevada a cabo por el hombre desde que habita este planeta.

Pero hago el alerta que el proceso de sustitución actual de producción uruguaya por importada no se explica tanto por una mejor asignación de recursos y ganancia de eficiencia asociada sino a un encarecimiento de la producción nacional ajeno al accionar de las empresas, que afecta incluso a las más eficientes.

Pero como dije unos párrafos atrás, no todo anda mal y hay sectores que crecen. Incluso algunos de los que ahora no están bien muestran perspectivas de cierta recuperación en los meses venideros.

El consumo es el motor actual de la economía. De la mano de 4.000.000 de turistas que terminarán arribando a nuestras costas este año y una temporada estival que se augura excepcional, ese gasto agregado impulsa a la actividad comercial.

Esa corriente turística se explica por el diferencial de precios a favor de Uruguay respecto a Argentina, lo que motivó que vuelva la clase media del vecino país a veranear en nuestras playas.

Esa realidad no es sostenible por mucho tiempo, y seguramente Argentina procese algún tipo de ajuste a partir del año 2020. Hasta entonces los argentinos visitarán masivamente nuestro país en verano.

Otro factor que ayuda al crecimiento es el financiamiento. Las tasas de interés a nivel internacional siguen en niveles históricamente bajos y ello provoca el ingreso de capitales en búsqueda de un mayor retorno. La baja rentabilidad del sector real determina que no tengan ese destino, como unos años atrás, pero si sigue siendo atractiva la colocación financiera.

Junto a un gasto público creciente el ingreso de capitales agudiza el atraso cambiario, con nefastas consecuencias para el sector productivo, pero que actúa como un motor para el consumo, fundamentalmente el importado.

Esta es la otra pata del crecimiento, el gasto interno de los uruguayos que crece impulsado por un mayor poder adquisitivo de la población. Ese mayor poder adquisitivo es fruto del atraso cambiario que abarató el consumo en bienes importados.

El sector privado está consumiendo más pero invirtiendo menos. La formación bruta de capital fijo del sector privado se encuentra en el tercer trimestre del año un -6% por debajo del mismo trimestre del año anterior. De acuerdo a las encuestas empresariales no hay para el año que viene mayores expectativas de que se revierta esta tendencia descendente.

Las dificultades se reflejan muy bien en el desvío que presentan algunos precios relativos. Lejos de atenuarse, cada vez se toma más distancia de los niveles razonables y se sigue estimulando situaciones que luego deberán ajustar. El FMI acaba de señalar que el tipo de cambio real en Uruguay está apreciado en un  14%.

La contracara del tipo de cambio real es el salario real y si el tipo de cambio real está bajo el salario real está alto y esto implica que desplaza otros componentes del valor agregado en el país. Entre los otros componentes se encuentra la utilidad de las empresas y es por eso que no llama la atención el desánimo que crece entre los empresarios y que está hipotecando el crecimiento del PIB en el futuro.

En este escenario, las perspectivas para el año que está pronto a comenzar son de un crecimiento moderado a tenue, impulsado por un consumo que se irá desacelerando a medida que el mercado laboral se siga deteriorando.

Eso siempre y cuando no haya un cambio brusco en el contexto internacional. El riesgo mayor radica en una suba de las tasas de interés en dólares. Una suba pronunciada de las tasas impactaría fundamentalmente en el mercado financiero, ya que la inversión en el campo real está deprimida.  Si la suba es repentina puede darse una corrida contra el peso a favor del dólar. Ya aconteció algo similar en 2015 y el BCU pudo soportar la corrida con las reservas. De volver a ocurrir sucedería algo similar.

Pero la experiencia del 2015 también nos muestra el impacto de la suba del dólar en el consumo, que se frenó instantáneamente.  Aquí radica el principal problema, ya que se trata del motor que mantiene en marcha a una economía que enfrenta problemas de competitividad.

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.