Jueves, 21 de septiembre de 2017

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Nosotros ponemos el plazo

En todo proceso de cambio tecnológico existe una primera fase en donde se presentan distintos caminos de evolución alternativos. Esta fase va seguida por otra en donde determinadas tendencias se consolidan. Es allí donde nos encontramos ahora, con una variedad de cambios tecnológicos que tendrán un impacto muy grande en la estructuración de nuestra sociedad. Estamos hablando de cambios que se consolidarán en un período de entre 20 y 40 años. Algunas sociedades comprenderán que estamos en un momento en que se abren oportunidades para un nuevo comienzo, un “borrón y cuenta nueva”. Esas sociedades concentrarán todo su esfuerzo en procurar estar a la vanguardia de estos cambios tecnológicos y cosecharán los frutos de esa actitud anticipatoria. Otras sociedades optarán por diferir el cambio lo más posible, optando por aceptarlo sólo cuando la realidad mundial se lo imponga. Nuestra sociedad, como todas las sociedades del mundo, tiene que decidir en cuál de los grupos quiere estar.

En este artículo me concentraré en el tema de las energías renovables y el potencial impacto que las mismas tendrán en las próximas décadas, especialmente en lo que refiere a su efecto sobre nuestro bienestar y la forma en que nuestra sociedad deberá reorganizarse para adaptarse a la misma.

 

Evolución de las fuentes de energía

La energía generada en base a combustibles fósiles es el grueso del consumo mundial de energía (ver Gráfica 1), representando cerca del 80% del total. En la Gráfica 2 puede observarse las tasas de variación anual estimadas de las distintas fuentes energéticas. La única fuente que decrecerá será el carbón, a una tasa del 0,2%, reduciendo su participación en la oferta del 35% actual al 25% en 2040. El petróleo aumentará a una tasa muy reducida, pasando de ser el 31% de la oferta energética al 25% en el 2040. Las fuentes solar/eólica/biocombustibles crecerían a una tasa del 4,8%, pasando del 1% actual al 4,8%. Se estima que en América Latina y el Caribe el consumo de petróleo seguirá aumentando en términos absolutos por un plazo que oscila entre una y dos décadas, dependiendo de los supuestos de partida (ver Gráfica 3).

 

Gráfica 1 – Cuota estimada de energía renovable en el consumo mundial final de energía, 2014

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Gráfica 2 – Tasa de crecimiento anual estimada para satisfacer la demanda mundial de combustible al 2040, partiendo de los valores reportados en 2010 (EM, 2016)

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Gráfica 3 – Escenarios de demanda proyectada de petróleo en América Latina y el Caribe hasta el 2060

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La situación de Uruguay es marcadamente divergente del agregado mundial. Tal como se detalla en la Gráfica 4 las dos fuentes de energía que han crecido sostenidamente, en términos absolutos y en participación relativa, han sido la biomasa, de la mano de UPM y Montes del Plata, –y más recientemente- la energía eólica. Las energías basadas en combustibles fósiles (petróleo y gas) apenas representan el 38% del total.  En el Gráfico 5 tenemos la generación de electricidad por fuente. En 2016 la  electricidad de fuente hidroeléctrica representó el 56% de la oferta[1], seguida por la eólica con un 22% y la térmica basada en biomasa, con un 18%. La electricidad de fuente solar fotovoltaica figura con un 1% pero ya habría llegado a un 3%, fruto de nuevas instalaciones y de su acelerado crecimiento. La instalación de la nueva planta de UPM implicaría un aumento de la oferta de energía eléctrica basada en biomasa de aproximadamente un 10% de la oferta actual. Las energías sustentables representan pues prácticamente la totalidad de la oferta de energía eléctrica y el 62% de la oferta de energía, con fuertes perspectivas de crecimiento, ya sea por el lado de la biomasa como de la energía fotovoltaica.

 

Gráfica 4 – Abastecimiento de energía por fuente

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Gráfica 5 – Generación de electricidad por fuente

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Todas las energías sustentables han estado bajando sus costos de generación, pero dentro de ellas la que tiene un papel destacado es la energía fotovoltaica. De acuerdo a datos de Bloomberg New Energy Finance (BNEF), el coste de generación solar sin subvención en los países con economías emergentes ya es inferior al costo de generación de energía eólica. En la gráfica adjunta (Gráfico 5) puede observarse la evolución del coste de nuevas instalaciones de generación de energía eólica y la solar en 58 regiones emergentes (China, India, Brasil,…). Se aprecia cómo el precio de la energía solar fotovoltaica ha tenido descensos bruscos en los últimos años, pasando a tener costos inferiores a la eólica. Un módulo fotovoltaico para almacenar un watt que en 1980 costaba 10,1 euros (a precios de 2013), en el 2013 costaba 60 centavos. Este proceso ha estado fuertemente influenciado por las inversiones de China en desarrollos en el área.

 

Gráfica 5 – Evolución del costo de la generación solar y eólica (2010-2016)

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La limitación fundamental para el crecimiento de las energías renovables, y especialmente la eólica y la fotovoltaica, es el problema que no es posible producirla de acuerdo al nivel de consumo de cada momento, sino que se generan cuando hay viento o sol. Es por ello que el  almacenamiento de energía juega un papel fundamental. En el gráfico que se presenta a continuación (Gráfica 6) se puede observar que el costo de almacenamiento de energía mediante baterías ión-litio en el período 2010-2016, con una disminución de precios de 73% entre puntas. El precio de las baterías está bajando más rápido de lo esperado, fenómeno impulsado por la electrónica de consumo y los automóviles eléctricos. A esto se agrega la existencia de múltiples y prometedoras líneas de investigación orientadas al desarrollo de baterías con mayor capacidad y duración, menor precio y mayor velocidad de recarga. Cada una de estas líneas de investigación puede implicar saltos importantes en el desempeño de las baterías[2].

 

Gráfica 6 – Precio de las baterías ión-litio, 2010-2016 (USD por kWh)

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Las baterías ya han llegado a un precio que las hace económicas para los consumidores en varias situaciones y avanzan rápidamente en volverse un factor fundamental en potenciar el uso de las fuentes de energía renovables.

En 2010 el DOE (Departamento de Energía de Estados Unidos) estableció que a un precio de  125 $/kWh se iguala el precio de un sistema de propulsión eléctrica y un motor de combustión. Muchos especialistas consideran que esta estimación es muy conservadora. La empresa de investigación Bloomberg New Energy Finance estimaba en febrero de 2016 que las continuas reducciones de los precios de las baterías llevarían el costo total de propiedad de un vehículo eléctrico –sin subsidios- por debajo de los costos de un vehículo convencional a combustible fósil para el año 2022, aún con precios bajos del petróleo. Para el 2022 los costos de almacenamiento de energía pasarían a ser de USD 200 por kWh, y para el 2030 habrían bajado a USD 120 por kWh. Estas proyecciones están siendo sustituidas todo el tiempo por proyecciones más optimistas. Un informe publicado por Ward’s Auto advierte que el precio de las baterías de los coches eléctricos está cayendo más rápido de lo esperado y podría alcanzar el límite de los 100$/kWh en 2020. En síntesis, es previsible que en un plazo de no más de tres años los autos eléctricos tengan precios competitivos con los de un vehículo con motor a combustión.

Otro uso de alto impacto de las baterías es para sistemas domésticos. En muchos países están siendo usadas por las familias para almacenar energía eléctrica en las horas en que la misma es más barata, para luego usarla en los horarios de consumo máximo y precios más altos. En Uruguay existe un mecanismo, establecido por el Decreto No. 173/2010 de 01/06/2010, que autoriza a los suscriptores conectados a la red de distribución de baja tensión a instalar generación de origen renovable eólica, solar, biomasa o mini hidráulica. Esto permite utilizar la red de distribución de UTE como una batería, a la cual se carga el excedente de generación y de la cual se toma energía en aquellas horas del día que la microgeneración no es suficiente.  La reducción del costo de generación de energía fotovolaica y de los costos de almacenamiento vuelve cada vez más atractiva la microgeneración a nivel doméstico e industrial. En el caso de las familias, la autogeneración es especialmente atractiva para los hogares de mayor consumo, en la medida que el régimen de tarifas lo penaliza con tarifas progresivamente más gravosas. Si los costos de autogeneración/almacenamiento bajan a un nivel que queda por debajo de la tarifa más baja, pasa a existir un fuerte incentivo para el autoabastecimiento total y eventualmente el abandono de la conexión a la red de energía eléctrica (conocido como “grid-defection”).

Uruguay se encuentra pues en una situación de privilegio. Mientras la mayoría de los países se encuentran realizando enormes esfuerzos para incrementar la participación de las fuentes de energía sustentables dentro de su matriz energética, Uruguay se encuentra en una situación en donde la oferta de fuentes de energía renovables exceden la demanda de electricidad, lo que se ha visto reflejado en exportaciones de energía a Argentina y Brasil. Ese exceso de oferta previsiblemente se incrementará tanto por la instalación de la segunda planta de UPM, mayor eficiencia energética, el desarrollo acelerado de la energía fotovoltaica[3] y un eventual incremento del autoabastecimiento energético por parte de industrias, pero sobre todo, hogares de altos ingresos. Esto genera condiciones favorables para desplazar al petróleo en la matriz energética nacional, favoreciendo el uso de autos eléctricos, en el contexto de un proceso que es inevitable. Tal como sostuvo el director del proyecto Redes Inteligentes de UTE, Eduardo Bergerie,  “Está claro que el futuro es eléctrico y que el motor a combustión dejará de existir”[4]. La cuestión entonces es el ritmo.

Ya están vigentes un conjunto de medidas que favorecen los autos eléctricos, si bien no han sido suficientes para tener efecto. Los autos eléctricos están exonerados de la Tasa Global Arancelaria de importación y pagan un IMESI del 5,45%, versus 20%, 30% y 40% que pagan los distintos tipos de vehículos tradicionales. La Dirección Nacional de Energía se encuentra desde hace ya tiempo estudiando la utilización de vehículos eléctricos en el transporte colectivo (autobuses), privado (taxis) y vehículos utilitarios, siendo los resultados prometedores desde el punto de vista del retorno de la inversión. Recientemente se han promovido modificaciones que procuran fomentar el transporte eléctrico masivo. En ese sentido la Ministra Cosse anunció que el  ministerio que dirige promoverá la modificación del fideicomiso del gasoil, pasando de un régimen que premia los litros de gasoil consumido a otro que subsidie los kilómetros recorridos, con independencia de la fuente de energía empleada. De concretarse esta medida permitiría una mejora sustantiva de la ecuación económica de la inversión en vehículos eléctricos. Otros cambios relevantes que son necesario hacer es generar una red de puntos de recarga[5], modificar el actual régimen de fijación de patentes para los autos eléctricos[6] y establecer condiciones más favorables en el estacionamiento[7].

En esta cuestión de la velocidad del cambio cada vez más países han optado por fijar una fecha a partir de la cual quedará prohibida la circulación de autos con motor de combustión. El primer país fue Noruega que a mediados del 2016 anunció se prohibiría la venta de vehículos propulsados por combustibles fósiles a partir de 2025. La medida no llama la atención sólo por lo audaz y por la agresividad del plazo sino también por el hecho que Noruega es un exportador de petróleo  relevante. En julio del corriente año el ministro de medioambiente francés, Nicolas Hulot, anunció que se prohibiría la venta los coches gasolina y diésel a partir del 2040. Al mes siguiente el ministro de medioambiente de Gran Bretaña, Michael Gove, anunció se adoptaría en dicho país una medida similar. A principios de ese mes Volvo había anunciado que todos sus modelos lanzados después de 2019 serán eléctricos o híbridos, convirtiéndose en el primer gran fabricante de automóviles tradicional en fijar una fecha para eliminar los vehículos impulsados únicamente por el motor de combustión interna. China ha anunciado en setiembre está estudiando adoptar una prohibición de similar tenor a la de Francia y Gran Bretaña. En Uruguay el Senador Pedro Bordaberry presentó en abril del corriente año un proyecto de ley para prohibir la importación de vehículos con motores de combustión interna a partir de 2030 y su circulación en el año 2035. Se trata de una propuesta que merece un debate que lamentablemente no se ha dado, en un país en que el pasado suele recibir más atención que el futuro.

 


 

[1]     La incidencia de la energía hidráulica depende mucho de las lluvias. En los años de sequía  se necesita respaldo térmico para atender la demanda en los picos. 

[2]     Hay una forma alternativa de almacenamiento que son las centrales de bombeo. Cuando se producen excedentes de energía se emplean para bombear agua desde un embalse a otro ubicado a más altura, para luego ser empleada para generar electricidad como una hidroeléctrica.

[3]     Un atractivo adicional para Uruguay de la energía fotovoltaica adicional al de su costo es que se genera en horarios que son complementarios a los de la energía eólica. En efecto, la energía fotovoltaica se genera en el día y la eólica en Uruguay es más intensa por las noches.

[4]     “Autos enchufables en busca de su lugar”, El Observador, 23/08/2017.

[5]     Está prevista la implementación del proyecto “Ruta Verde” por medio del cual se instalará de Colonia al Chuy un punto de carga para autos eléctricos cada 60 kilómetros.

[6]     El valor de la patente se fija en función del precio del vehículo. Dado que los vehículos eléctricos son aún muy caros, el costo de las patentes correspondientes también lo son.

[7]     Exoneración del pago de la tarifa de estacionamiento y/o zonas de estacionamiento exclusivo con puntos de recarga.

Leonardo Veiga

Autor: Leonardo Veiga

Contador Público, Universidad de la República; Licenciado en Administración, Universidad de la República; Master en Dirección y Administración de Empresas, IEEM; CPCL, Harvard Business School, EE.UU., PhD Universidad de Navarra. Es profesor de Gestión de la Innovación y de Economía Política (IEEM/UM) y de Prácticas Desleales de Comercio y Defensa Comercial (CEA/ADAU). Es miembro del directorio del Centro de Innovación Tecnológica SEPÉ. Fue consultor del Programa Nacional de Desburocratización (PRONADE), del Plan de Desregulación del Comercio Exterior y las Inversiones (PLADES), miembro del Board del Global Entrepreneurship Monitor, Director del MBA del IEEM/UM y Coordinador de la carrera de Contador Público en la FCCEE/UM.