Jueves, 17 de marzo de 2016

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Martha Montaner, una política de raza

El 9 de marzo la sonrisa y la alegría de Martha Montaner nos abandonaron.

Seguramente muchos la han visto públicamente o han oído hablar de ella. Pero, seguramente, no todos la conozcan como tuve la suerte de hacerlo. Justamente por ello quiero, a través de esta columna, compartir un sincero recuerdo sobre esa gran mujer que forma parte de lo mejor que he conocido en la vida política del país y del Partido Colorado.

Conocí a Martha de la mano de don Jaime Montaner, su adorado y admirado padre, cuando acompañado por ella iban a visitarme a la Dirección de Vialidad para preguntar por un camino, por un patio de una escuela, por un sorteo de peones, o lo que fuera, de su Tacuarembó natal. Siempre procurando el beneficio de los que lo necesitaban y que encontraban en la familia Montaner quien se ocupara de ellos.

Don Jaime y su señora, su hermano y su hermana, me recibieron en familia en su casa frente a la plaza principal de Tacuarembó donde un conjunto de amigos y amigas, de dirigentes o de visitantes ocasionales, desfilaban planteando temas de diversa naturaleza. Entrar a esa casa era para muchos, sentirse protegido y para nosotros era sentirnos divertidos y útiles, con todo lo que pasaba, con la alegría permanente de Martha, la prudencia de Susana, y las conversaciones de política,  de la vida y  las anécdotas de las recorridas, de los personajes y de las costumbres de la ciudad y de los pueblos del departamento.

Entendía la política de la forma más sana que se puede entender, la ayuda al prójimo. Lo sentía de corazón, pero además  lo sentía como obligación ética del ser republicano que puede ayudar al otro para que estribe en la oportunidad para poder, luego, bastarse a sí mismo creciendo personal y profesionalmente.

Mucha acción política en el territorio, con el apoyo del Chato su hermano, la custodia de Susana y la compañía del comisario, de Castellano, o de tantos otros seguidores, recorriendo los cuatro rumbos del departamento. Podíamos en un mismo día transitar desde la ciudad de Tacuarembó a Paso de los Toros, de San Gregorio a Ansina, pasar por Peralta o por Curtina y en cada lugar llevar la buena nueva de un logro o cargarse la carretilla de encargos para procesar, la semana siguiente, entre sesión y sesión de la Cámara. Poco escritorio y mucho menos burocracia.

Las lides de Martha eran con sus rivales, blancos y frentistas. Con los primeros indignada con la indiferencia en el poder municipal como si hubiera hijos y entenados en su departamento según fuera su pelo político. Con los segundos porque solamente abrevaban en las aguas de la desesperanza que trasmitían con lamentable éxito a la sociedad.

Martha recorrió el camino que muchas mujeres han ansiado y lo forjó ella sobre los cimientos de Don Jaime, con sus propios medios, creciendo siempre, en relieve y en ideales. Diputada múltiples veces, Senadora, primera mujer Secretaria General del Partido Colorado, profesional, madre de 3 hijos de los que estaba profundamente orgullosa, amiga de todos, rival de muchos, enemiga de nadie.

Compartí con Martha momentos muy gratos, recorridas infinitas, logros en escuelas, en liceos en organizaciones de jubilados, en obras sociales para los discapacitados, en los locales policiales para la violencia doméstica, al erigir el Hombre Universal de Alpuy en la plaza de San Gregorio o haber unido con pavimento Salto con Tacuarembó, en cumplimiento de un viejo anhelo geográfico.

De sus últimos tiempos fui testigo por nuestra común secretaria Patricia, que me mantenía al tanto de los avatares, de traspiés y de las expectativas. Me encontré hace poco con Martha al salir de la Casa del Partido Colorado, hace apenas unos meses, le dije que la seguía, ella que: Veremos! Nos saludamos con un beso, que sin saberlo, pero por sospecharlo, fue de despedida.

Acompañé a la familia Montaner cuando murió don Jaime y ahora me toca acompañar a Martha. Los dos supieron vivir como se debe. Cumplió con todo: con los hijos, con la familia, con el mandato de su querido padre que aunado a la simpatía de su madre hizo de Martha una caudilla. También cumplió ampliamente con su Partido Colorado, con su departamento, con su pueblo y con el sentido de la vida.

Dios la tenga en la gloria y todos nosotros seguiremos teniéndola en la memoria.

Lucio Cáceres

Autor: Lucio Cáceres

Ing. Civil, egresado de la Universidad de la República. Vicepresidente de la Academia Nacional de Ingeniería Asesor de empresas de construcción privada y de mantenimiento a partir de 2005. Asesor Regional en Infraestructura (ingeniería de infraestructuras, ingeniería del transporte, evaluación de proyectos, asociaciones público-privadas y concesiones). Realiza Evaluación económica de proyectos de inversión para OEA. Ha trabajado junto a UNOPS en proyectos de infraestructura (aeropuertos , puertos y carreteras), asesorando a gobiernos y los inversores institucionales. -Ministro de Transporte y Obras Públicas entre 1995-2005 -Director Nacional de Vialidad entre 1985-1989 -Profesor de la Universidad de la República , 1975-2010 , UM ( 2011 ) Y -Profesor del curso Máster de la Universidad de Piura, Perú ( 2012-2013 ) , -Consultor para el Banco Mundial, el BID , la CAF y los gobiernos de China, -Paraguay , Panamá , Argentina , Chile, Perú, El Salvador, Honduras y Colombia