Jueves, 11 de mayo de 2017

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No es democracia

El ensayista y miembro de la Academia francesa, Jean-François Revel (1924-2006), escribió en su obra “La tentación totalitaria” que “el talento esencial del hombre político en la democracia es el talento de convencer”.

Seguramente le pareció innecesario aclarar que a quienes hay que convencer, es a las demás personas, sujetos con conciencia de sí mismos y capaces de asumir una identidad propia, lo que los habilita a contraer obligaciones y ejercer sus derechos.

Sin embargo, ver a Nicolás Maduro hablándole a un par de vacas, preguntándoles si quieren guarimba (protesta) o constituyente (sic), llevan a pensar que debió hacerlo.

Como sucede en la tragicomedia, en Venezuela la tragedia y la comedia conviven. Junto a la brutal represión de las protestas de los ciudadanos, al desabastecimiento y al creciente exilio de venezolanos, Maduro canta y baila, insulta a diestra y siniestra y habla con vacas.

A ritmo de comedia quiere hacernos creer que aplica y acata la Constitución bolivariana de 1999, consiguiendo que algunos, allá y acá, lo crean o por lo menos que así lo digan. Una tragedia para la democracia.

Porque si algo ha sucumbido en Venezuela es la democracia, aún en su versión chavista.

Al sometimiento del Poder Judicial al Ejecutivo, al ninguneo de la Asamblea Nacional, a la suspensión sin fecha de las elecciones de autoridades regionales, al desconocimiento del referéndum revocatorio que debió ser convocado una vez cumplidos los requisitos constitucionales, se suma la asunción por parte del gobierno de Maduro de potestades y cometidos asignados por la Constitución a otros poderes e instancias de gobierno.

Hoy en Venezuela no se gobierna de acuerdo con los preceptos constitucionales sino con los dictados arbitrarios de un gobierno que por todo lo dicho y más, ha perdido toda legitimidad, constitucional y democrática.

Un gobierno sostenido por el aparato armado del Estado, que hace rato pasó a estar al servicio del partido en el poder, si ya no es, atento a los acontecimientos, el Estado mismo.

Ante el agravamiento de la crisis venezolana, que no es solo política sino también económica y social, así como la condena internacional y regional, que ha conllevado a un creciente aislamiento del régimen, Maduro anunció primero, el retiro de Venezuela de la OEA y más recientemente la convocatoria de una asamblea constituyente con el declarado propósito de refundar el Estado.

Una demostración de que Maduro y el chavismo han llegado a la conclusión de que no pueden convencer a la opinión pública nacional e internacional de la juridicidad y legitimidad de sus decisiones y mucho menos dirimir las diferencias con la oposición en las urnas, porque perderían.

Una inequívoca huida hacia adelante: si no se puede ganar con las reglas establecidas, hagamos otras que lo permitan.

El proceso constituyente impulsado por Maduro supondría la eliminación de la Constitución de 1999 y en consecuencia las elecciones regionales pendientes y las presidenciales previstas para 2018.

Haciendo uso de la “iniciativa de convocatoria” que le da el artículo 348, Maduro ha resuelto poner en funcionamiento el Artículo 347 de la Constitución, que dice: El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar al Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución.”

Nótese que no es el Presidente de la República, Nicolás Maduro, quien puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente, sino que quien puede convocarla es “el pueblo de Venezuela”. Ello implica convocarlo a expresarse en las urnas mediante el voto, universal, directo y secreto, lo que no está previsto que haga el gobierno, ya que el proyecto del régimen es que los 500 asambleístas no sean elegidos por sufragio universal, sino por sectores sociales y por comunidades.

En consecuencia, asistimos a otra tergiversación y violación de las disposiciones constitucionales: lo único que puede hacer Maduro es convocar al pueblo de Venezuela a que decida si quiere convocar una Asamblea Nacional Constituyente.

Pese a tanta evidencia y a la contundencia de los hechos, sigue habiendo ciudadanos y dirigentes políticos que niegan con porfía el desbarranque institucional en Venezuela y la paulatina pero evidente derivación del gobierno del presidente Maduro hacia la dictadura.

Más aún, persisten en hacernos creer que lo que allí se vive es otra modalidad de democracia.

Una actitud que no es nueva y que en general tiene los mismos protagonistas: aquellos que se dicen partidarios de la democracia pero que en la práctica desconocen su esencia y propósito. Tal vez por eso no logren convencer.

Tal es el prestigio que ha adquirido la palabra democracia, que aún quienes no creen en ella se dicen demócratas. Algunos, antes y ahora, le ponen apellido (autoritaria, igualitaria, avanzada, social, sustancial, popular, progresista); otros ni siquiera se molestan y simplemente fingen.

Pero democracia es un concepto con un significado y una carga axiológica específica y concreta.

Es una concepción de la vida e incluso una filosofía de vida, que tiene por sujeto a la persona humana, en tanto individuo que vive en sociedad, sujeto de derechos que le son inherentes y de obligaciones, sujeto racional, consciente y responsable, árbitro de su destino.

Por esto, desde el punto de vista político, la democracia solo se concibe en el marco del Estado de Derecho, que ofrezca las garantías necesarias para consagrar la libertad y la igualdad de los individuos.

Nada de esto existe hoy en Venezuela y el chavismo tampoco muestra voluntad de dialogar para encontrar un camino de salida.  

A los venezolanos sólo parece quedarles la alternativa de seguir reclamando por sus derechos en las calles, porque como dice el artículo 350 de la Constitución bolivariana, El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.”

Eso es lo que está haciendo el gobierno presidido por Nicolás Maduro.

Eso no es democracia.

José Garchitorena

Autor: José Garchitorena

Abogado. Trabajó en ANCAP desde 1988, siendo designado Gerente de Abastecimientos en 2007. Actualmente se desempeña como asesor en el parlamento nacional. Integró el directorio de UTE entre 2010 y 2012. Miembro electo de la Junta Electoral de Montevideo (2000-2005). Integrante de la Asamblea del Claustro de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de la República entre 1987 y 1989. Afiliado al Partido Colorado desde 1983, fue Prosecretario General del mismo. Es miembro de diversas instituciones culturales y sociales. Colaborador de diversas publicaciones periodísticas. Es autor de los libros Manual Práctico de Derecho Electoral Uruguayo y de Historia de un mito, las elecciones de 1971 y la denuncia del Partido Nacional.