Viernes, 30 de septiembre de 2016

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¿Morirá el sindicalismo en la Sociedad de la Información?

En un artículo escrito por el Ing. Grompone con relación al rechazo a Uber se formulaban un par de reflexiones muy provocadoras, a saber[1]:

“Los trabajadores de Uber son independientes, dueños de sus medios de producción (el taxi), de sus horarios y días de trabajo. Deben cumplir con las leyes de cada país, pagar sus impuestos y planearse su propia seguridad social. En una palabra, no son asalariados sino algo muy diferente que crea todos los días la Sociedad de la Información.”

“Los trabajadores de Uber serían trabajadores precarios. Ésta es la objeción más curiosa. Según esta idea, todo trabajador independiente -el profesional liberal, el plomero, el artista, el pequeño empresario, etc.- serían “precarios”. Lo que sucede, como una vez oí decir en un seminario sobre el trabajo en Sociedad de la Información, es que “los sindicatos son los principales defensores del capitalismo”, sólo conciben que existan trabajadores asalariados. Mal pueden pensar en una sociedad nueva.”

Tal como dice Gomprone en ese mismo artículo, asalariado es aquel que recibe un sueldo y como contrapartida “vende” su tiempo. Es el patrón quien decide usarlo y para ello existe lo que se llama la “relación de dependencia”, que ha sido la columna vertebral del derecho laboral desde que este existe.

Las empresas han sido las unidades económicas básicas que han conformado a la sociedad occidental y los principales empleadores, junto con el Estado. De la mano de las empresas se han desarrollado los sindicatos de trabajadores. Su razón de ser difiere de acuerdo a las concepciones ideológicas. Para unos es la organización que se da la clase trabajadora para defender sus intereses frente a la clase dominante. Para otros, más prácticos, es la forma de mejorar la capacidad de negociación de los trabajadores frente a sus empleadores.

Históricamente el movimiento sindical más ideológicamente ortodoxo aspiraba a la desaparición del capitalismo, el cual sería sustituido por alguna variante de las economías centrales planificadas que existían en la Unión Soviética y sus aliados. Luego de la caída del muro de Berlín esa opción no fue tan popular y pasó a estar más de moda las soluciones autogestionarias. Voces sindicales que reclaman soluciones de alguno de estos dos tipos pueden escucharse cada tanto en Uruguay.

El nuevo milenio ha venido de la mano de un acelerado cambio en la forma de organización económica. El progreso de las tecnologías de la información ha llevado a un incremento exponencial de la cantidad de información disponible y de su accesibilidad a través de internet. Al mismo tiempo cada persona ha pasado a utilizar de forma casi permanente una computadora personal, que ahora se llama Smartphone[2]. El resultado final es que las posibilidades de coordinación de las actividades económicas de las personas se han potenciado enormemente, lo que lleva a cuestionar la utilidad de las empresas como vía más eficaz y eficiente de llevarlas adelante.

Veamos un ejemplo. ¿Por qué las personas iban a hoteles con una marca reconocida? Porque quieren determinadas certezas que entendían estaban reflejadas en lo que esa marca transmitía (limpieza, servicio, modernidad, etc.). El primer golpe a esta forma de organización la recibieron de empresas de internet de reserva de hoteles (Expedia, Despegar.com, Booking.com, Hoteles.com y ahora, consolidando todo, Trivago.com). Ahora los consumidores dependen cada vez menos de las marcas porque pueden ver las fotos del hotel, pero sobre todo, pueden leer las opiniones y calificaciones de personas que ya han estado alojados en los mismos. El poder de la marca basada en esos atributos va en descenso. Pero el golpe más reciente y más fuerte ha sido la irrupción de Airbnb y empresas similares, que vuelven recursos ociosos (habitaciones, apartamentos y casas disponibles) en oferta de alojamiento, brindando la información que los consumidores necesitan para no tener sorpresas y la agilidad para la contratación. Ya no se necesitan hoteles… y tampoco empleados de los hoteles.

Este proceso puede ser explicado en términos de lo que autores como Ronald Coase o Oliver Williamson han descrito como los fundamentos de la existencia de empresas, así como los determinantes de su tamaño. Para Coase[3] el mercado y la empresa son los dos mecanismos básicos de coordinación económica de la producción. Coase introduce el concepto de costo de transacción, que es el costo de realizar transacciones por medio del mercado. Cuanto más imperfecto sea el mercado, mayores serán esos costos. Cuanto mayores los costos de transacción, más conveniente será optar por la vía de las empresas. A su vez, las empresas crecerán en tamaño hasta el punto en que las rigideces burocráticas aumenten tanto que neutralicen sus ventajas. La respuesta de Coase entonces es que la empresa es explicada por el mercado, o más bien, por los defectos del mercado. Entre los aportes de Williamson se destaca el rol que el oportunismo y la racionalidad limitada tienen en la ventaja que la organización jerárquica propia de la empresa tiene con relación al mercado[4]. El oportunismo es definido por Williamson como la “revelación incompleta o distorsionada de la información, especialmente a los esfuerzos premeditados para equivocar, distorsionar, ocultar, ofuscar o confundir de otro modo”[5]. La racionalidad limitada es el conjunto de limitaciones que tienen los agentes económicos para formular y resolver problemas complejos, así como en el procesamiento (recepción, almacenamiento, recuperación, transmisión) de información. En el enfoque de Williamson la conclusión es la misma: hay situaciones en las cuales el mercado es superado por la empresa para lidiar con el fenómeno del oportunismo y la racionalidad limitada.

El progreso y difusión de las tecnologías de la información, así como el surgimiento de nuevos modelos de negocios que se apoyan en las mismas, han generado mecanismos a través de los cuales el funcionamiento de los mercados ha mejorado dramáticamente su desempeño. Empresas como Uber o Airbnb han reducido los costos de transacción de tal forma que han permitido que activos ociosos (autos en el garaje y dueños con tiempo libre, habitaciones o casas desocupadas) puedan transformarse en activos productivos. Sistemas de reputación eliminan las asimetrías de información y neutralizan comportamientos oportunistas. En Uber, por ejemplo, clientes y choferes se califican mutuamente, disuadiendo de comportamientos que tendrán consecuencias en el futuro inmediato. Programas sofisticados apoyan el procesamiento de la información al cliente, facilitando la toma de decisiones extremadamente complejas sobre bases estrictamente racionales. A vía de ejemplo, Trivago es un buscador de buscadores, que permite al consumidor la comparación de todas las ofertas de la enorme mayoría de los sistemas de contratación online de hoteles.

Estos y otros cambios provocados por el avance de las TI  llevan a cambios en la estructura de las empresas y de las personas que emplean. El progreso de la capacidad de procesamiento y los avances en materia de inteligencia artificial lleva a que cada vez más tareas puedan ser robotizadas o automatizadas. La palabra clave es “trabajo rutinario”, lo que quiere decir que existe un lista taxativa de situaciones –no importa cuán extensa sea- a la que se verá enfrentado el trabajador al momento de decidir y una decisión inequívoca asociada a cada una de ellas. Los progresos en materia de inteligencia artificial permitirán avanzar sobre las que no son rutinarias. En el informe “The future of employment”[6], elaborado por los profesores Carl Benedikt y Michael A. Osborne, de la Universidad de Oxford, estiman que el 47% del empleo total está en situación de riesgo, “ya que muchas de sus ocupaciones son susceptibles de ser automatizadas en una o dos décadas”. Por otra parte la empresa deja de tener ventaja para la realización interna de tareas que los progresos en TI permiten un mejor desempeño al mercado. Ambas tendencias conducen a un cambio en la estructura del empleo, donde lo que se busca es la generación de sinergias en la organización. Ello lleva a un perfil de empleados altamente calificados, proactivos, emprendedores y con fuertes capacidades sociales. ¿Habrá sindicatos en organizaciones así? Es difícil hacer pronósticos, pero podemos procurar analizar aquellos casos de empresas que parecen ser representativas de ese futuro.

En el caso de Uber nos encontramos que se trata de una plataforma que sostiene simplemente intermedia entre consumidores y conductores. La empresa sostiene que no existe una relación de dependencia de los conductores con ellos, dado que cada conductor decide cuándo y dónde trabajar, elige a sus clientes y aporta sus medios de producción (el vehículo). Parecería un buen ejemplo de los procesos a los que hemos hecho referencia. Los avances de internet, la difusión de los smartphones y de aplicaciones sofisticadas permiten pasar de empresas (compañías de taxis) a soluciones de mercado para atender el transporte privado. Ahora bien, el conductor de Uber no es libre de hacer lo que quiere. Si los consumidores le asignan una calificación que baja de 4.2 en 5 es excluido del sistema, lo que puede ser catalogado de un equivalente al despido. Si no acepta viajes o sus períodos de trabajo son reducidos es penalizado –o no es premiado-. En la práctica, ya se están dando casos de conductores de Uber que se sindicalizan[7] .

¿Es de igual naturaleza una huelga de trabajadores que un boicot de socios-conductores de Uber? La cuestión pasa, por un lado, por cuáles son los requisitos para que un sindicato sea viable. El primero de ellos es que exista quien detente el capital y a quien se reclame una renuncia parcial de su renta para beneficio de la masa salarial. Uber sostendrá que el capital es el vehículo, que es propiedad de quien está reclamando. Otra visión es que el verdadero capital en juego no es el físico, sino el capital intelectual que Uber posee. Un segundo argumento es que los trabajadores sean lo suficientemente homogéneos como para que sea posible formular un conjunto razonablemente acotado de reivindicaciones salariales que contemplen las inquietudes de la mayoría de los trabajadores. Eso es incuestionablemente posible en el caso de Uber (bajar la comisión que cobra, aumentar los premios). En contraste, estos requisitos no se cumplen en la típica empresa de desarrollo de software, razón por la cual no existen sindicatos en ese sector. El típico trabajador del sector posee el capital más sustancial: sus conocimientos y habilidades. Por otra parte la heterogeneidad de situaciones es muy grande.

Uber parece un modelo de transición y da la impresión que la propia Uber así lo ve. Como ha dicho el CEO de UBER, Kalanick, “Si Uber podría resultar caro es porque no solo estás pagando por el coche, sino también por la otra persona que va en él”[8]. En febrero de 2015 Uber realizó un acuerdo con la Universidad Carnegie Mellon de Estados Unidos con un objetivo muy claro: desarrollar taxis autónomos, fruto del cual se creó el Centro Uber de Tecnologías avanzadas de Pittsburgh. La compañía reclutó cientos de trabajadores para este centro, a lo que agregó la adquisición de la empresa tecnológica Otto en agosto de este año por 680 millones de dólares. Otto era una startup que estaba fabricando un camión sin conductor, con 91 empleados en el momento de la adquisición. Ahora, un año y medio después del arranque, Uber ya está lanzando un servicio de alquiler de coches autónomos, el segundo en el mundo[9]. Se trata de una pequeña flota de cuatro vehículos Ford Fusion dotados con tecnología láser, cámaras y otro tipo de sensores. El servicio se ofrecerá a aquellos usuarios de Uber de la ciudad de Pittsburgh que estén dispuestos a usar este tipo de vehículos, cuyo número se ampliará mucho a la brevedad. En un primer momento, los pasajeros no estarán solos a bordo, ya que un técnico se sentará en la plaza del conductor sin tocar el volante. Además, en el vehículo también viajará un segundo técnico. La empresa espera que en poco tiempo, sólo sea necesario un técnico. El objetivo de la empresa es lograr vehículos totalmente autónomos en un breve plazo, lo que depende no sólo de la mejora de su tecnología sino también del cambio de la regulación para este tipo de vehículos en Estados Unidos[10].

Si esta evolución de Uber es representativa de lo que sucederá en otros sectores encontramos que el progreso tecnológica favorece el funcionamiento de los mercados, cuestionando la razón de ser de las empresas basadas en los costos de transacción. Esto puede derivar en una atomización de los sectores en muy pequeñas unidades productivas o puede llevar a un nuevo modelo de empresa, en donde las escalas en materia de investigación y desarrollo pasan a tener un papel crucial. En el primero de los casos los sindicatos desaparecen porque desaparece la empresa, en el segundo porque lo que desaparece es la tarea original –sustituida por nuevas actividades intensivas en conocimiento- y con ella el trabajador que la realizaba. Los trabajadores del taxi se sindicalizan, los conductores de Uber puede que piensen en hacerlo, pero los técnicos que diseñan las tecnologías que los sustituirán probablemente no vean utilidad en hacerlo.

 


 

[1] “El capitalismo y los asalariados”, Juan Grompone, Semanario Voces, 19/11/2015, http://www.voces. com.uy/articulos-1/elcapitalismoylosasalariadosporjuangrompone
[2]     Si a los dispositivos electrónicos los denominamos a partir de su función principal y la forma en que se utiliza, el smartphone es una computadora antes que un teléfono.
[3]     Coase, R. H. (1937). The nature of the firm. economica, 4(16), 386-405.
[4]     Williamson, O. E. (1985). The economic institutions of capitalism. Simon and Schuster.
[5]     Idem 4.
[6]     “The future of employment: how susceptible are jobs to computerisation?”, Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne, 17/09/2013. http://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/ The_Future_of_Employment.pdf
[7]     “Conductores de Uber se sindicalizan en Seattle”, Comunidad Vial MX, 16/12/2015, http://www. comunidadvialmx.org/articulos/2015-12-16-conductores-de-uber-se-sindicalizan-en-seattle
[8]     “Prueban en ciudad a los primeros ‘taxis-robot’ de conducción automática mientras Uber avanza en lo mismo en EE.UU.”, www.lr21.com.uy, 07/03/2016,  http://www.lr21.com.uy/tecnologia/1279490-robot-taxi-japon-uber-eeuu-conduccion-automatica
[9]     La empresa de Singapur, nuTonomy, los superó a finales de agosto cuando puso seis vehículos autónomos en las calles, sólo que el área donde los pusieron a circular es muy limitada
[10]    La regulación permite la circulación de este tipo de vehículos siempre y cuando haya una persona detrás del volante.

Leonardo Veiga

Autor: Leonardo Veiga

Contador Público, Universidad de la República; Licenciado en Administración, Universidad de la República; Master en Dirección y Administración de Empresas, IEEM; CPCL, Harvard Business School, EE.UU., PhD Universidad de Navarra. Es profesor de Gestión de la Innovación (IEEM/UM) y de Política Económica Internacional (IEEM/UM), de Administración General (FCEE/UM) y de Prácticas Desleales de Comercio y Defensa Comercial (CEA/ADAU). Fue consultor del Programa Nacional de Desburocratización (PRONADE), del Plan de Desregulación del Comercio Exterior y las Inversiones (PLADES), miembro del Board del Global Entrepreneurship Monitor, Director del MBA del IEEM/UM y Coordinador de la carrera de Contador Público en la FCCEE/UM.