Jueves, 28 de julio de 2016

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¿Perdió el FA 5 a 0? ¿O fue peor?

El hecho político destacado de la semana pasada fue la elección de autoridades del Frente Amplio [1]. Una elección sui géneris, con características muy especiales.

Por una parte, aunque el FA las catalogue de “elecciones internas” [1] y efectivamente de ellas surjan sus autoridades, esto difiere de lo que constitucionalemente corresponde. De acuerdo a la Constitución de la República (Disposiciones Transitorias y Especiales W) [2] y la reglamentación de la Corte Electoral [3] la elección de las Convenciones Nacional y Departamentales de los partidos políticos debe hacerse el mismo año de las elecciones nacionales. Esto lo hacen los otros partidos políticos, pero no el FA que en las verdaderas elecciones internas sólo elige a sus candidatos a Presidente y Vice-Presidente.

Por otra parte, la tradicional y complicada estructura del FA, hace que de estas elecciones, no controladas por la Corte Electoral, surjan no sólo el Presidente y Vice-Presidente del FA, sino también los Plenarios Nacional y Departamental, verdadero núcleo de poder y de toma de decisiones trascendentes del FA (de ahí surgió el rechazo a los tratados internacionales o el respaldo al título de Licenciado del Vice-Presidente, por citar sólo un par de casos).

A los hechos anteriores se suma que se considera el voto de los afiliados mayores de 14 años. Ocioso es señalar que un afiliado de 14 años en Julio de 2016 no está en condiciones legales de votar en las elecciones nacionales de Octubre de 2019, cuando sólo tendrá 17 años y poquito, a lo sumo. También es de notar que sólo votan afiliados, pero uno se puede afiliar en el momento de votar, que las elecciones no son obligatorias y que no las controla la Corte Electoral (como sí hace con todas las demás).

Dejando de lado esas particularidades, estas elecciones son sin duda trascendentes porque, al igual que las internas para los demás partidos políticos, definen de alguna forma tanto la impronta del partido (la foto) como la trayectoria que seguirá en el futuro. Siendo actualmente el partido de gobierno, el que facilite o dificulte la labor del Poder Ejecutivo dependerá mucho de qué movimientos y personas se pongan al frente del FA.

Pese al ya bien discutido asunto de la pérdida de votos en estas elecciones internas (por ejemplo [4] y [5]), los dirigentes del FA se mostraron muy contentos por la votación recibida. Más allá del ejercicio de acomodar el cuerpo, poniendo al mal tiempo buena cara, dado que esperaban una votación mucho menor, Óscar Bottinelli resumió en una frase lapidaria la experiencia: “si espero que me goleen 7 a 0 y me hacen solo 5, no lo puedo llamar éxito” [6].

Más de una vez se ha discutido si estamos frente al fin del ciclo de gobiernos “progresistas” y las diversas elecciones nos pueden dar un elemento más de análisis, sin duda no determinante. Las preguntas que uno puede plantearse son: ¿la disminución de votos en las internas es un fenómeno consistente? ¿puede dar alguna pista sobre la votación en las elecciones nacionales?

En la siguiente gráfica he usado datos oficiales (excepto en el caso de las elecciones de autoridades 2016 donde he tomado el estimado de 95.000 votos que es la única información extraoficial que existe sobre el total del país) para las elecciones de autoridades, internas y nacionales del FA en tres períodos electorales. Los números se tomaron del banco de datos electorales de la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR [7]. Las elecciones internas y nacionales corresponden a los años 1999, 2004, 2009 y 2014, mientras que las presidenciales son de 2006, 2012 y 2016. Los números de votantes se normalizaron a los del primer año de cada serie como 100% y los resultados se indican arriba de cada barra.

FA_elecciones_Pais_2016

Lo primero que se observa es lo ya ampliamente analizado sobre las elecciones de autoridades. La disminución de votos desde 2006 a 2016 es constante y en 10 años se perdió el 57% de la votación inicial. Eso quiere decir que 6 de cada 10 votantes del FA en 2006 no se molestaron en ir a votar en 2016 (lo que no significa que no sigan votando al FA; sólo que no les atrajo, por distintas causas, ir a votar las autoridades del conglomerado).

Una segunda observación tiene que ver con las elecciones internas. Aquí se nota un crecimiento en la votación entre 1999 y 2004, seguido luego por una disminución constante hasta 2014. Nótese que aquí sólo 2 de cada 10 personas que votaron en las internas del FA en 1999 no lo hicieron en 2014.

Sólo puede establecerse una correlación entre las elecciones de autoridades de 2006 con la interna de 2009, y la de autoridades de 2012 con la interna de 2014. En la elección de autoridades, el FA cae 23 puntos en la votación, mientras que en las internas producidas posteriormente, cae bastante más, de 113% a 77% (36 puntos porcentuales). Son muy pocos datos como para poder predecir correlación y, aunque la hubiera, la causalidad sólo puede ser inferida del hecho de que es la misma población la que vota y que, posiblemente, actúe en una y otra elección por fuerzas similares, no a nivel individual sino como conjunto de personas. Si la correlación y la causalidad fueran ciertas, la bajísima votación de 2016 para autoridades debería llevar a una nueva baja en la participación en las elecciones internas en 2019 (nótese que ambas comparten la característica de no ser obligatorias).

Las elecciones nacionales, estas sí obligatorias, presentan un patrón diferente, aunque con similitudes. El porcentaje de votación crece entre 1999 y 2004 de la misma forma que lo hiciera en las elecciones internas, pero sigue creciendo en 2009, pese a que ya había decaído el porcentaje de votación en las internas. Entre 2009 y 2014, sin embargo, el voto en las elecciones nacionales desciende, copiando así el comportamiento observado tanto en las elecciones internas 2009 y 2014 como en las de autoridades 2006 y 2012. Este comportamiento entonces refuerza la sugerencia de que el Frente Amplio ha iniciado un declive que, eventualmente, puede devolverlo a votaciones similares a las de 2004 o anteriores en las elecciones nacionales.

FA_elecciones_Montevideo_2016Un análisis un poco más profundo puede hacerse recurriendo a los datos de Montevideo, un Departamento que tiene la ventaja de concentrar una parte muy importante del voto frentista. Si uno se fija la relación de voto entre Montevideo y el total del país, ve que va bajando de un 55% en 1999 a un 43% en 2014, lo que indica que si bien el voto hacia el FA se va corriendo hacia el interior, aún una muy alta proporción está localizada en Montevideo. Tiene sentido entonces usar a este Departamento como un indicador más, lo que se hace en la siguiente gráfica.

Comparando lo que sucedió en Montevideo con el total del país, se observa el mismo comportamiento, sólo que más acentuado. El porcentaje de voto 2006 que se mantiene en las elecciones de autoridades del 2016 es sólo un 35% (frente al 43% del total del país), el porcentaje de votos en las internas de 2004 no sube respecto a 1999, sino que baja (y continúa haciéndolo hasta 2014) y el porcentaje de voto 1999 que se mantiene en las nacionales 2016 es también menor (93% frente al 118% a nivel nacional) y, lo que es más preocupante, menor que el de 1999.

En pocas palabras, todos los efectos que se notan a nivel nacional se observan antes y con mayor profundidad en Montevideo.

Uno podría pensar que los efectos deberían ser opuestos en el resto del país para compensar la caída y explicar que el FA haya crecido marginalmente en el porcentaje de voto en 2014 respecto a 2009 (52.71% vs 52.39%) [8]. Sin embargo, una gráfica similar a la de Montevideo pero ahora con los datos del interior, no indica exactamente eso.
Mirando la evolución del voto para la elección de autoridades, vemos el mismo comportamiento que observábamos para Montevideo y para todo el país. Pero mientras que en Montevideo en 2016 se pierde el 65% del voto de 2006, en el interior se pierde sólo el 50%, lo que explica que en el total del país se haya perdido el 57%.

fa_ELECCIONES_iNTERIOR_2016En el caso de las internas, el interior muestra un comportamiento inverso al de Montevideo hasta 2009: mientras que en Montevideo la participación porcentual baja, en el interior sube. En 2014, sin embargo, se alinea la tendencia y la participación porcentual baja en ambos casos. En Montevideo 2014 queda muy por debajo de la participación en 1999, mientras que en el interior queda aún por encima (indicando la penetración del FA en el interior del país) pero bastante por debajo de la participación en 2009.

Finalmente, respecto a las elecciones nacionales se ve en el interior un comportamiento similar al del total del país, crece hasta 2009 y decrece en 2014. Porcentualmente la votación queda muy por arriba de la de 1999, lo que indica nuevamente la penetración del FA en el interior del país y el hecho de que la votación 2014 en todo el país sea aún mayor que la de 1999.

¿Qué puede deducirse de los análisis anteriores? Las tendencias sugieren que la votación hacia el FA no sólo se ha estabilizado sino que viene decreciendo. La pérdida de 63.000 votos entre 2014 y 2009 es el 27% de los votos ganados antes entre 1999 y 2009, lo que le permitió lograr dos elecciones con mayoría absoluta. El haber conquistado el tercer gobierno con mayoría absoluta fue casi fortuito, producto de un delicado equilibrio entre los votos del interior y de Montevideo y las peculiaridades del sistema electoral uruguayo.

Aunque este estudio no tiene necesariamente valor predictivo, es un análisis del efecto de las políticas del FA en el gobierno durante los últimos años. Esto ha afectado a grandes masas de personas, a algunos favorablemente, a otros desfavorablemente. La tendencia al cambio de forma de pensar (algunos hacia el voto y otros en contra) no es algo que se contrarreste fácilmente. Para que el FA pueda aspirar a tener un cuarto gobierno, deberían conjugarse factores que hoy se visualizan negativos. En particular, la coyuntura económica debería cambiar fuertemente, no en el campo de las expectativas (cosas como ganar el juicio a Philips Morris o anunciar la posible instalación de una tercera planta de celulosa) sino en el de las realidades concretas. Si los tiempos económicos coinciden con los políticos y no surgen elementos en la justicia que problematicen candidaturas, es posible que el FA vuelva a ganar, aunque la probabilidad de que lo haga con mayoría absoluta es muy baja.

Por el contrario, si todo lo anterior no sucede, el FA probablemente no gane. Dependerá de la oposición actual que puedan presentar un frente lo suficientemente unido como para aprovechar el cambio de sentimiento de grandes masas de personas que, muy posiblemente, van a votar más a la izquierda que el FA. El análisis de los patrones de votación desde 1930 a la fecha permite pensar que estamos en un momento adecuado para la eclosión de algún movimiento en esa zona ideológica.

Suceda lo que suceda, es indudable que el ciclo “progresista” se encuentra amenazado (no sólo internamente, sino por la situación del resto de los países latinoamericanos). La actuación del gobierno y la oposición en los próximos años determinarán cuali y cuantitativamente el cambio que debería producirse en 2019.

Oscar N. Ventura

Autor: Oscar N. Ventura

Doctor en Química. Profesor Titular (G5) efectivo, con Dedicación Total (DT) de la Facultad de Química (UdelaR). Director del Computational Chemistry and Biochemistry Group (CCBG). Investigador Nivel 5 del Pedeciba. Investigador Nivel 3 del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

  • Oscar N. Ventura

    El artículo contiene un error involuntario. Los porcentajes correspondientes a 2009 para las elecciones nacionales en todo el país y en el interior deben ser 115% y 137% y no 125% y 158% como está consignado. Esto hace que se modifique la conclusión puntual de que en 2014 hubo un descenso en todo el país (en realidad hubo un pequeño ascenso) y no se ve descenso en el interior, sino al contrario. Las elecciones nacionales, por lo tanto, no registran aún la caída que sí se ve en las elecciones de autoridades y las elecciones internas, a nivel nacional y del interior. Sí se mantiene la caída en Montevideo. Se refuerza la conclusión general de que el FA depende del interior del país para volver a ganar.