Domingo, 10 de septiembre de 2017

MENU

Prevenir para no tener que curar

La renuncia del vicepresidente de la República puede ser analizada desde tres aspectos.

El más sencillo es el el formal.

Hay coincidencia entre todos los especialistas que la renuncia se debe presentar ante la Asamblea General. Si bien la Constitución nada expresa al respecto así ha sido pacíficamente admitido cuando se produce la renuncia de un legislador.

Este la presenta ante el Cuerpo que integra, el que la acepta y da cuenta a la Corte Electoral.

Existe alguna posición minoritaria que afirma que la renuncia se presenta ante esta Corte puesto que ella proclamó al legislador.

De lo que no hay duda es que la misma no se presenta al Presidente de la República y, menos aún, que es este quien la acepta.

El Vicepresidente es el Presidente de la Asamblea General, del Poder Legislativo, y no renuncia ante el titular de otro poder.

El segunda aspecto es el personal.

Desde el punto de vista personal uno lamenta que sucedan estas cosas.

Detrás de quien ocupa un cargo hay una persona, una familia, que sufre por lo que esta viviendo y no deseamos lo que esta pasando.

El tercer aspecto es el político.

La renuncia del vicepresidente impacta en todo el sistema político pero en especial en su Partido, el Frente Amplio.

Las particulares circunstancias en que la misma ocurre, derivada de gravísimas denuncias que están siendo objeto de investigación judicial, no pueden ser soslayadas.

Tampoco banalizadas como se pretendió hacer ayer argumentando que todo esto era por unos pocos pesos.

Es más, todo parece indicar, que lo sucedido este Sábado no es más que un anticipo de lo que iba indefectiblemente a suceder como consecuencia de las investigaciones judiciales.

Que no son por unos pocos pesos sino millones (aunque si fueran pocos eso tampoco es excusa).

Las conclusiones del Tribunal interno del Frente Amplio tuvieron un fundamento sobre todo jurídico de la actuación del vicepresidente.

Si a esas mismas conclusiones llega la Justicia parece muy probable que Sendic iba a ser citado y de existir pronunciamiento y permanecer en el cargo se aplicaría el artículo 93 de la Constitución.

En los hechos este Sábado hubo un anticipo de lo que inevitablemente iba a suceder dentro de dos meses.

Hace mucho tiempo, por lo menos desde el año 2013, desde la oposición se advirtió de lo que sucedía en Ancap.

El Ministro de Economía, Cr. Astori, ha reconocido que él también advirtió de ello al Consejo de Ministro y el entonces Presidente Mújica desde entonces.

La respuesta en aquellos tiempos fue que todos eramos alarmistas y que lo que se estaba haciendo en Ancap eran inversiones.

También se repitió una y otra vez las ya clásicas respuestas de que todo era una maniobra de la oposición, de los medios de comunicación y hasta se habló de ¡una confabulación internacional planificada en los Estados Unidos!

El Presidente de la República se sumó a ello hablando de que su Vicepresidente era objeto de la campaña de bullying más fantástica que se hubiera conocido.

No sólo hubo oídos sordos sino defensa consistente en negar y, sobre todo, culpar a otros de lo que sucedía.

Finalmente este Sábado se llegó a la renuncia del vicepresidente.

Lo que era plan atlanta, culpa de los medios, la oposición y hasta bullying parece que no lo era.

Por las particulares circunstancias en que se da, todo esto debe llamar a la reflexión y a adoptar medidas para que no se repitan estas situaciones.

Reforzar los controles administrativos, darle más poderes y presupuesto al Tribunal de Cuentas y a la Junta de Transparencia y Etica Pública, es imperioso.

Esta última viene reclamando hace rato que se creen nuevas figuras penales como el delito de Enriquecimiento Ilícito.

La ampliación de la figura del arrepentido o la delación premiada, la creación de las del informante y del agente encubierto o la no prescripción de los delitos de corrupción son otros proyectos que esperan ser aprobados en el Parlamento hace rato.

Lo que no se puede es no hacer nada o acusar de lo que sucede a otros.

Es momento de reaccionar.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 57 años.