Viernes, 7 de octubre de 2016

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Mucho más que un problema de aprendizaje

Unos días atrás, el Profesor Robert Silva, invitado por el Ateneo Libre, expuso acerca la situación de la educación. Es evidente su entusiasmo y optimismo por el tema, pese a lo cual su aséptica palestra me dejó más preocupado que cuando me dispuse a escucharla. El “alma docente” y su actitud que es posible una mejora relativamente rápida, no pudo ocultar el drama que describía

Así, el Prof. Silva mostró lo que entiende como dificultades básicas, entre las que me permito resaltar la baja valoración social de la educación, especialmente en ciertos contextos y la falta de pertinencia de la educación impartida. Ambas cosas son exactamente lo contrario a lo que sentíamos cuando de niños y adolescentes concurríamos a los centros de enseñanza. Otra debilidad es el problema en la formación inicial docente.

Con este marco, luego las cifras presentadas no pueden sorprender. En general todas son conocidas, deterioro en las pruebas internacionales y no solamente en las conocidas PISA, sino en otras menos “populares” que se hacen a nivel del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación, organismo insospechado de imperialista. Ver los números crudos donde más el 56% de los muchachos no pasa el umbral mínimo de conocimiento en matemáticas, y 47% tampoco lo hace en lengua y ciencia en un país que supo ser vanguardia en la materia no dudo de calificarlo como terrible.

Dentro de lo anterior, la caída del puntaje absoluto en las pruebas (en términos relativos ya perdimos el primer lugar de la región) es llamativo no sólo por el retroceso que implica, sino porque en general eso no le pasa a ningún país.

A tal punto llegan las cosas que México, con todos los problemas que tiene ese país y una población mucho más grande, diversa, dispersa y sin una apoyatura de la generación de padres y abuelos, obtiene más puntaje que nosotros en matemática, al tiempo que Brasil, con background parecido, achica la distancia a pocos puntos, cuando 10 años atrás estaba 20% por debajo.

La agudización de la fractura social es desesperante. En 2003 el 50% de los estudiantes de la enseñanza pública y el 16,7% de los de la privada no llegaba a los niveles mínimos en matemáticas, en 2012 (la última prueba conocida) los primeros son el 62% y los segundos el 17.4%. Es claro que unos decididamente empeoraron y los otros “estadísticamente” se estancaron. Treinta años atrás estoy seguro que en el mejor de los casos no había diferencias entre unos y otros. Lo peor es que como la competencia funciona también entre los estudiantes y los mejores de alguna manera arrastran al resto, se está en un círculo perversos que se retroalimenta.

En cuanto al rendimiento global, en los hogares de contexto muy desfavorable el 89% de los muchachos no llega al umbral en matemáticas, 81% no lo hace en Lengua y 78% en Ciencias. Su contracara, los hogares de contexto muy favorable, donde los respectivos porcentajes son 13, 8 y 10%. Es demasiado grande la diferencia.

En buen romance la mitad de los muchachos tienen habilidades, aunque sea mínimas (en los niveles de excelencia no llegamos al 3% del total), para trabajar y enfrentar la vida y la otra mitad no podrá integrarse a un trabajo decoroso. En un país donde las cohortes son de unas 50.000 personas, la falta de masa crítica para el desarrollo debe atenderse.

En cuanto a los recursos financieros con que cuenta la ANEP, éstos se duplicaron entre 1985 y 2004 y, vuelto a duplicar entre dicho año y el presente 2016. El alumnado creció 31% en el primer período y cayó 6% en el segundo.

Para finalizar con las cifras, una que muestra cabalmente el “estado decadente de nuestra sociedad”, de los jóvenes pertenecientes a los hogares del 20% de mayores ingresos de nuestra población, el quintil más rico, apenas el 72% terminaron los dos ciclos de liceo a las 21 – 22 años. En los países que progresaron y progresan (Corea, Finlandia, Hong Kong, China Continental, Japón, etc.), en el entorno del 96% (y siempre por encima del 90%) de todos los alumnos culminan ese ciclo.  O sea, las personas de más posibilidades y recursos de nuestra población no ven en la educación un valor. Es éste el drama mayor que no se arregla con dinero. Cuando se va al total de los jóvenes, apenas un 37,5% de ellos culmina ambos ciclos de liceo, logrando “el pasaporte para la vida” en la sociedad de estos tiempos. Hace un siglo, cuando José Batlle y Ordóñez promovía los liceos departamentales y Pedro Figari se inclinaba por la enseñanza técnica, ambos estaban un paso delante de su tiempo porque en aquella sociedad “el pasaporte a la modernidad” era culminar la escuela.

Algo grave pasó y no le prestamos la suficiente atención, pero la solución claramente no está sólo en recursos.  Culturalmente hay que revitalizar el valor del trabajo y estudio de lo contrario, mejor cerrar cuanto antes. El gobierno y todos los actores políticos son muy importante en la tarea y se empieza por las declaraciones públicas, la forma de hablar y el respeto por la investidura, las personas y las formas.

Isaac Alfie

Autor: Isaac Alfie

Economista (UdelaR, 1984). Contador Público (UdelaR, 1985). Profesor Titular de Economía y Finanzas Públicas en la Universidad de Montevideo. Dicta clases en postgrado de esta Universidad y la Universidad Católica. Profesor de Macroeconomía en la Universidad de la República. Conferencista nacional e internacional sobre políticas públicas y macroeconomía. Consultor de Organismos Internacionales (FMI, Banco Mundial y BID, entre otros). Asesor del Ministro de Economía y Finanzas 1991 - 1994. Director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas 1995 – 2003. Ministro de Economía y Finanzas 2003 – 2005. Gobernador por Uruguay del FMI 2002 – 2003 y del Banco Mundial y BID 2002 – 2005. Senador de la República 2005 –2010. Asesor y consultor de empresas en materia económica y financiera.