Miércoles, 24 de agosto de 2016

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Oportunidad para todos

En nuestra última columna, comentamos la conveniencia de recibir una inversión como la anunciada por UPM, instalando su segunda planta de celulosa en el centro del país, en momentos difíciles para la economía.

La depresión de los valores de nuestras exportaciones, fruto de un panorama externo complejo, condicionado por la desaceleración del ritmo de crecimiento de las economías emergentes, compromete la rentabilidad de las empresas debido a la dificultad en bajar costos.

Es conocido el problema histórico en materia de competitividad que enfrenta el Uruguay. Somos un país demasiado caro para producir y pasan los gobiernos, las distintas administraciones y siempre tenemos al tipo de cambio como principal instrumento o variable de ajuste de la inflación.

Desde luego que el tipo de cambio no es el único factor determinante de la competitividad, pero sin dudas es el más importante y los gobernantes lo saben si bien tratan de expresar lo contrario.

En estos tiempos, otros factores relacionados a la capacidad de competencia del país tampoco nos favorecen. Las tarifas públicas, componentes no transable de los costos, representan una pesada carga para los ciudadanos, siendo instrumento de recaudación por pare del Estado que pretende corregir el despilfarro y la pésima administración reciente que nos llevó a superar el 4% de déficit fiscal luego de más de una década de bonanza

Mientras el petróleo baja, las tarifas de ANCAP suben en dólares. Generamos récord de energías limpias, diversificamos la matriz, salimos de un periodo niño con abundantes precipitaciones favoreciendo la generación hidráulica, pero la UTE no bajó un centésimo.

En materia de infraestructura, sabemos bien las consecuencias de una deliberada política de desinversión de las últimas administraciones que han retaceado los recursos necesarios para mantener en condiciones la red vial nacional. Transportar mercaderías en Uruguay significa una aventura y un sobrecosto fabuloso que muchas veces inviabiliza ciertas actividades  económicas.

Estar lejos de los puertos significa un cruel castigo por la absurda incidencia de un  “costo logístico” que castiga nuevamente quien está más lejos, condenando a esas alejadas localidades a menos desarrollo y oportunidades para quien habita en ellas.

Se desestimula la inversión, generándose un circulo vicioso de baja actividad, rentabilidad, demanda de mano de obra, dando espacio a sistemas productivos extensivos que poco aportan al proceso de desarrollo.

Por otra parte, en materia de integración comercial, hemos tenidos muy magros resultados.

Mientras el mundo avanza en acuerdos comerciales entre bloques o naciones, en virtud de los escasos resultados de las negociaciones multilaterales en el ámbito de la OMC, estamos en una región que ha priorizado el crecimiento hacia adentro, apostando al desarrollo de los mercados internos, estimulando el consumo y el comercio dentro del Mercosur, no obstante las innúmeras barreras que una y otra vez han impedido la libre circulación de mercaderías y una consolidación del comercio.

El discurso regional con afinidad ideológica no permitió un crecimiento del intercambio comercial que se pudiera mantener en el tiempo, dadas las contradicciones entre sus propios integrantes que, en algún caso, aplicaron el proteccionismo y en otro regularon el comercio con licencias de importación propias de un dirigismo que ha fracasado en todo el mundo.

Es así que el Mercosur como región supuestamente integrada, luego de un cuarto de siglo de existencia, no ha sido capaz de firmar por sus propias diferencias internas un solo acuerdo comercial de relevancia con algún país o bloque.

El costo laboral también representa una característica que no colabora en la capacidad de competencia. Desde luego que se han registrado avances en las relaciones laborales y que el fortalecimiento del sindicalismo ha significado mejoras en las condiciones de trabajo y en los niveles salariales que en ciertos casos han sido muy deprimidos.

En muchas ramas de la actividad no preocupa tanto el tema de los niveles de remuneración  que establecen los Consejos de Salario, pero sí el costo laboral  que va mucho más allá  de lo salarial y debe considerar la productividad de esa mano de obra, su capacitación, su compromiso con el trabajo que se revela en forma preocupante por el creciente ausentismo.

¿Cómo puede prosperar cualquier actividad económica cuando se verifica una ausentismo que llega, en algunos casos entre el 25 y el 30 %?

¿Hay realmente un compromiso y un sentido de responsabilidad de los líderes sindicales en corregir ese factor que determina un sobrecosto laboral por menor productividad, pudiendo llegarse al extremo de pérdida de la fuente laboral?

Tampoco es razonable el sobrecosto que representa la industria del seguro por enfermedad y de los justificativos médicos que en muchos casos, con absoluta falta de ética profesional, son emitidos por irresponsables que han generado un sobrecosto de 100 millones de dólares anuales al BPS, sin contar lo que eso implica a nivel de las empresas.

En resumen, tenemos serios problemas para resolver en el Uruguay en materia de competitividad conformando un conjunto de aspectos que van desde las políticas macroeconómicas, la fiscal, la monetaria, la inflación, las tarifas públicas, la infraestructura, los temas laborales y los de inserción internacional.

Estas afectaciones a nuestra capacidad de competencia existen hace mucho tiempo, pero se vienen agravando en la medida que se requiere una mayor intensificación de los procesos productivos. A su vez, todo ese “costo país” se hace sentir más fuertemente en la medida que se deprimen los precios internacionales de nuestros productos, en parte por el propio mercado pero también por un pobre acceso que una débil política de inserción internacional está determinando.

La nueva inversión de UPM ha sido objeto de absoluta prioridad para el gobierno que ha determinado diligentemente equipos de muy alto nivel para dotar a la empresa de las condiciones que viabilicen su instalación.

Claramente, la principal carencia manifestada por la empresa es la de la infraestructura deficitaria que eleva los costos de producción pero encierra también la reivindicación por los elevados costos que las condiciones del país imponen y que comprometen su capacidad de competir.

O sea, todo lo que plantea UPM para viabilizar su negocio, en diferente medida, es lo que cada uno de los uruguayos le pedimos al gobierno proporcione para establecer el marco necesario para desarrollarnos como empresas y/o ciudadanos.

La agropecuaria uruguaya en su conjunto debe invertir cada año un monto equivalente a la inversión de UPM en la instalación de su nueva mega planta, sin embargo, ni de cerca es objeto de la misma prioridad a la hora de obtener respuesta del gobierno a sus reiteradas reivindicaciones.

Insistimos en la importancia de este emprendimiento que, sin dudas, transformará vastas zonas deprimidas del interior, trayendo más oportunidades de desarrollo económico y social a las poblaciones locales. Sin embargo, ese desarrollo debe ser equilibrado proporcionando también las condiciones adecuadas de crecimiento para un conjunto de productores y empresas que, por sus dimensiones, no tienen la misma capacidad de negociación que la gran escala proporciona.

No creemos en un modelo de desarrollo exclusivamente concentrador, en que solamente sean viables empresas  de gran porte. Un proceso de creciente pérdida de competitividad como la que estamos viviendo, inexorablemente, dejará por el camino a mucha gente.

Es menester evitarlo.

 

Fernando Mattos

Autor: Fernando Mattos

Ingeniero Agrónomo egresado de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul- Brasil . Ex presidente de la Sociedad Criadores de Braford y Cebu del Uruguay. Ex miembro de ISEF International Stocksman Educational Foundation-Houston. Ex presidente de la Asociación Rural del Uruguay. Ex miembro de la Junta Directiva del INAC. Ex presidente de la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur. Ex Presidente de la Fundación Pro Cría Oriental de apoyo a pequeños productores. Productor rural en los departamentos de Tacuarembó y de Cerro Largo.