Lunes, 24 de julio de 2017

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Pagando para trabajar

Hace unos días llamó mi atención un tweet subido a las redes por el Cr. Pablo Montaldo, en que sostenía que Uruguay es el segundo país del mundo con mayor impuesto efectivo al trabajo, ubicándose sólo después de Argentina. Acompañaba el texto la siguiente gráfica:

grafica max

 

Esta información no hizo más que recordarme todo el proceso que se generó a partir de la Reforma Tributaria impulsada por los gobiernos frenteamplistas, justamente hace ya diez años y que fue la impulsora de la instauración del Impuesto a las Rentas de las Personas Físicas (IRPF), teniendo como su paladín al entonces (y también ahora) Ministro de Economía y Finanzas Cr. Danilo Astori.

No es intención de esta columna hacer un análisis técnico de la Reforma ni del impuesto en cuestión. Pero es bueno recordar algunos aspectos de la polémica generada por un tipo de impuesto que en la historia del Uruguay, existió por breves períodos y fuera reinstaurado en el 2007.

En los preámbulos de la implantación de marras, el Cr. Astori dedicó mucho tiempo, con su característico estilo docente a buscar explicar las “bondades” de gravar las rentas personales. Recuerdo un abarrotado salón de actos del Colegio de Contadores, Economistas y Administradores del Uruguay, donde ante centenares de colegas, expuso largamente y abandonó la sala previo a la etapa de preguntas, que fueron evacuadas por sus asesores.

Por entonces, el Ministro sostenía que los objetivos de la Reforma, eran básicamente tres: mayor equidad, mayor eficiencia y el estímulo a la inversión productiva y al empleo.

Se hacía mucho hincapié en que el nuevo IRPF no tenía objetivo recaudatorio, su implantación buscaba alcanzar mayor equidad y se estimaba un modesto monto a recaudar de alrededor de trescientos millones de dólares anuales.

Lo cierto que la situación de hoy da por tierra con aquellos dulces cantares de sirenas para mostrarnos la cruda realidad: el impuesto recauda en la actualidad (incluyendo a sus primos hermanos IASS e IRNR) más de mil quinientos millones de dólares, su incidencia en el total de la recaudación de la DGI está en el entorno del 20% y pasó a tener una importancia absoluta en la estructura recaudatoria, lo cual vuelve casi imposible poder reformar el sistema para que el trabajo no soporte tan importante carga.

A diez años de la Reforma Tributaria, seguimos defendiendo las objeciones que ya por aquellos tiempos sustentábamos y que nos hacía sostener que si algo no alcanzaba el nuevo impuesto era un estado de equidad razonable.

Por el contrario, pensamos que la inequidad reina. Entre las razones para sostenerlo, manejábamos argumentos que lo demostraban:

  • El mínimo no imponible y la estructura de las franjas no condicen con objetivos de equidad
  • No se contempla la estructura del núcleo familiar del contribuyente
  • Las deducciones son casi inexistentes
  • De acuerdo a los niveles de las franjas, las rentas de capital pueden estar menos gravadas que las de trabajo
  • Castiga al multiempleo
  • Por medio del IASS se afectan a las jubilaciones
  • El mayor peso de la presión fiscal recae sobre los sectores medios de la sociedad
  • Castiga el esfuerzo, el éxito, bloquea la movilidad social, retacea el consumo y la capacidad de ahorro

 

Es interesante recordar algunas expresiones vertidas en las discusiones de la época por la Red de Economistas de Izquierda, a quienes no se les puede adjudicar tendencias “neoliberales” o “conservadoras”:

 

  • “Las tasas del nuevo IRPF son progresivas sólo en lo que atañe a los trabajadores pero no lo son respecto al capital, por lo tanto no es progresista”
  • “El gobierno sostiene, sin embargo, que esta reforma es progresiva basándose unicamente en análisis estadísticos por deciles de ingreso, que al no diferenciar el origen de dichos ingresos desconoce las enormes diferencias entre aquellos que son dueños de patrimonios que generan rentas y aquellos que sólo tienen su fuerza de trabajo para vender, y peor aún, las de aquellos que no tienen patrimonio ni capacidades para vender fuerza de trabajo: los pasivos”

 

No soporto la tentación de traer a colación algunos dichos sobre el tema de José Batlle y Ordóñez, quien logró el mayor proceso reformista exitoso en democracia a nivel mundial.

Expresaba Batlle, un siglo antes que los gobiernos frenteamplistas nos impongan gravar el trabajo de los uruguayos:

 

  • “El más típico de los impuestos que gravan y obstaculizan el trabajo del hombre es el Impuesto a la Renta…Por él se carga a cada uno en proporción a lo que su actividad y su esfuerzo le reportan…”
  • “…contra un régimen fiscal en que abundan los impuestos de esta naturaleza, cuyo carácter tradicional no basta a atenuar los defectos sustanciales de que adolecen, es que quiere reaccionar el Batllismo, definiendo las fórmulas de una nueva orientación fiscal, que se inspira a la vez, en principios de estricta justicia y equidad social”
  • “Un régimen en que todo impuesto al trabajo desapareciera, sería, ya de hecho, un régimen vigorizador de la acción laboriosa de todos”
  • “En nuestro concepto, efectivamente, el Estado no debe obtener los recursos necesarios al bien común en forma que implique una carga o un castigo para quienes, con su esfuerzo favorecen el progreso social”
  • “Mientras el individuo nada hace, el fisco lo deja en absoluta paz. Pero así que el individuo procura mejorar de suerte, aplicando sus energías a cualquier actividad remunerativa, ya el fisco se lanza sobre él, reclamando una parte del beneficio resultante”
  • “El impuesto a la renta implica un castigo de las ganancias del hombre. El Estado entra inquisitoriamente, a averiguar cuánto el hombre gana o deja de ganar, porque del total ganado, apartará una parte para sí. Y el hombre verá, que cuanto más trabaja, más es lo que le llevan”

 

Estos últimos diez años, tuvieron en su mayor tramo condiciones coyunturales favorables y pocas veces vistas. Los gobiernos frenteamplistas las aprovecharon para obtener tranquilidad y permear sobre la sociedad beneficios basados en una estructura asistencialista y de poco alcance estructural. Una de las pocas reformas encaradas, fue la Tributaria, que nos dejó como su elemento más destacado, el agrio sabor de gravar el trabajo de los uruguayos.

Como se ha hecho tantas veces, se ha manipulado la historia y los conceptos. Queda muy políticamente correcto sostener “que pague más el que tiene más”. Diez años después seguimos sosteniendo que “paga más el que trabaja más”.

Como surge de la gráfica, aquellos países que nos generan envidia por su calidad de vida, se encuentran en el extremo opuesto al nuestro. Por algo será.

Max Sapolinski

Autor: Max Sapolinski

Es Contador Público egresado de la Universidad de la República, integró la Asesoría Económico Financiera del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, Director General de Secretaría del Ministerio de Turismo, Subsecretario del Ministerio de Economía y Finanzas y del Ministerio de Turismo. Entre 2006 y 2008 fue Presidente de la Comunidad Israelita del Uruguay. Gerente del Seguro del CASMU y entre 2010 y 2012 fue Director de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (URSEA).

  • Juan José Vanni

    https://twitter.com/juanvanni

    GESTIONES
    VÍA MAIL BANCO REPÚBLICA EN COPIA SECRETARIA DE PRESIDENCIA DR. MIGUEL ANGEL
    TOMA

    CON PESAR EXHIBO LO SUCEDIDO

    https://es.calameo.com/read/002002364ec721847c003

  • Alfredo Barran

    Gravan a los trabajadores para volcar ese dinero en personas que no trabajan pero que votan. Es una manera descarada de comprar votos. En cuanto a Astori y Vazquez han perdido credibilidad porque desde antes de que asumieran como gobernantes basaron sus campañas electorales en mentiras. En la primera afirmaron que iban a bajar el IVA lo que hicieron casi 10 años más tarde, en la última campaña que no iban a aumentar los impuestos pero no pasaron muchas horas para que se desdijera por más que usaran otros términos, propios de su nuevo diccionario, para engañar a la ciudadanía. Y todo esto con la complacencia de sus socios, los dirigentes del PIT CNT.