Lunes, 26 de septiembre de 2016

MENU

Puede y debe rendir más: el sistema universitario también

La frase que las maestras solían colocar en el boletín de calificaciones diciendo “puede y debe rendir más” enviaba un importante mensaje a los estudiantes y sus familias: el alumno tenía las condiciones y aptitudes para un mejor desempeño pero no lo estaba alcanzando por no esforzarse lo suficiente. Es una calificación que bien se puede aplicar al sistema educativo uruguayo incluyendo su nivel universitario.

La cantidad de graduados del sistema de educación superior es una proporción demasiado pequeña de los que ingresan. La explicación generalizada es que los estudiantes vienen con problemas de formación de la educación media, sumado a que muchos estudiantes también trabajan. En todas las instituciones universitarias uruguayas el ingreso es abierto (no hay selección), pero existen “filtros” a lo largo de las carreras, en particular en los primeros años, que generan una especie de darwinismo del que sobreviven los más “aptos”, que suele ser una combinación de formación previa, tesón y en muchos casos, apoyos familiares. La contracara de este panorama son legiones de estudiantes frustrados, que en muchos casos abandonan, o entran en la condición de “estudiante eterno” que el sistema legitima pero no es buena para nadie.

En la educación superior uruguaya predomina un concepto bastante extraño -en términos internacionales- de exigencia. Para nosotros, un profesor o asignatura exigente, es aquella en la que aprueban un porcentaje bajo de los que se presentan. En los países serios en materia educativa, cuando más de la mitad de los alumnos no aprueban una asignatura, el que tiene que empezar a responder preguntas… es el docente. Y si eso sucede en muchas asignaturas, la que tiene explicar la situación es la institución. Porque se aplica un principio básico que es que las instituciones están para enseñar, y si los estudiantes no logran aprender, es un problema a encarar por la institución, y no un mero problema del estudiante y los posibles déficits de formación que pueda tener.

En términos generales, la educación superior no se está haciendo cargo de los enormes problemas de formación que traen muchos estudiantes que ingresan a las instituciones. Tal vez la prueba más evidente de este problema es la enorme cantidad de academias y de profesores particulares que viven de los estudiantes que pierden exámenes, la mayoría de una universidad…  ¡que es gratuita! Para un observador extranjero puede resultar bastante extraño esta “privatización” de hecho, por la cual un estudiante que no paga sus estudios universitarios, deba pagar a un profesor particular (que en muchos es también docente de esa institución o lo fue) para alcanzar los niveles de suficiencia básicos. Y si además se le comenta a este observador, que esa práctica a veces sucede también en estudiantes que van a universidades privadas pagas, no podrá entender que esos estudiantes, ¡están pagando dos veces por su educación! Está tan extendida la idea del profesor particular, que no nos ruborizamos cuando un número importante de estudiantes a punto de recibirse de abogados o escribanos pagan por asistir a una profesora particular para logar aprobar una materia que en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República es considerada “exigente”.

Nuestro sistema universitario tiene importantes problemas y, desgraciadamente, no siempre nos damos cuenta. Algo parecido pasaba en la educación media hasta que aparecieron las pruebas PISA y demostraron que “el rey estaba desnudo”. Algunas iniciativas valiosas para comprender mejor el problema están siendo desarrolladas por algunas facultades de la UDELAR y por universidades privadas, mediante la implementación de pruebas diagnósticas al ingreso universitario. Las mismas confirman lo que se sabe y es que muchos estudiantes vienen con problemas de formación previa. Por supuesto que hay mucha disparidad, entre estudiantes de Montevideo y el interior, dentro del interior con diferencias grandes por regiones, departamentos o incluso dentro de la misma ciudad, y también dentro de Montevideo. Y para sorpresa de muchos, el egresar de un colegio de renombre no siempre está asociado a un buen desempeño, y si, por ejemplo, de un excelente liceo público del interior. Pero seamos claros: estos problemas son de la elite que ingresa al sistema universitario, que representa un tercio de la población de esa edad. ¿Qué haríamos si llegara al sistema universitario más de un 75% de la generación como sucede en Chile?

Este panorama exige algunas medidas de política educativa contundentes. Por un lado para conocer mejor la situación y por otro para apoyar a los estudiantes y superar la “máquina de frustración” en que se ha convertido nuestro sistema educativo. Una forma de aumentar la información para todos los involucrados es instaurar un examen de egreso de la educación secundaria o de ingreso a la educación superior de carácter diagnóstico pero obligatorio. De esa forma las instituciones de educación media tendrían información sobre sus egresados, las universitarias sobre sus ingresantes, y los estudiantes y sus familias mejor información sobre el verdadero nivel de formación adquirida y cierto pronóstico sobre las posibilidades de éxito en la educación superior. Por supuesto que una iniciativa como ésta presenta importantes desafíos metodológicos y administrativos, pero muchos países como Brasil y Chile tienen años de experiencia de la que podríamos aprender. Pero, además, sería imprescindible implementar un conjunto de proyectos e iniciativas para apoyar a los estudiantes con déficits identificados, mediante remediales y cursos complementarios que le permitan llegar a los niveles mínimos que le permitan afrontar con éxito su carrera universitaria. De esta manera le diríamos, “no es tu problema que pierdas muchos exámenes, es nuestro problema y te vamos a ayudar porque en esto estamos juntos”.

En cualquier país del mundo, con estos desafíos, los Ministerios de Educación estarían preocupados por elaborar un plan de reforma, buscando los consensos básicos entre los involucrados y conformando de un equipo competente para implementarlo. Parece no ser el caso de nuestro país.

Pablo Landoni

Autor: Pablo Landoni

Decano del Instituto Universitario Asociación Cristiana de Jóvenes Investigador en el campo de la Educación Superior