Domingo, 7 de junio de 2015

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Para Cristina, perder es ganar. La conformación de un nuevo mito peronista

Mircea Eargentina-643632_640liade, el gran historiador de las religiones, ha planteado en el “Mito del Eterno Retorno” y en “Mito y Realidad” que el mito no es una simple “rareza” cultural, un “opio para dormir a los pueblos” o un capricho de los poderosos, sino un elemento central en la constitución del sentido de lo humano. Los pueblos primitivos se definen como humanos cada vez que repiten metafóricamente el Mito de la Creación. Toda creación, un poema o un hijo, repite de algún modo al Creación primera y los ritos tienen la función de otorgarle a esas creaciones la fuerza que emana de la Creación original. Cada cosecha, cada muerte, cada nacimiento se comprenden en el contexto de este retorno al inicio, a la constitución del Cosmos, donde antes reinaba el Caos.

Los Mitos cuentan hechos “reales”, sucedidos en el Inicio de los tiempos, protagonizados por dioses, seres extraordinarios, que crearon las cosas: la tierra, el agua, las cosechas, la vida,. la muerte. Reales, en el sentido de que se diferencian claramente de los cuentos, las historias fantasiosas que se relatan a la luz de la hoguera. Los pueblos primitivos le asignan el carácter de Verdad absoluta a los relatos míticos que cuentan la participación de los dioses en la creación del Cosmos.

Minimizar la esencial función del Mito es, simplemente, desconocer como los pueblos perciben su propia humanidad: no hay hombres, no hay nada humano, si no existe un fundamento mitológico, una recreación permanente de la Creación original. Lo que diferencia a un pueblo de una horda de homínidos es, claramente, esta noción de lo sagrado creando Humanidad, sacándola de la Naturaleza y convirtiendo, de alguna manera, a cada persona en un pequeño Dios.

Cabe, por lo tanto, tratar el fenómeno del peronismo como un Comienzo Mítico de un pueblo, hasta ese momento casi considerado como una especie natural, no integrada a lo humano. La hipótesis es fuerte y seguramente muy discutible.

De lo que hablo aquí es que el peronismo no es un hecho meramente político o social. Que no se explica solamente porque concedió mejoras a los sectores más pobres de la Argentina. No es un simple programa socialdemócrata de distribución de la renta, un programa que generó una mejora en las condiciones de vida de los marginados. Eso existió, pero sobre todo el peronismo implicó que al menos una mitad de los argentinos, radiados de todo sistema de representación política y sindical, casi ocultos y olvidados, encontraran un Padre poderoso y un Hada buena que los sacara del anonimato del excluido y lo integrara a una humanidad (los “descamisados”) que al fin tenía existencia real.

Es evidente el carácter manipulador del peronismo, enfocado justamente a crear esa mitología. No sé de dónde sacó Perón ese libreto, pero el componente mítico del relato del fascismo y del nazismo, con sus promesas de liberar al Ser Nacional del olvido del sistema “burgués” de representación política (partidos, parlamento, elecciones) fue seguramente una de sus fuentes de inspiración. Otra parte fue creación original. Si el Código del laboro fascista fue copiado casi íntegramente, el rol del Hada buena, Evita, fue creación original- e irrepetible- del peronismo. Como bien explica el historiador Loris Zanatta, Eva Perón le dio al movimiento peronista su carácter de gesta humana, creadora de una nueva identidad. Su muerte prematura, congeló en la memoria a una figura joven, hermosa y potente que la transformaría en una Santa laica, en un Hada milagrosa que ablandaba el corazón del Padre (poderoso, pero lejano del Pueblo) A través suyo, el pueblo llegaba a Perón, intermediando entre Líder y Pueblo, en una trilogía inédita en los procesos políticos conocidos. La mujer del Líder no tuvo ninguna importancia ni en el leninismo-estalinismo, ni en los procesos fascistas, nazis o falangistas.

Como en todo Mito, la verdad brilla por su ausencia. La Evita organizando el 17 de octubre es la “mentira originaria” sobre la cual luego se monta toda la narración. Mientras Eva estaba en Junin, haciendo trámites de tipo económico, el Relato la ubica recorriendo barriadas obreras, llamando a la sublevación popular. Luego vendría su actuación como “redistribuidora” de riqueza ajena en su Fundación, el voto femenino y , otra gesta mítica, el Renunciamiento y posterior agonía.

Su muerte termina de configurar el Relato peronista, llevándolo a una dimensión desconocida. Por eso, porque Perón era consciente de eso, hasta el fin de sus días minimizó el papel de Evita: “Evita es mi creación” repetía obsesivamente. El Gran Conductor, por ejemplo, exigió que la ley que proclamaba a Evita “Jefa Espiritual de la Nación” incluyera su proclamación como, ni más ni menos, “Libertador de la Patria”.
La desmesura del evitismo llegó a su cénit a la muerte de Eva. Un país paralizado durante dos semanas, la obligación de lucir luto, los infinitos homenajes parlamentarios, sindicales, políticos, barriales, en empresas, escuelas, cuarteles, templos fueron la manifestación evidente de una nueva religión. Esa nueva religión hubiera tenido su Altar (de no ocurrir el derrocamiento de Perón) en un Monumento a Evita- aprobado por Ley- a ubicar en la Plaza de Mayo: un mausoleo conformado por un edificio de 140 metros de altura coronado por una estatua de Evita. Una impostura varias veces mayor que la estatua de la Libertad de Nueva York: el monumento más enorme jamás construido en el mundo, mayor al coloso de Rodas, con la altura de la pirámide de Keops.

Zanatta afirma que de no haber existido Eva, Perón derrocado hubiera corrido la misma suerte que diversos caudillos latinoamericanos caídos del poder. Rojas Pinilla, Somoza, Stroessner. La diferencia entre el peronismo y esas dictaduras de pacotilla se llamó Evita: la encarnación de una semidiosa, autora de una Creación Mitológica del pueblo argentino, un hecho que sería absurdo confinar a los límites de la política. Un hecho religioso.

Cristina Kirchner, sesenta años después de Evita se anima a lo que ningún otro jefe peronista intentó: recrear el Mito de Eva para apropiárselo. Ella quiere ser la Evita del siglo XXI.

¿Cómo intenta construir ese nuevo mito? En el imaginario Cristinista, mi tamaño es el tamaño de mi enemigo. Cuanto más grande es mi enemigo, más grande soy yo. Obviamente, al Cristinismo (fase superior del Kirchnerismo) no le basta Magnetto, el CEO del Grupo Clarín. Le queda chico. Por eso, ahora la pelea es con el Mundo: España y la Unión Europea, EEUU, el FMI, el Banco Mundial, “los poderosos”, que me harán más poderosa a mi si los enfrento. La épica que estaba faltando se reestablece en un plano aún más alto: los militares son un enemigo demasiado débil y obvio, Clarín es un pequeño matón de barrio al lado del “mundo” de los poderosos. A ella le interesa el papel protagónico de la película mundial, ni más ni menos.

Pero Ella no pelea para ganar, sino para perder. Perder contra el mundo, para ella, la coloca en el panteón de las heroínas, que es donde quiere estar, junto a Evita y, quizás, Juana de Arco. Su lógica ya no es la de este prosaico mundo occidental, de racionalidad y cálculo. A modo de kamikaze o de Mujahidin que explota junto a su bomba para ganar el Paraíso, la lógica de Cristina no es la de este mundo sino la de una Redentora, como diría Enrique Krauze. El cálculo que hace no es el de la racionalidad convencional sino que Ella – que se definió como hegeliana- maneja la contradicción y la dialéctica como pocos. Para Cristina no rige el principio de identidad, en el que A es igual a A siempre. En su lógica, perder luchando contra “los poderes” es ganarse un lugar único en la Historia, que es donde Ella quiere estar. No le alcanza con la política: quiere entrar en la Historia, en la Leyenda y en el Mito.

Cristina pretende algo  muy audaz:  reemplazar el viejo Mito Peronista por el Mito Cristinista.

Ya tiene un muerto – Él, a quien invoca en cada discurso sin nombrarlo, una especie  de Evita, que nos contempla desde el cielo – y tiene un Perón – ella misma- que además de vencer los límites de “género” vence a la enfermedad (el cáncer). En este mito, Él se inmola, como Evita, y ella acumula poder, como Perón. En este Mito, ella realiza el deseo oculto de Evita: vivir y superar a Perón.

Para eso debe estar estudiando la historia del primer peronismo y copia. Copia la idea de acumular poder sobre la base de someter a todas las “fuerzas vivas” y, sobre todo, manejando hegemónicamente los medios de comunicación. Por eso necesita vencer a Clarín y La Nación, para unificar un único relato en la que Ella, la heroína , libra una apoteótica batalla contra los poderes concentrados. Copia también la política cultural,  deportiva y de entretenimiento del primer peronismo: el dominio casi excluyente de deportistas, intelectuales, artistas, cantantes, poetas, músicos, cineastas, pintores que día a día nos convencen se las bondades del “modelo” y su Conductora.

No le falta a este Cristinismo  el componente violento y autoritario- para eso lo tiene a La Cámpora, a D ´Elía, etc. – y leyes como la Antiterrorista. Tiene que  crear un sistema que la lleve a la eternidad del poder y tiene que imponer una Cultura Cristinista que opere sobre el alma, los sentimientos de los argentinos, para convertirlos en seguidores del nuevo culto.

Este juego en el gran escenario de la Historia y la Epopeya, en el que perderemos lo poco que nos quedaba de significación económica y política, repercutirá en una baja de inversiones, lo cual implica menos crecimiento, más desocupación, etc. En lo político esto nos arroja de lleno al eje liderado por Irán, seguido por Venezuela y apoyado por Rusia y China , que pueden darse el lujo de enfrentar a Occidente sin demasiados problemas ¿Podemos enfrentar a Occidente? Es obvio que no, que no “nos da el cuero”, que es una jugada a pérdida. Pero qué importa: hemos recuperado la “dignidad” y la épica cristinista está en su apogeo. Eso es lo importante.

Para ella, perder es ganar.

Esteban Lijalad

Autor: Esteban Lijalad

Sociólogo (UBA, 1972). Investigador de Opinión Pública, procesos de mercado y Comunicación Social. Experto en investigación social mediante el uso de encuestas. Titular de las consultoras Aresco (1984-87), Equas (1987-1991), Sofres Ibope (1991-1993) Consultora Tesis (1993-2003). Asesor del Ministerio de Educación de la Nación (Argentina), Área de Evaluación de Calidad Educativa (1996-1999). Consultor PNUD ARG 97/025 (2002-2004). Docente de la Universidad Nacional Tres de Febrero, en la Maestría en Generación y Análisis de Información Estadística (2003-2004). Actualmente Director del GOP, Grupo de Opinión Pública de Comunicaciones Sudamericanas S.A. (http://consultoracs.com/cs/gop/)