Martes, 29 de mayo de 2018

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Nuevas razones para no aumentar el gasto en la próxima Rendición de Cuentas

Cuando me pongo a escribir los artículos para El Telescopio tengo miedo de ser reiterativo en los temas. Pero deformación profesional a parte, se trata de problemas que afectan a la economía, son reales y hay que encararlos. Cuanto antes mejor.

Lo anterior viene a cuento de las precauciones que en materia fiscal hay que tener de cara a la próxima Rendición de Cuentas, a las que me referí en la entrega anterior como paso imprescindible para revertir los problemas de competitividad que enfrenta el aparato productivo, que hizo explosión con el surgimiento del movimiento Un Solo Uruguay, más comúnmente conocidos como los autoconvocados.

En esta oportunidad el tema estará sobrevolando, ya que me referiré al comportamiento del tipo de cambio en la región y cómo nos impacta. Claramente la competitividad es uno de los aspectos. Como todos los caminos conducen a Roma, la prudencia fiscal vuelve a ser fundamental.

Pero centrémonos en el mercado cambiario. El factor desencadenante del aumento en la cotización del dólar no ya en la región, sino en todo el mundo, fue la suba de las tasas de interés en Estados Unidos.

Aquí inciden varios aspectos. En primer lugar, la normalización de la política monetaria en la principal economía del planeta. Tras la crisis financiera del año 2008 la Reserva Federal llevó a cabo una política expansiva que llevó la tasa de interés a niveles históricamente bajos.

Ello impactó en la economía global. Una tasa tan baja incrementa el retorno relativo de los proyectos en la economía real. Si el activo libre de riesgo (como el bono del Tesoro americano a 10 años) rinde tan poco, muchos proyectos que en situaciones normales no hubieran sido rentables, en el nuevo escenario si lo son.

Debido a ello los capitales emigraron desde Estados Unidos al resto del mundo en busca de esa mayor rentabilidad. Como contrapartida se devaluó el dólar frente a las restantes monedas del planeta.

A fines del pasado año subió la tasa. De hecho, a fines de 2015 también se dio una pequeña suba anunciándose un cronograma de subas futuras. Pero se frenó el programa y no llegó a haber una segunda suba ante los temores que surgieron en el mundo por problemas en la economía china, que fueron rápidamente apaciguados.

El aumento de diciembre de 2017 también vino acompañado de un anuncio de subas futuras, lo que ahora si se materializó trepando el bono a 10 años al 3%.

Estos movimientos impactaron en todo el mundo, encareciendo tanto al crédito como al dólar. Al shock internacional hay que agregar los problemas regionales.

El gobierno de Macri recibió un déficit fiscal del 7%. En el período cristinista se lo financió con expansión monetaria, ya que Argentina no accedía al mercado voluntario de crédito. El nuevo gobierno normalizó sus relaciones con el sistema financiero y comenzó a acceder al crédito internacional.

Las dificultades políticas para ajustar las cuentas determinaron que el déficit fiscal global (incluidas las provincias) no haya mejorado, por lo que se lo financia con deuda.

Como partía de ratios deuda PIB muy bajos, y ante la euforia inicial que todo gobierno pro mercado genera en sus comienzos, el acceso fue fluido. Pero las dificultades para bajar el déficit (y por consiguiente la necesidad de mayos endeudamiento futuro) unido a ruidos políticos cambió el humor de los mercados en momentos en que se endurecieron las condiciones a nivel internacional.

Es interesante señalar que relativamente Argentina está menos endeudada que Uruguay, pero la estructura de su deuda y la velocidad a la que creció en los dos últimos años fue la que motivó la desconfianza de los mercados. Es por ello qué, ante la falta de financiamiento debió recurrir al FMI que es la institución a la que acuden los países cuando enfrentan problemas de balanza de pagos, es decir dificultades para hacer frente a sus compromisos externos.

Entre la última suba de los intereses y la solicitud de asistencia al FMI transcurrieron pocas semanas, pero fue tiempo suficiente para que se desatara una corrida contra el peso argentino, que se devaluó 25%, 40% si comparamos con el valor a diciembre previo al inicio de los ruidos políticos.

Una suba del dólar del 40% en cinco meses en loas que la inflación apenas superó el 10% habla de un abaratamiento de casi un 30% en dólares del país vecino. En los próximos meses la inflación roerá parte de este resultado. La confianza que se logre trasmitir al mercado del acuerdo que surja con el FMI determinará si el dólar se tranquiliza o no, pero es una realidad que Argentina se abarató.

En Brasil el dólar también subió, un pico de 18%, para retroceder al 13%.  En este caso el detonante es el ruido político y las expectativas de que las elecciones las gane un candidato no amigable al mercado y no adopte políticas que estimulen la inversión.

Más allá de las interpretaciones, la región está atravesando por un necesario proceso de abaratamiento en dólares, del que Uruguay no puede quedar ajeno. Ello explica la suba que experimentó el dólar en las últimas semanas, que pasó de un nivel inferior a $ 28,5 a los actuales $31,1/31,2, una devaluación superior al 10%. Sin duda que en los próximos meses el dato mensual del IPC se acelerará respecto a los últimos registros por el efecto tipo de cambio y eso restará potencia a la devaluación inicial.

Lo importante a futuro es no seguir encareciendo la economía y nuevamente la moderación fiscal y el resultado de la próxima ronda salarial son fundamentales. Así el cambio de precios relativos se da de forma ordenada. De lo contrario la pérdida de confianza de los inversores también llegará al mercado uruguayo y peligrará el grado inversor.

Esto no quiere decir que la economía no sufra. De hecho, está enfrentando un shock externo negativo y se sentirá sobre el nivel de actividad. El menor gasto de la región en bienes y servicios uruguayos unido al descenso del consumo interno en bienes durables impactará en el PIB de los próximos trimestres.

A mediano plazo, la mejora en la rentabilidad del sector transable ayudará a incrementar la oferta exportable y la economía crecerá por otros canales.

Una reflexión final. Tanto en Argentina como en Brasil las devaluaciones se deben a desconfianza de los mercados sobre la capacidad de pago. Una reacción infantil, que ya se está observando en ambos países, es culpar a los capitalistas inescrupulosos e insensibles que no dejan que nuestras economías logren independizarse y desarrollarse. El FMI reúne todas esas características.

Pero la verdadera lección es entender a lo que nos lleva vivir de prestado. Tarde o temprano se pagan los déficits con creces. Cantos de sirena de financiamientos fantásticos a tasas bajas no nos deben enceguecer ya que en algún momento habrá que pagarlos. El camino no es otro que un sendero fiscal ordenado. Ello no quiere decir que las cuentas siempre deben estar en equilibrio. Lo importante es que la deuda no crezca en términos del PIB, es decir que a largo plazo la economía tiene que crecer a un ritmo superior al del déficit.

Eso corre para Uruguay. Desde hace tres años el déficit fiscal se encuentra en el 3,5% del PIB y la economía está creciendo a un ritmo menor a esa tasa. De hecho, la crisis regional nos va a impactar y unido a la mala cosecha de soja el crecimiento esperado para este año será modesto. Una razón más para pedir prudencia en la próxima Rendición de Cuentas.

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.