Sábado, 6 de junio de 2015

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Maciegas: 35 años de folclore y algo más

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Foto: Marcos Dell’Onte

El fundador y líder de la banda, Roberto Valdivieso, habló en exclusiva con El Telescopio sobre los orígenes del grupo en tiempos de dictadura, sus actividades por fuera de la música y el futuro del folclore uruguayo.

 

¿Qué motivó la formación de Maciegas?

Llegábamos a estudiar a la capital hace 35 años, en mi caso desde Rivera pero otros compañeros desde otros puntos del país. Los clubes de residentes eran la primera casa a donde iban a parar los jóvenes del Interior, y en mi caso no fue la excepción. Iba al Club de Residentes de Rivera, que está ubicado en Avenida Brasil y Brito del Pino, y ahí nos juntábamos principalmente a estudiar, pero también a compartir las tristezas, saudades, y a compartir la encomienda que llegaba una vez por semana. Decíamos que éramos pocos pero nos sentíamos que éramos muchos. Estamos hablando del año 79, plena dictadura, y ese Club fue un bastión de resistencia porque en aquel momento estaban prohibidas las reuniones de más de tres personas. Lo que hacíamos era cantar, cantar, cantar y recibir a mucha juventud de todas partes. Organizábamos peñas que luego terminaban en bailes. Viernes y sábados eran de fiesta. Esa fue la génesis de Maciegas, después le dimos forma al grupo de música en 1980.

¿Por qué ponerle de nombre Maciegas?

Maciegas es el nombre de un libro del poeta riverense Lalo Mendoza, pero además maciegas es un grupo de distintos yuyos que tienen una particularidad: son muy resistentes. Crecen en el campo y resisten los cambios. En épocas de bonanza no se le da mucha importancia, pero en tiempos de sequía cobra valor porque sirve como forraje y como techo para ranchos y casas. Todos los grupos de esa época se llamaban Los “algo”, Los Olimareños, etc., entonces nosotros queríamos algo diferente, sin artículo, y apareció Maciegas. Nos identificábamos con que éramos un grupo, de distintos lugares, vinculados al folclore y principalmente resistiendo, por el momento político complicado que vivía el país. La música fue un elemento de resistencia.

¿Alguna vez pensaste que el grupo cumpliera tantos años activo?

Alguien me dijo alguna vez que es un grupo bien parido, con una buena base. Fijate que en el grupo hay gente más joven que el grupo mismo, o que tienen cerca de 35 años, entonces para mí es un orgullo porque lo que soñábamos en aquel momento se cumplió, el sueño se cumplió. Juntar gente alrededor de una guitarra, eso sigue siendo lo fundamental.

¿Se dificultaba hacer música popular en tiempos de dictadura?

Sí, bastante. Por ejemplo, cuando organizábamos los encuentros en el Club, teníamos que ir a la Jefatura y presentar la lista de canciones que íbamos a cantar, y muchas veces te decían que ciertas canciones no podían ser tocadas. Del Club de Residentes se llevaron en cana a Anselmo Grau, que fue un músico y comunicador muy importante, combativo en su cancionero. Ahí se presentaba gente como Abel García, el Grupo Vocal Universo, o personas que nos enterábamos al tiempo que estaban prohibidos para cantar dentro del país.

¿Qué evaluación haces de estos 35 años de carrera?

La evaluación es que pasó mucha gente y todos dejaron su impronta, su aporte musical y personal, algunos buenos, otros no tan buenos y otros malos. En definitiva Maciegas ha grabado 15 discos, ha ganado premios Fabini, Graffiti, Charrúa de Oro, hemos estado en todos los festivales, salidas al exterior representando al Uruguay en Cosquín, pero lo que más me queda es que, después de 35 años, el sueño sigue vivo.

¿Cómo se da el proceso de composición dentro de la banda?

En este momento Gabriel Araújo, que es el bajista y productor musical del último disco, tuvo la responsabilidad de componer los temas. Obviamente fue de mutuo acuerdo, y además todos los músicos aportan a nivel arreglístico para con su instrumento, con las ideas y las voces. Antes era todo muy anárquico, cada uno venía con un tema y eso dificultaba, llevaba más tiempo, entonces Gabriel tomó la posta. No hubo una imposición, hubo un momento de discusión sana y constructiva. Desde ese momento fuimos viendo qué aportes tenía cada uno y fuimos cocinando el disco. Y dio resultado, no voy a decir si el disco es bueno o malo porque eso lo dice la gente, por más que a mí me encante, pero resultó la organización y que alguien lleve la batuta.

Hubo un momento en que casi desaparece el grupo. ¿Cómo explicas ese momento?

Lo explico con algo que decía pero ahora no digo más: lo que se quiere no se abandona.  Lo que sí sé es que obré bien en todo momento, hablé con quien tenía que hablar, y eso me deja conforme. Respeté la decisión pero no la compartí, de hecho trato de ser respetuoso por las decisiones de los demás y por la gente que escucha o lee lo que digo. Jamás salí a hablar mal de nadie ni a plantear mi posición, mi consciencia está tranquila, cuando tuve que hablar hablé e intenté mostrar la otra visión. En mi intimidad reconozco que, después de cuatro años de esa separación del grupo, uno, que en este caso soy yo aunque no me gusta plantearlo así, ha logrado lo que cinco o seis personas no habían podido lograr antes. En cuatro años el otro grupo que ellos formaron ya no existe más, y Maciegas sigue. No sigue solo por Roberto Valdivieso, sigue porque fue bien parido, hay gente con la camiseta puesta, hay base. Cuando tenes las raíces bien plantadas las cosas van a florecer, y eso se está dando.

¿Fue muy difícil volver a armar Maciegas?

Sí, bastante. Yo soy muy bueno para las fechas y me acuerdo que el 19 de junio del 2011 me mandaron una carta, porque no me lo dijeron de frente, diciendo que se iban y me quedé más solo que el uno. Se quedaron conmigo Gustavo de León, el ingeniero de sonido, y Guillermo Bidart, que es quien carga los instrumentos. Me quedé yo pero conmigo se quedó la dignidad. A raíz de eso, que fue muy triste para mí, me di cuenta que hay más gente que me quiere de la que yo pienso. Arrancaba la Copa América en Argentina, entonces pensé: guerrero descansa y piensa. Me fui, miré los partidos de Uruguay, fui a Mendoza y tomé unos buenos vinos, fui a encontrarme devuelta. Llegué el 11 de julio y me dije que se había terminado el recreo. Ya había pensado en Gabriel en bajo y Pablo Stanisich en batería, y hablé con Nario Recoba para el bandoneón, que hoy no está pero tocó como invitado en el disco. Me quedé feliz de la vida porque había un montón de gente que quería tocar en Maciegas, y me empecé a preguntar ¿qué hice? Después vino la metamorfosis, hubo gente que se integró al grupo y luego se fue, y hoy hay un proyecto y un muy lindo grupo humano. Lo pasado es pasado. Cuando me preguntan sobre eso contesto con una zamba argentina que dice “¿para qué vamos a hablar de cosas que ya no existen? Hoy existe esto y es lo que disfruto.

Además de la música, ¿qué otras actividades laborales realizas?

Trabajo en la Dirección Nacional de Aduanas desde hace 35 años, lo mismo que Maciegas. Soy Fiscal de Aduanas y además hace tres años que soy Presidente del sindicato AFA, Asociación de Funcionarios Aduaneros. También soy fundador, con AFA, de FRASUR, la Federación de Funcionarios Aduaneros del Mercosur, que fue creado acá en Uruguay. Nosotros pensamos que si se juntaban los países, también se tenían que juntar las aduanas. Lo fundamos en aquel momento junto a Argentina, Brasil y Paraguay, y hoy están Colombia, Perú, Chile, Ecuador, Bolivia. Eso fue hace 20 años. Lo que también he hecho durante mucho tiempo es la actividad radial, yo tenía un programa en Radio Internacional llamado Sin Fronteras, durante 23 años. Ese programa también estuvo en Radio Sport, en Radio Rural, estuvo por un montón de lugares del Interior como Flores, San Gregorio, Vichadero, Rocha. Y también mi actividad en televisión con La Canción Nuestra sin Fronteras.

¿Qué conclusiones te dejó la presentación en el Teatro El Galpón?

Que no estaba equivocado, que estaba en lo cierto de hacer esto y de juntar amigos. Siempre digo que el día que nos pongan una alfombra roja, ahí hay algo que está mal. A mí me encanta la producción, donde participan amigos como Eduardo Keuchkerián, me gustan los desafíos. Uno tiene que ser muy poco inteligente para no darse cuenta de que hoy, como están las cosas y donde todo el mundo achica, nosotros nos agrandamos. Somos 16 personas con Maciegas, hay un ingeniero de sonido, un iluminador, un stage… somos un grupo grande. Tenemos la suerte de que nos convocan, recorremos el país y eso es trabajo, pero no nos da nada extra, es un trabajo que nos da la satisfacción de hacer lo que nos gusta. Para mí lo importante no es llegar, es estar en el camino, y eso trato de decírselo a los muchachos, y como todos aman la música y viven de ella para ellos es como un sueño. Yo agradezco que esto sea así, de no tener a alguien que solo esté interesado en tocar lo que sea y llevarse su dinero.

¿Cómo está planificada la gira de este año?

Arrancó el 21 de mayo en El Galpón, luego el viernes 12 de junio estamos en Florida, el 19 en San José, el 20 en Río Branco y el 21 en Treinta y Tres. Vamos a recorrer todo el país. Algo diferente es que la gira va a tener dos condimentos. En primer lugar va a ser solidaria, en cada lugar va a haber una institución involucrada, ya sea una escuela o un hospital, y en segundo lugar vamos a darle espacio a otros artistas de que compartan escenario con nosotros, como son Mariela Barboza, Manuel Díaz y Julio Silveira. No me gusta decir teloneros, me gusta llamarle compartir el escenario. Hay mucha gente cantando que a veces no tiene la posibilidad de mostrarse.

¿Cómo se gestó el disco “Atrapasueños”?

Estábamos en la casa de Gustavo de León, en un asado, e hicimos como una tormenta de ideas, y en ese bombardeo de nombres tiraron Atrapasueños, no estoy seguro si fue Pablo o Gabriel. Es un nombre corto, directo, lo pensé y me encantó.

¿Tiene algún significado especial ese nombre para la banda?

Yo sueño con escribir una canción, o cantarla, pero quizás el sueño del percusionista es tocar en esa canción, o del guitarrista poder tocar, entones creo que vivimos todos atrapados e involucrados en ese sueño. Ese sueño es el disco, y ese disco es Maciegas.

¿Crees que tener un programa como La Canción Nuestra sin Fronteras ayudó a crecer a Maciegas?

Sí  y mucho, van de la mano. Estoy involucrado a los medios desde siempre pero más bien a la radio. Una de las cosas que me molestaron cuando llegué a Montevideo fue que la prensa grande siempre que se refería a algo del Interior era un asesinato, un robo o algo malo, y un día dije esto no puede ser. Sé que esas cosas pasan y venden, pero el Interior no es solo eso. Entonces me prometí a mí mismo que, el día que tuviera la posibilidad de estar en un gran medio como lo es VTV, iba a darle prioridad a las cosas que otros no muestran. Te puedo contar mil historias, como que un día me fui hasta el pueblito Sequeira en Artigas, por la canción de Tabaré Etcheverry, porque quise conocerlo. Llegamos allá y la gente nos preguntaba qué hacíamos ahí si no había ocurrido ningún asesinato. Yo quería conocer el pueblo, ver qué había, qué hacía la gente. Te puedo asegurar que en todos los lugares del Uruguay hay algo para contar, y eso también ha potenciado la asociación entre Maciegas y el programa, aunque no es un programa para difundir a Maciegas, le damos espacio a todo aquel que tenga algo para decir.

¿Crees que el público de Maciegas es una gran familia?

Siempre digo que es así. Yo entiendo el rating y el marketing, los productores insisten mucho con eso, pero me quedo con lo otro, con el cariño de la gente. Obviamente que ahora, con esto de la gira, una productora nos armó una agenda y fuimos a muchos programas televisivos y radiales para promocionar el espectáculo, además nos atendieron bárbaro y estoy sumamente agradecido. Por ejemplo, sé que existen los clubes de fans y los aplaudo, pero no es lo mío. Un día, un connotado periodista de  Canal 10 que no puedo nombrar, me preguntó qué era el éxito para mí. Eso fue en un programa con un rating enorme. Él creyó que yo le iba a decir, el éxito es firmar autógrafos, que me pidan fotos, y yo le dije que para mí el éxito era llegar a un pueblo del interior y que la gente se pelee para que vayas a bañarte a su casa, o por darte un mate. Lo descoloqué, puso una cara terrible, pero es lo que siento.

¿Qué influencias tuvo Maciegas cuando se formó?

Muchas. Primero que nada mucha bossa nova, muchísima. También Sui Generis, por el momento que vivíamos, y Jorge Rosado, que es un erudito del piano y la flauta traversa. Él incluso grabó en los primeros discos y le proporcionó cierta exquisitez a lo que estaban acostumbrados los oídos de aquella época. Hay que pensar que los grandes cantores estaban prohibidos, entonces vos escribías una canción con la palabra libertad y eras Gardel o Le Pera. La otra vez pensaba que nosotros nacimos en dictadura, luego viene la democracia y pasaron todos los partidos, y lo que más sigue importando es la música, la poesía, cantar, llevar a la práctica lo que dijo Cervantes: que la libertad es uno de los dones más preciosos que el cielo y la tierra le dieron al hombre. Yo tengo la libertad de cantar lo que quiero, contra quien quiero, pero también respeto. Tampoco hemos sido cantores de barricada, simplemente usamos la poesía como un arma y una trinchera para ayudar, por más que las canciones no cambian el mundo.

¿Quiénes crees que son los futuros abanderados del folclore nacional?

Conozco y sé que hay mucha gente joven cantando, muchísima, pero me pasa una cosa: creo que es muy difícil ser auténtico. Hay mucha gurisada que quieren el éxito fácil, inmediato, están pensando en parecerse a alguien porque les rinde. Mirá que siento un gran respeto por todos ellos. El otro día, por ejemplo, fuimos al programa Ponete Cómodo, con Fernando Tetes. Yo iba a ir diez minutos, pero me terminé quedando todo el programa, y Fernando me dijo al aire, sobre el final, que pensó que Maciegas iba a ser un folclore cerrado, pero que cuando escuchó el primer tema de Atrapasueños se dio cuenta de que era algo distinto. Me alegró que me lo diga, habla bien de él por su sinceridad. He sido jurado en montón de festivales, y siempre les digo que no me molesta que imiten a Los Olimareños, por ejemplo, pero que busquen su perfil. El folclore no va a caballo del marketing o de una multinacional, el sostén es la gente. Siendo sincero, no veo una gran figura que esté emergiendo. Sé que hay gente bien encaminada, bien asesorada, pero tiene que haber un proceso más de madurez. Fijate que yo fui a ver a Los Olimareños, a Zitarrosa, a Viglietti, al Sabalero, vi a todos los grandes. Cuando lamentablemente van desapareciendo, viene gente que quiere ocupar ese lugar, y en realidad ese lugar no se ocupa, es de ellos. La gente de esa época luchaba con la influencia argentina, porque venían Los Fronterizos o Los Chalchareros con la zamba debajo del brazo y acá arrasaban. Luego se creó un perfil uruguayo, pero hoy creo que nos está pasando lo mismo. No nombro a nadie porque sinceramente no sé a quién destacar.

¿Crees que hay Maciegas para rato o crees que hay etapas?

Por ahora espero no morirme, estoy gordito pero bien. El día que no tenga alegría no voy a subir más a un escenario. Si tengo 80 años pero sigo teniendo alegría, subiré como pueda subir, y aguante el rocanrol, el folclore, aguante la murga, aguante todo. Por ahora venimos muy bien.

¿Cómo te definís como músico?

Me defino como intuitivo. No tengo una gran formación musical, aprendí a los 14 o 15 años cuando iba a los bailes y miraba a los tipos tocar la guitarra, les sacaba los acordes. Luego me compré una guitarra y probaba, pero no entendía mucho. Después hice un poco del Conservatorio Hugo Balzo, hice algo de guitarra con Hugo Mondada, el charango lo fui aprendiendo solo. Lo que tengo de bueno es que nunca me encasillé, escucho de todo, como Led Zeppelin por ejemplo. Me llega mucho material de bandas nuevas, y lo escucho con disfrute, nunca me cierro.

¿Qué evaluación haces del momento social y político actual del Uruguay?

Creo que el mundo entero ha cambiado, y el Uruguay también. Tengo la suerte de poder viajar, que es una de las cosas que más me gusta, el año pasado me fui a Nicaragua, por ejemplo. Me gusta hablar con la gente del lugar, conocerlos. Acá no nos podemos conformar con las cosas que pasan, como cuando alguien dice que lo robaron pero está contento porque no lo mataron. Eso es gravísimo, como sociedad no lo podemos permitir. Si yo comparo al Uruguay con otros países estamos muy bien, pero muy bien. Yo estuve en Haití, en Bolivia, en varios países de Centroamérica, y no fui solamente a hacer playa sino a conocer la gente. No me gusta entrar en política partidaria, pero hay como una identidad mejor formada cada vez más. Se ha avanzado mucho aunque queda muchísimo por hacer. Hay que seguir dándole oportunidades a la gente joven, siempre que se lo merezcan.

Si hablo en primera persona lo veo mejor que antes, porque yo llegué a estudiar a Montevideo y había dictadura. Estamos transitando un buen camino, pero ahí también tiene que ver la región. Alguien dijo por ahí que si estornudan en Argentina o Brasil nos resfriamos en Uruguay. Hay que seguir buscando la excelencia, que es difícil, pero hay que seguir, y la responsabilidad no es del gobernante, del que está arriba, sino que es de todos. Yo me quedo con esa política, la política del día a día, la del respeto por el medio ambiente. Me recontra molesta cuando alguien va en el auto y baja la ventanilla para tirar un papel. Guardátelo o bajá del auto a tirarlo, esas cosas me hacen pensar que hay que seguir creando consciencia. Y educar, educación y más educación.

Admin Telescopio

Autor: Admin Telescopio

  • LEGAZKUE

    buena nota,buenas preguntas,interesante historia.Vasco Legazcue,Mvdeo