Viernes, 25 de septiembre de 2015

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¿Más empresas públicas?

El domingo amanecimos con la noticia que el MTOP quiere crear un servicio descentralizado, en realidad transformar su Dirección de Arquitectura, en una empresa constructora para determinadas obras públicas. El martes el ex ministro de trabajo Brenta, lanzó la idea de crear una cooperativa para producir jabones y pastas de dientes a efectos de combatir la inflación. El primero de los emprendimientos sería financiado por rentas generales, en tanto que el segundo, supongo también, aunque de manera indirecta ya que usaría los recursos del FONDES, como Alas U y otros tantos.

Los argumentos esgrimidos son tan burdos y antiguos como probadamente fracasados. Hay ocasiones donde recurrir al contraejemplo resulta lo más rápido y sencillo para saber las consecuencias. Si observamos lo que ha pasado en los últimos años en ANCAP y todas su satélites, -alguna de las cuáles no tenemos noticia-, ANTEL, OSE, ANP y UTE, todas monopólicas, y los experimentos de cooperativas surgidas de empresas que cerraron en diversos ramos, entenderemos lo que pasaría en estos casos y concluiríamos que no debemos tomar ese camino. Si queremos mayor abundamiento podemos recurrir a nuestros padres y abuelos y preguntarles por SOYP, el Frigorífico Nacional, AMDET y algunos otros, o bien mirar lo que sucede hoy en algunos países donde el estado maneja estas cosas como Venezuela.

Es que lo que se propone como novedad, en otros ámbitos, ya se probó en el país y otros lugares del mundo, en todos los casos con idéntico resultado, ruinoso. A gran escala los países comunistas con la URSS a la cabeza –casi infinitos recursos naturales de donde financiar experimentos – lo practicaron. Su resultado, marginación, pobreza, atraso y la ruina de casi 3 generaciones y, como “aditivo”, la profundización de un régimen totalitario dictatorial a medida que la angustia económica aumentaba. Nada diferente a la Venezuela de hoy.

En Uruguay, siempre más moderados, el estado supo tener algunas empresas, si se les puede llamar de esa manera,  en “sectores estratégicos” (nadie sabe muy bien cómo se definen y por tanto son tan amplios como se los quiera), bajo los argumentos de entes testigos o claves en el desarrollo nacional. En determinado momento los recursos que consumían eran tan importantes que se fue deshaciendo de la mayoría de estas “empresas”, en realidad las fue cerrando, quedando muy pocas, entre las que hoy está Pluna Ente, ¿haciendo qué? y AFE, en eterno proyecto de transformación que implican crecientes subsidios años tras año. Por el resto, tenemos los monopolios citados que, desde el retorno de la democracia en 1985 y hasta 2004 procesaron un intenso proceso de mejora en su gestión con transformaciones administrativas (salvo OSE), reducción de personal, aumento de productividad e inversiones que, por mucho que se quieran tapar y tergiversar las cifras, fueron tan importantes pero con mejor resultado que las posteriores. Hoy, luego de ¿invertir? sin un análisis económico sensato tenemos el combustible más caro de la región y seguramente del mundo si tomamos su precio sin impuestos, agua carísima en comparación internacional, energía eléctrica y telecomunicaciones también caras. Ante esta realidad todo el verso de los “entes testigos” no resiste 30 segundos. Peor aún, uno de los argumentos esgrimidos para la empresa constructora fue que en el gobierno central no se pueden abonar horas extras y por tanto se precisa esa flexibilidad. Creo que nadie me aceptaría una apuesta donde juegue a la hipótesis que, de concretarse la iniciativa, las personas cobrarán más de extras que de salario y, con ello, hacer un baño en una escuela nos costará a todos bastante más caro de lo que hoy se paga.

La propuesta de los jabones y dentífricos entiendo se debe tomar como una humorada, no puede ser en serio. Además si es para combatir la inflación desde ya alguien del equipo económico deberá explicarle a su autor que la inflación es un fenómeno continuo, “de flujo”, un aumento generalizado y constante en los precios. Por lo que, aún en el caso imaginario que en un momento se logre una reducción de los precios, eso es por una sola vez, en todo caso un escalón sobre rubros insignificantes que pesan 0,65% en el IPC, que nada alterará, pero luego esos precios igual crecerán al son de sus costos. Recuerdo que hace pocos años se habló que la central sindical abriría almacenes en los barrios para luchar contra la suba de precios porque los grandes supermercados y, naturalmente los pequeños carniceros, almaceneros, verduleros y panaderos estaban “robando” a la gente con márgenes de utilidad increíbles. Al parecer la idea no prosperó.  Alguien con sentido común y sabedor en el arte de las cuentas habrá advertido del error o, quizás más fácil, los propios dirigentes aplicaron el método de la observación y constataron que esos pequeños comercios apenas dan para que sus dueños vivan sin grandes lujos.

Podría, muchos podrían, detallar un extenso razonamiento lógico, mostrar lo que la teoría ha desarrollado y la abundante base empírica para sostener la inconveniencia de volver a transitar ese camino. Nos dirían que es pura ideología, por eso la dejamos de lado y aplicamos meramente  sentido común.

Abrigo la esperanza que el Presidente de la República y el equipo económico, que conocen de estos temas, tengan la fuerza suficiente para evitar otro u otros grandes agujeros negros que todos terminamos pagando sea por impuestos votados por el parlamento o por el no votado, la inflación.

Isaac Alfie

Autor: Isaac Alfie

Economista (UdelaR, 1984). Contador Público (UdelaR, 1985). Profesor Titular de Economía y Finanzas Públicas en la Universidad de Montevideo. Dicta clases en postgrado de esta Universidad y la Universidad Católica. Profesor de Macroeconomía en la Universidad de la República. Conferencista nacional e internacional sobre políticas públicas y macroeconomía. Consultor de Organismos Internacionales (FMI, Banco Mundial y BID, entre otros). Asesor del Ministro de Economía y Finanzas 1991 - 1994. Director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas 1995 – 2003. Ministro de Economía y Finanzas 2003 – 2005. Gobernador por Uruguay del FMI 2002 – 2003 y del Banco Mundial y BID 2002 – 2005. Senador de la República 2005 –2010. Asesor y consultor de empresas en materia económica y financiera.

  • Graciela

    Debería prohibirseles tener ideas, nos hunden cada vez más profundo.