Domingo, 18 de junio de 2017

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Odio y proyección

El odio apareció estos días en la política.

Primero fue un Senador oficialista que se sentía odiado. Lo dijo al quedar sin argumentos en la discusión de un proyecto de ley que derogaba el delito de abuso de funciones.

Luego fue otro Senador y ex Presidente de la República quien dijo sentirse odiado.

Preguntado acerca de si volvería a ser candidato a la presidencia contestó que no lo sería porque generaba divisiones y “era odiado“.

Sigmund Freud, primero, y luego Melanie Klein entre otros, estudiaron profundamente lo que en psicología se llama la proyección.

Esta es un mecanismo de defensa por el que un sujeto atribuye a otro sus defectos y carencias.

Es decir, a veces y sin darse cuenta, una persona le adjudica a otra u otras los sentimientos o pensamientos propios que le provocan a ella angustia.

Esto es lo que parece sucederle a los senadores oficialistas.

Proyectan sus propios sentimientos hacia otros, atribuyendo lo que ellos mismos sienten a los demás.

Si se tiraran en un diván y se analizaran quizás entenderían los motivos por lo que les pasa esto.

Les sucede por su particular forma de entender la sociedad y la vida.

Ellos, a diferencia de nosotros, creen en la lucha de clases.

Esto es, la conciben a partir del enfrentamiento de una clase social con otra, del conflicto.

Quienes, en cambio, rechazamos esa concepción, entendemos que el conflicto y la pelea son patologías que deben y pueden ser evitadas.

Entender la sociedad a partir del enfrentamiento y la lucha es cometer el mismo error que concebir las relaciones internacionales a partir de la guerra o la medicina a partir exclusivamente de la manifestación de una enfermedad.

Esas son patologías excepcionales que deben evitarse pero no la explicación del todo.

Las consecuencias de estas dos visiones son más profundas de lo que parecen.

Los que entienden que hay una “lucha“ ven enfrente de ellos a un enemigo.

Los que entendemos que ello no es así vemos enfrente a un adversario.

Al enemigo lo combaten, buscan terminar con él.

Al adversario, intentamos ganarle, pero con él construir un mejor país, una mejor sociedad.

Al enemigo ellos lo odian.

Al adversario nosotros intentamos, primero, convencerlo con argumentos y, si no lo logramos, aceptar las diferencias y dirimirlas votando.

Por ello les cuesta tanto entenderlo.

Cuando nos toca perder, lo aceptamos.

Cuando les toca a ellos, afirman que se sienten odiados.

No se dan cuenta que están proyectando lo que sienten hacia otros, adjudicando sus propios sentimientos a los que ellos consideran sus enemigos.

El odio es un sentimiento que debe evitarse y controlarse.

Odiar lastima al que odia, no al odiado.

Quien odia se está dañando y, muchas veces, el odiado ni se entera que alguien guarda esos sentimientos contra él.

Cuando se entera siente pena por quien abriga ese sentimiento.

Lo que resulta muy difícil es la convivencia de estas dos formas tan distintas de ver la realidad.

Ello porque los que no estamos luchando contra un enemigo estamos compitiendo con ese adversario, tratando de convencerlo y así juntos poder construir una mejor sociedad y país.

Pero quienes odian, están luchando contra otros tratando de terminar con el.

José Batlle y Ordoñez rechazaba la lucha de clases.

Lo hacía con un argumento de lógica contundente. Se preguntaba ¿como podía alguien aceptar que estaba luchando contra otro para convertirse en lo que era ese otro?

Dejemos de odiar y proyectar por favor.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 57 años.

  • heriberto .a. gaione

    comparto el pensamiento expresado en el articulo anterior por el senador Pedro Bordaberry . H,Ariel Gaione.

  • Graciela

    Impecable como siempre