Miércoles, 26 de agosto de 2015

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No dejemos pasar más trenes

Una lectura atenta de la historia reciente del Uruguay (últimos 50 años) puede permitirnos descubrir algunas de las razones que han demorado y obstaculizado el acceso a mayores niveles de desarrollo económico y social.

Hace más de 45 años la izquierda cuestionaba el derecho de propiedad y promovía la reforma agraria; la nacionalización de la banca y del comercio exterior. Desde una perspectiva de la “lucha de clases”, cuestionaba las libertades burguesas, el sistema jurídico, la inversión extranjera y la vinculación con organismos multilaterales de crédito.

Recuperada la democracia, algunos sectores de ella comenzaron a bajar algunas de sus banderas. Pero en general se siguió cuestionando la apertura de la economía, el funcionamiento del libre mercado, las reglas para alcanzar la estabilidad macroeconómica. Se siguió desconfiando de la iniciativa privada (ni que hablar del inversor extranjero, que seguía siendo  un “pirata”).

Caído el muro de Berlín (1989), la izquierda moderada uruguaya aceleró su “actualización ideológica”. Argumentó que el mundo había cambiado y que debían adaptarse a la nueva realidad. Y es verdad. El mundo había cambiado. Se habían abandonado las fracasadas experiencias socialistas y comunistas. Incluso China, detrás de su muralla,  luego de la recordada Tiananmén (1989), sorprendió al mundo con una apertura económica que mejoró para siempre la vida de centenas de millones de personas.

En Uruguay, desde 1985, a pesar de un contexto externo y regional muchas veces desfavorable, los gobiernos de los partidos tradicionales procesaron reformas y acciones sustantivas (muchas a pesar de ser resistidas por la izquierda). Hoy estas son  pilares que sostienen, impulsan y diferencian al Uruguay. tweet

Repasemos algunas reformas y acciones: electrificación rural, políticas de desarrollo de la cuenca lechera y arrocera, construcción y mantenimiento de carreteras y caminos, ley forestal (1988),  ley de zonas francas (1988), ley de puertos (1992), reforma de la seguridad social (1995), marco general energético (1997) y durante el gobierno 1995-2000 la reforma educativa liderada por Germán Rama (primero criticada, luego desmantelada y hoy revalorizada en varios aspectos).

Sin vientos de cola (y con períodos de vientos de frente) se logró crecer (3.5% anual entre 1984 y 1999). tweet

Luego el viento se puso definitivamente de frente y sobrevino la crisis. En el peor momento de la crisis del 2002, desde el FMI y desde la cúpula del Frente Amplio se reclamó el “default”. La izquierda criticaba además la instalación de las plantas de celulosa, los acuerdos de inversiones y  de libre comercio, etc.

Pero el gobierno del Partido Colorado (con apoyo del Partido Nacional y más discretamente de algunos de los sectores moderado del Frente Amplio) conquistó un acuerdo voluntario de restructuración de la deuda que recuperó la confianza y catapultó al Uruguay en el mundo como un país serio y cumplidor. tweet

En estos años difíciles se siguieron procesando reformas y acciones sustantivas: Tratado de Inversiones con Estados Unidos, Finlandia y México, TLC con México (con el visto bueno del Mercosur), concesión a privados del Aeropuerto de Carrasco, captación y marco para la instalación de la fábrica de celulosa de Botnia, negociación e instalación del Instituto Pasteur en Uruguay.  La reforma de la DGI quedó diseñada y redactada en 2004 esperó el visto bueno del nuevo gobierno.

Y fue así que el gobierno electo del FA al asumir en  el año 2005, recibió un país en crecimiento (producción, salario y empleo), con cuentas públicas casi equilibradas (déficit 2005 = 0,4% del PBI) e inflación bajo control (5,66% anual a febrero de 2005 y con tendencia a la baja). Todo esto fue reconocido y resaltado por el gobierno entrante del FA al elaborar en 2005 el  informe económico-financiero de la Rendición de Cuentas 2004.

El Frente Amplio esperó asumir el Gobierno para bajar otras banderas. Inmediatamente se pasó a defender el proyecto Botnia “con uñas y dientes” y no se innovó en materia económica (ambas conductas demostraron al mundo que Uruguay era un buen lugar para invertir independientemente del signo del gobierno de turno). En un jugoso reportaje a Búsqueda, el economista Mario Bergara dio a entender que recién con el FA en el gobierno estaban dadas las garantías personales y morales para procesar algunos cambios (que antes se resistían).

Sin embargo, la persistencia de dogmas, prejuicios e intereses corporativos terminaron trancando nuevas reformas. tweet

Desde el año 2004 se dio un escenario externo inmejorable (que no se veía desde principios del siglo pasado). Los precios de las  materias primas comenzaron a subir y terminaron alcanzando niveles inéditos (China se estaba convirtiendo también en la locomotora del mundo). Como consecuencia, las exportaciones de bienes se multiplicaron por algo más de 3  (en dólares corrientes en un plazo de 10 años).

Como si esto fuera poco, la prolongada crisis económica y financiera en los países desarrollados terminó jugando a favor. En efecto, un largo período de tasas de interés a niveles mínimos históricos (que aún perdura), provocó un fuerte migración de capitales a las economías de los países emergentes (buscando mejores oportunidades de inversión).

Favoreció el mayor crecimiento uruguayo: la fácil recuperación  de los niveles perdidos durante la crisis financiera del año 2002 (luego de recuperada la confianza), el mayor grado de apertura de su economía (con respecto a su más cerrados vecinos,  permitió aprovechar la bonanza externa) y la seguidilla de malas políticas tomadas por los gobiernos kirchneristas.

Todo esto viabilizó un crecimiento extraordinario de la producción, el empleo y los salarios y permitió impulsar desde el gobierno mejoras salariales extraordinarias  para algunos sectores. tweet

Durante el primer gobierno del FA, se dejó pasar la oportunidad histórica de firmar un TLC con Estados Unidos (mientras el Presidente Tabaré Vázquez advertía que pasaba el último tren). Pudo más el temor a la reacción de los sindicatos y de algunos sectores de la coalición gobernante.

En materia institucional, se cedió poder de gobierno (en la enseñanza y en la salud)  a los sindicatos, resignando así un espacio necesario para impulsar reformas y mejorar la gestión. tweet

El país creció, pero no se desarrolló. Se aumentó el gasto público pero se obtuvieron peores resultados (especialmente en materia de seguridad y educación). Aumentó el empleo, los ingresos y bajó la pobreza y la indigencia. Se avanzó en materia de acceso algunos derechos (que hacen a una mayor igualdad). Se implementó un proyecto innovador como el Plan Ceibal que fue ejemplo en el mundo, pero no se capacitó a maestros ni profesores y en secundaria se bajaron horas de computación e inglés. Se procesó una reforma tributaria y una reforma de la salud (que mejoró acceso a la salud privada sin consolidar los equilibrios financieros ni calidad de atención del sistema).

Entre 2010 y 2014, el Frente Amplio tuvo su segunda oportunidad. En un discurso que entusiasmó a la mayoría de los uruguayos, el presidente electo José Mujca prometió: educación, educación y educación; seguridad para la vida cotidiana, infraestructura; avances en la matriz energética; macroeconomía prolija. Remató diciendo “seremos serios en la administración del gasto”. Afirmó el Uruguay “había postergado demasiado la discusión franca sobre el Estado, sobre los recursos que consume y sobre la calidad de los recursos que presta”. Afirmó que generar las transformaciones hacia el largo plazo implicaba crear las condiciones para gobernar 30 años con políticas de Estado.

Pero las grandes reformas siguieron haciéndose esperar. Con la excepción de algún avance en la matriz energética (opacado por el retroceso que significó un abultado subsidio a Alur que paga en forma creciente la sociedad y la producción uruguaya). En materia de inserción internacional, el dogmatismo ideológico trancó todo avance. Mientras el mundo transformaba los TLC en mega acuerdos, el gobierno uruguayo decidió jugar al solitario en el Mercosur (cumpliendo,  en este caso sí con el discurso inaugural del Presidente Mujica: “para nosotros el Mercosur es hasta que la muerte nos separe”). En materia de infraestructura, se apostó a las PPP (con inversión privada) pero las inversiones quedaron en el tintero. La red vial lo sintió. Los resultados en materia de seguridad y educación alcanzaron niveles alarmantes. Los ingresos siguieron mejorando. El empleo, con mayores dificultades, también. Se siguió formalizando empleo, abatiendo  pobreza e indigencia pero no se transformó el  asistencialismo que perpetua la  dependencia en un conjunto de políticas sociales que promuevan el ascenso social a través del esfuerzo propio.

Aumenta la carga tributaria (los ingresos del gobierno y bps suben 4,4 puntos de PBI entre 2004 y 2014). El IRPF y el IASS (sin contar las nuevas cargas del Fonasa),  terminan recaudando más que los impuestos que gravan la renta empresarial (IRAE e IMEBA).

El gasto aumenta más aún. Se renuncia a los beneficios de una política contra cíclica (para manejar la bonaza y la desaceleración que se venía).

Finalmente, se entrega el gobierno con un déficit de 3.5% del PBI (nivel que no se veía desde los 3,7 puntos de déficit del año 2002), quitando así márgenes de maniobra al nuevo gobierno. tweet

Pasaron  las elecciones y los uruguayos presenciamos atónitos un cambio radical en el discurso oficial. La lista interminable de promesas electorales dio paso a un discurso que llamó a la prudencia. Sobre fines de marzo de este año, Búsqueda publicó que el presidente Tabaré Vázquez había mostrado preocupación ante los integrantes de la Suprema Corte de Justicia porque la situación económica y fiscal del país resultó más compleja de lo que había pensado. Ante esta noticia el ex Presidente José Mujica, reflexionó que “el equipo económico es el mismo”, y concluyó que “debe estar macheteando ante la discusión del Presupuesto quinquenal” y que “es probable que no haya plata para cumplir las promesas electorales que se hicieron”.

Se dio un golpe de timón en materia de política exterior. Se anunciaron fuertes recortes en las empresas públicas (1 % del PBI). Se admitió con  claridad que el déficit fiscal, y la inflación eran  problemas importantes a resolver. La baja de las exportaciones (en 2015 por caída del precio internacional de varias materias primas) dejó al desnudo problemas de competitividad que antes disimulaba la bonanza de divisas provenientes de algunos mercados. Se comenzaron a reconocer también problemas de gestión en otras áreas.

Y el discurso del gobierno comenzó a parecerse más al diagnóstico y programa de gobierno del Partido Colorado (mientras que en setiembre de 2014 el entonces vicepresidente Astori decía: “no escucho ninguna idea buena de la oposición”). tweet

Se habló de mantener “varios platitos chinos girando a la misma vez”. Y se dejó sin fecha cierta el anunciado aterrizaje de la inflación a un entorno del 5% (que había anunciado en su discurso inaugural el presidente electo). Se decidió parar el Antel Arena.

El brusco cambio de discurso impactó en humor de inversores y consumidores y sobre fines de julio el Presidente en conferencia de prensa (junto a sus ministros) dijo que “no hay achique ni recortes sino seriedad en los planteamientos y posibilidades reales de llevarlos a cabo” y anuncio paquete de inversión de 12.000 millones de dólares (34% dependiente de la inversión privada). Y se relanzó el Antel Arena.

Concluyendo, no creemos que debamos optar entre crecimiento, inflación y mejora del tipo de cambio real. Solo generando un círculo virtuoso a partir de políticas fiscales, monetarias y de ingreso consistentes, lograremos el objetivo final de generar un crecimiento más parejo y sostenible que permita alcanzar mejores niveles de bienestar económico. tweet

Pero con esto solo tampoco alcanza. Para crecer con fuerte desarrollo (económico y humano) debemos procesar, de una vez por todas, una nueva generación de reformas, que permita: 

  • integración comercial al mundo que viabilice mejoras en la calidad y cantidad de trabajo para los uruguayos;
  • el desarrollo de otras áreas que hacen a la competitividad del país (infraestructura, innovación y sofisticación de las empresas, mejora de la eficiencia de los mercados, etc.);
  • una reforma educativa (que desarrolle conjuntamente una formación humanista, con espíritu crítico, innovador y emprendedor y desarrollo científico y técnico);
  • una integración social que a través de una cultura más homogenea y republicana asegure una mejor inclusión y promoción social, (que deje atrás la lucha de clases); y
  • alcanzar un país más libre y más seguro.

¡ Ojalá que, esta vez, todos juntos nos tomemos el tren !

 

 

 

 

 

Alvaro Rossa

Autor: Alvaro Rossa

Contador Público (UdelaR). Asesoramiento y gerenciamiento de empresas. Subsecretario de Economía y Finanzas (Ago.2003-Mar.2005). Negoció la condonación de deuda con Francia para financiar la creación del Instituto Pasteur de Montevideo. Integró su Primer Consejo de Administración. Lideró desde el MEF, el proceso que culminó con la de instalación de Botnia en Uruguay. Trabajó en la D.G.I en Fiscalización, Organización y Métodos y luego como Coordinador de la Asesoría Económica entre 1990 y 2003. Participó en dicho período de la Programación Financiera del Sector Público.