Jueves, 6 de julio de 2017

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María Julia Muñoz no reconocería la laicidad aunque le estuviera mordiendo el tobillo

El “Ministerio de la verdad” y la “Policía del Pensamiento” de la premonitoria novela “1984” de George Orwell, han mostrado su imagen espantosa en Salto.

Es una casualidad afortunada que quien haya protagonizado la alcaldada haya sido Mª Julia Muñoz, el rostro de la prepotencia, los malos modales y el más absoluto desconocimiento de los significados de “Educación” y “Cultura”, cuyo ministerio encabeza; sintetizando perfectamente la consideración que tiene por las instituciones de la República el Gobierno de la Coalición de las Izquierdas.

Mª Julia Muñoz, no tiene la menor idea de que significa “laicidad”; es más, estoy persuadido que no reconocería a la laicidad, aunque esta saliera de abajo de su cama y le mordiera los tobillos.

Ha afirmado procazmente “se ha violado la laicidad”, como podría haber dicho “huelo a pequeños burgueses”, o “esto es una actividad “contrarrevolucionaria””. Se ha limitado a agitar el espantajo ante las cámaras de televisión, con el doble propósito de ganar “presencia” y meter un poco de miedo.

En realidad es Muñoz quien tiene miedo. El estado de catástrofe de la cartera a su cargo por la intrascendencia de su gestión, que ni calmó la agitación sindical ni logró ninguna mejora en el desempeño educativo, le genera una gran angustia acerca de SU futuro, no ya político, sino salarial.

Cuando se enteró de la actividad de un grupo Pro-Vida, con la desesperación del ahogado que se aferra a la serpentina, invocando la “laicidad” pretende hacer con la Directora del IPOLL un sacrificio ritual, para consolidad el poder que no tiene, y garantizar su continuidad por lo menos hasta 2.020.

Mala idea; ella y el gobierno de la coalición de las izquierdas saben que están sentados sobre una mezcla explosiva de frustración,  desencanto, y enojo; y tratan de meter miedo haciendo gala de intolerancia, tratando de convencer que ellos pueden hacer lo que se le da la gana.

El fantasma de la rebelión ciudadana, (sin tiros, ni asonadas), les genera pavor; ven en Bengoa, Caloia, Lorenzo, y próximamente Sendic, los Gerentes de ANCAP, y (con mi aplauso caluroso), sus cómplices Amaro y Camy, marchando presos, el “aperitivo” de la derrota electoral.

Desde mi experiencia, afirmo que Salto no tiene miedo, ni a este ni a ningún gobierno. En plena dictadura el Comité Pro Universidad del Norte  y las fuerzas vivas le plantaron cara al gobierno de la época (casualmente al Ministro de Educación y Cultura), y lo hicieron recular en la decisión de cerrar la universidad.

Sería buena cosa que esta asonada de autoritarismo prepotente, ilegítimo y antiliberal fuera resistido denunciado y repudiado como merece. Los ciudadanos de Salto, sus instituciones, y sus organizaciones políticas tiene la palabra; confío que, como siempre ha ocurrido, se van a hacer oir.

Juan Modesto Llantada

Autor: Juan Modesto Llantada