Miércoles, 14 de febrero de 2018

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Más que un cambio de año

De la forma menos esperada, desde una sociedad normalmente tranquila, surgió la reacción de hartazgo contra el abuso, la malversación de fondos, la mala gestión de la cosa pública, el despilfarro, la falta de ética, la demagogia y soberbia que tantos años de poder han conferido a nuestros gobernantes de turno.

A partir del deterioro continuo de los márgenes de rentabilidad de las distintas actividades del sector agropecuario, en la que la mayoría de los productores están en serias dificultades para equilibrar las cuentas de las empresas, al punto que se calcula una deuda agropecuaria con el sector financiero establecido, a lo que hay que agregarle todo lo adeudado al sector proveedor de insumos y servicios, superando el 85% del producto sectorial.

Como ya lo habíamos advertido en intervenciones anteriores desde este espacio, era fuerte el deterioro de la competitividad de nuestra economía, máxime cuando había quedado atrás el ciclo virtuoso del precio de los productos agropecuarios en el exterior que supieron alinearse casi todos en niveles record, disimulando por años las ineficiencias internas y el alto peso del Estado sobre la actividad privada.

Si bien es cierto que ya no están los valores de exportación registrados hasta hace algunos años, hay que hacer notar que no estamos en una situación de crisis de demanda ni de precios, pues la demanda externa sigue firme y a un nivel de venta por encima de la media histórica en la mayoría de los rubros exportables.

Lo que se refleja en la propia estadística oficial es que el sector agropecuario ha crecido a un ritmo mucho menor que el resto de la economía, en el periodo 2005/2016, presentando disparidad entre sectores como la forestación con un índice de crecimiento importante, la agricultura con desempeño moderado y una ganadería estancada.

Por otra parte, a efectos de hacer frente al creciente déficit fiscal que no se reduce, muy a pesar de las distintas etapas del ajuste fiscal que se ha aprobado en reiteradas leyes de “Rendición de cuentas”, crece la presión fiscal sobre el sector privado, solicitándole un esfuerzo adicional mientras sigue la expansión del gasto en la esfera pública.

Este panorama desalentador, llevó en forma conjunta  a las gremiales agropecuarias a solicitar, en el mes de noviembre pasado, una entrevista al Presidente Vázquez, a efectos de interiorizarlo de la situación, intentando al mismo tiempo desactivar un ajuste de tarifas que se avizoraba inminente y que solo contribuiría a empeorar la situación, alterando aún más el grado de enojo e insatisfacción que los productores transmitían a sus dirigentes.

La respuesta no pudo ser peor, demostrando una total falta de sensibilidad política, poco frecuente en Vázquez, pero que refleja su falta de apego para con el agro y su problemática, contestando que no los recibiría por “falta de agenda” y que si tenían algo a plantear que lo hicieran ante al Ministro (renunciante) Aguerre.

Para peor, intentando enmendar y eludir críticas, una serie de comunicaciones oficiales manifestaron que Vázquez recibiría a las gremiales en febrero o marzo, interpretándose que el agro es un sector de tercer orden de prioridad y no había motivo para alterar el receso de fin de año ni las vacaciones.

Todo este ninguneo, la fijación de un nuevo aumento en las tarifas  públicas a partir del primero de enero, las explicaciones de los voceros oficiales que intentaban demostrar que un aumento en realidad era una rebaja, parecen haber rebasado el vaso de la paciencia de muchos sectores de la sociedad, mucho más allá del  propio sector agropecuario que estaba en el centro de la escena.

Así es que desde la indignación, un grupo de productores de Paysandú, vía WhatsApp,  inician un intercambio de mensajes originando el primer grupo que, luego de varios intercambios de ideas, deciden realizar una reunión sorprendiendo hasta a los propios convocantes al reunir a más de 400 participantes, de los más diversos sectores de actividad.

En pleno mes de enero, mientras el principal foco de atención es la temporada turística y medio país se encuentra de licencia, las redes sociales explotaron, generando una infinidad de grupos de personas que compartían los postulados planteados de mejorar la competitividad de la economía, bajar el combustible y la luz, reducir la carga tributaria, mejorar la infraestructura, bajar el gasto público por diversa vías.

Así surgen los “autoconvocados”, productores y empresarios que se organizaron en forma espontánea, impulsados a dejar sus actividades cotidianas y obligados a organizarse por un instinto de supervivencia , buscando revertir el clima generalizado de dificultad y desesperanza que embarga a mucha gente indignada por el rumbo que tiene nuestro Uruguay y la necesidad de un cambio.

Al ver arder la pradera, rápidamente diversos voceros del gobierno, intentaron salir al cruce de este movimiento con la tradicional táctica de la descalificación.

Diversa vías fueron utilizadas, aseverando que detrás había un móvil político, que al pedirse un recorte del gasto público, se recortaría el “gasto social”, que se buscaba desestabilizar el gobierno, que se pedía un dólar a 36 pesos como  algún infiltrado pregonó sin éxito como proclama por las redes sociales. Que si bien se reconocían las dificultades del sector, por primera vez,  estas no eran generalizadas, dependían del sector específico y que los grandes propietarios no se podían comparar con los pequeños productores.

Se introdujo el tema de la renta de la tierra, como táctica de enfrentamiento entre propietarios y arrendatarios cuando es un mercado más como otros que se rige por la oferta y la demanda, más allá de la concepción ideológica de los sectores mayoritarios del partido de gobierno que entienden que la propiedad de la tierra es “distinta”.

Varios de estos temas de por si merecerían el espacio de una columna para analizarlos con profundidad, pero no queremos perder el foco de este análisis.

Lo cierto es que hemos visto como uno a uno de estos intentos de descalificación ha tenido nulo efecto, por el contrario, ha puesto más nafta en la hoguera.

Con el impulso ya de un incendio de vastas proporciones, se extiende a lo largo del país un clamor generalizado, en respuesta a una convocatoria para una asamblea, en Durazno el 23 de enero.

Allí acudimos, al igual que miles de productores de los más diversos rubros, de todas las regiones del país, convocando asimismo a representantes y empresarios de otros rubros que sentían el deseo de manifestar un “basta” a tanto despilfarro, soberbia, falta de competitividad, empuñando la bandera uruguaya, en una demostración de alto nivel de civismo, tolerancia y espíritu democrático.

Ni un insulto hacia nadie, ningún agravio, cantando el himno nacional con orgullo, vivando al país con el entusiasmo contagioso de la multitud y de las distintas alocuciones que bien interpretaron el sentir de tantos que clamamos por un cambio, rescatando muchos de los valores que nos hicieron grande como país.

Fue fantástico ver a decenas de miles de uruguayos convocados por redes sociales en menos de quince días, acudiendo con fervor y entusiasmo a una asamblea, al rayo del sol de enero, sin saber quiénes eran los voceros, mucho menos lo que se iba a proclamar pero con la convicción de que algo distinto se preparaba.

Fue muy curioso ver a políticos de diversos partidos, a dirigentes rurales de las principales gremiales como uno más, en el llano, escuchando con respeto la manifestación y el sentir de un país, pero asumiendo también parte de la factura que se les pasaba como mensaje en la asamblea.

Lo cierto es que surge algo nuevo en materia de representación y es que detrás hay una multitud. Lo que hace distinto a este movimiento ahora llamado #Un solo Uruguay es que, si bien no cuenta aún con una estructura institucional tradicional, tiene algo que las demás no tienen que es real apoyo masivo de una parcela importante de la población y que trasciende a la agropecuaria,  abarcando a diversos sectores.

Esto ya ha sido captado por el Gobierno que los ha incorporado a la mesa de negociación sectorial que busca soluciones para el agro, luego de una inicial exclusión.

La gran virtud de este movimiento sería, además de participar en la mesa de negociaciones de “paliativos” para el sector, dentro del escaso margen con el que cuenta este gobierno, haciendo menos penoso el corto plazo,  colocar arriba de la mesa de discusión los grandes temas que necesita resolver el país, y que hasta ahora la clase política no se ha animado a encarar con profundidad, por el costo político que ello implica.

Discutir seriamente la reforma del Estado, la necesidad de una regla fiscal, la reforma de la educación, la definición de Políticas de Estado en cuanto a la inserción internacional , la seguridad pública, la seguridad y el gasto social, las autonomías departamentales, el combate a la pobreza.

Esta debería ser una agenda de un movimiento no político con gran respaldo popular que apunta a tornar al Uruguay un país viable, moderno, mirando al futuro con esperanza y optimismo, contribuyendo así a una gran discusión nacional de fundamental interés, comprometiendo a los partidos políticos a dar el debate en las campañas elctorales que se avecinan.

Sería una enorme contribución, después de años en la que las mayorías ensoberbecidas y una oposición amilanada han determinado un escaso debate de los grandes temas nacionales.

Mientras el mundo avanza, Uruguay ve pasar el futuro sin saber resolverlo, o peor, sin dar discusión.

Los uruguayos queremos cambiar.

Fernando Mattos

Autor: Fernando Mattos

Ingeniero Agrónomo egresado de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul- Brasil . Ex presidente de la Sociedad Criadores de Braford y Cebu del Uruguay. Ex miembro de ISEF International Stocksman Educational Foundation-Houston. Ex presidente de la Asociación Rural del Uruguay. Ex miembro de la Junta Directiva del INAC. Ex presidente de la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur. Ex Presidente de la Fundación Pro Cría Oriental de apoyo a pequeños productores. Productor rural en los departamentos de Tacuarembó y de Cerro Largo.