Viernes, 1 de junio de 2018

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Más que diez mochilas

Quien analice nuestro sector agropecuario en la actualidad, no podrá dejar de considerar el surgimiento del movimiento Un Solo Uruguay, inicialmente generado por productores “auto convocados” quienes reaccionaron ante la grave situación de la agropecuaria, la falta de respuestas y sensibilidad desde el gobierno.

La gota que derramó el vaso, fue la negativa por parte del Presidente Vázquez en otorgar una audiencia solicitada con urgencia por las gremiales agropecuarias, sobre fines del año pasado, ante la dura realidad sectorial.

El tradicional receso de fin de año y la quietud veraniega fueron sacudidos por un grupo de productores, prestadores de servicios agropecuarios, transportistas y comerciantes motivados por la indignación, quienes convocaron a una reunión en Paysandú a efectos de analizar la situación, reuniendo para su propia sorpresa casi 400 participantes.

Como reguero de pólvora, reflejando el sentir de buena parte de la población, se gesta un movimiento sin precedentes en nuestros tiempos, aglutinando a ciudadanos de los más diversos orígenes que sentían la necesidad de hacer algo para cambiar el rumbo.

Nace un colectivo multisectorial que por medio de las redes sociales generó, en pocos días, una Asamblea en Durazno, movilizando a decenas de miles de ciudadanos desde todo el territorio, quienes se manifestaron con singular entusiasmo, orden y respeto, reclamando medidas concretas que permitieran paliar la crítica situación de la agropecuaria, así como los efectos en la economía del interior.

Un solo Uruguay es un movimiento espontáneo, sin motivación político partidaria, multitudinario, que se organiza vía redes sociales y que cubre todo el territorio, superando ampliamente la capacidad de convocatoria de centenarias instituciones gremiales, sorprendidas por este fenómeno de movilización popular.

Su razón de existir es un largo proceso de deterioro del clima de negocios en la agropecuaria que han llevado a la pérdida de rentabilidad en toda la gama de los diversos rubros que la componen, la descapitalización generalizada, el endeudamiento y sus efectos en los demás sectores económicos por su gran peso relativo.

Las causas que llevaron a esta situación fueron bien explicitadas en la asamblea de Durazno por el Ing. Eduardo Blasina, al enumerar en su análisis lo que denominó  10 “mochilas” que carga el sector y que vale la pena enumerar:

Dólar barato, aumento de la presión inflacionaria , tarifas públicas, mal estado de las rutas, aumento salarial, desvalorización del precio de la tierra, endeudamiento, acceso a mercados, impuestos, finalizando con los perjuicios hacia el sector agropecuario.

Cada una de estas “mochilas” es merecedora de un extenso análisis y no sería posible abordarlas con profundidad en esta columna.

No obstante, creemos hay todavía razones adicionales que motivaron esta gran movilización y deberán ser consideradas por los distintos partidos políticos que inician la formulación de sus programas de gobierno, de cara a las elecciones generales del próximo año.

Se impone una discusión respecto a las debilidades de nuestro sistema productivo frente a los efectos del cambio climático. A la vista están las dificultades que enfrenta el sector agrícola en una nueva zafra de verano con gigantescas pérdidas que se deberán sumar a las ocurridas en las últimas campañas.

También un abordaje integral de los temas medioambientales que enfrenta la producción, el debido cuidado y preservación de los recursos naturales.

Pero, sobre todo, resolver la enorme falta de oportunidades que representa trabajar y vivir en el interior. La gran diferencia entre la capital y el resto del territorio en cuanto a servicios básicos que constitucionalmente debe proporcionar el Estado a todos los ciudadanos en materia de educación, salud, seguridad, infraestructura, comunicaciones, transporte, vivienda, o una descentralización que apenas se ha esbozado, pero que no ha impactado suficientemente para disminuir esta histórica brecha.

Claramente, estamos frente a un escenario donde falta mucho para saldar la enorme “deuda social” de la capital, donde se concentra el poder político y económico, con el interior.

Se hace difícil explicar estas diferencias mientras vivimos la más extensa etapa de expansión económica de la historia que beneficia a algunos sectores de la economía y, contradictoriamente, ve a la agropecuaria sumergirse en una profunda crisis.

No habrá prosperidad económica duradera en el Uruguay si el campo marcha mal. Así lo marca la historia.

Por ese motivo, se necesita enfrentar la situación con firmeza y liderazgo. El gobierno no tiene mucho margen de maniobra, debido a la delicada situación fiscal que enfrenta. Sin embargo, sería un gran error no tomar medidas de impacto que contribuyan a la recuperación del agro, permitiendo “ganar tiempo” hasta que la situación mejore.

Está claro que los problemas que enfrenta la producción primaria son mucho más de índole interno que provenientes del exterior

Si analizamos en profundidad  nuestras posibilidades comerciales, coincidiremos que existen oportunidades inmensas en el mercado externo, donde se registra una sostenida expansión de la demanda por nuestra producción.

Debemos enfrentar el corto plazo, permitiendo salir a los productores de esta difícil situación, muchos con serio riesgos de desaparecer, siendo menester encontrar los caminos que permitan levantar las barreras al desarrollo que internamente se han impuesto.

Los tiempos electorales que se avecinan representan la oportunidad de  discutir democráticamente, con visión de largo plazo, los grandes temas nacionales, siendo una instancia propicia para definir el futuro de nuestra agropecuaria, la suerte del país y de su gente.

Se impone sacarnos estas mochilas autoimpuestas.

Fernando Mattos

Autor: Fernando Mattos

Ingeniero Agrónomo egresado de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul- Brasil . Ex presidente de la Sociedad Criadores de Braford y Cebu del Uruguay. Ex miembro de ISEF International Stocksman Educational Foundation-Houston. Ex presidente de la Asociación Rural del Uruguay. Ex miembro de la Junta Directiva del INAC. Ex presidente de la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur. Ex Presidente de la Fundación Pro Cría Oriental de apoyo a pequeños productores. Productor rural en los departamentos de Tacuarembó y de Cerro Largo.