Martes, 19 de julio de 2016

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Puntos de contacto entre el Brexit y Uruguay

La salida del Reino Unido de la Unión Europea, el Brexit, tendrá implicancias muy importantes en el devenir de los asuntos no sólo económicos, sino también de los políticos y de los sociales en general.  Y aunque por el momento pase inadvertido, el mensaje que enviaron los británicos puede tener puntos de contacto con demandas que pueden estar emergiendo en nuestra sociedad, que de no atenderlas adecuadamente puede afectar a futuro.

A priori no es fácil adivinar el rumbo que tomarán las cosas a nivel internacional. En principio hay una sensación no favorable, pero que al menos, desde esta parte del mundo tiene un trasfondo más emotivo que racional.

Los uruguayos somos hinchas de Europa. El progreso social que alcanzaron las sociedades europeas tras la Segunda Guerra Mundial fue el ejemplo a seguir. En particular, los uruguayos que fuimos pioneros en el mundo en la implementación de políticas sociales desde los gobiernos de Batlle y Ordoñez siempre prestamos mucha atención al avance de las políticas sociales e intentamos replicarlas en vuestro país.

Por tal razón, el que un país haya decidido democráticamente abandonar un experimento que consideramos exitoso es algo que nos cuesta entender. Máxime cuando el país en cuestión es nada más y nada menos que la segunda economía del bloque.

Quien haya tenido la oportunidad de visitar Londres recientemente habrá apreciado una ciudad pujante, que sigue siendo de las más importantes del mundo pese al cambio del eje del poder económico del Atlántico al Pacífico.

Es junto a Wall Street el corazón financiero del mundo, y en algunas áreas “el” centro. El lugar elegido por las personas más adineradas para fijar su residencia y el lugar de occidente donde más autos de super lujo uno puede encontrar. Para donde uno mire ve grúas que hablan de una ciudad en pleno crecimiento.

Sin embargo, esta sociedad pujante, perteneciente al bloque económico más igualitario del planeta resolvió libremente abandonar la Unión Europea, lo que desde estas costas llama la atención.

Es difícil encontrar una respuesta única, pero al ver en el mapa cómo votaron los británicos quedo bien claro que Londres, Escocia e Irlanda del Norte votaron por permanecer, mientras que el resto eligió salir. Las razones de escoseses e irlandeses pueden estar imbuidas de consideraciones políticas, ya que de alguna manera Bruselas actuaba como un contrapeso a Londres y les permitía cierta autonomía. Que Londres haya elegido permanecer, dada su pujanza, no resulta extraño.

Pero el resto votó por abandonar, y abrumadoramente. Fue un mensaje muy rotundo que seguramente esconde muchas cosas que desde aquí es difícil discernir. Pero claramente es un voto de protesta que marca un claro descontento de la población.

¿Por qué descontento si se trata de una de las economías más prósperas?. El mapa de la votación da una posible respuesta. Si bien Londres es muy pujante el resto del país relativamente no lo es tanto.

El espacio ampliado innegablemente contribuyó al crecimiento global de la economía británica, pero la distribución de ese crecimiento no parece haber sido equitativa. Seguramente los agricultores británicos se vean amenazados por productos provenientes del continente al tiempo que varias plantas industriales cierran trasladándose a otros países del bloque con costos de producción más baratos.

Por otro lado hubo ganancias en el sector financiero, el inmobiliario, las comunicaciones y las nuevas tecnologías, pero esas actividades no se habrían radicado en el lugar de las desplazadas, sino en los centros urbanos.

Como todo texto básico de economía enseña, la apertura económica es mejor que el proteccionismo. Pero esa apertura genera ganadores y perdedores. Y el éxito de las políticas de apertura y liberalización radica en la propia liberalización, pero también en la forma en que se atiende a los desplazados.

Me atrevo a decir que la razón última del descontento radica ahí.  El ciudadano común se ve enfrentado a una gran incertidumbre y en algunos casos falta de expectativas. Por sobre todas las cosas se siente sin las herramientas adecuadas y busca culpables. Tal vez radique aquí el gran debe de las políticas sociales.

Crecen en consecuencia las demandas por mayor protección y la incertidumbre sobre la marcha de la economía mundial es terreno fértil para la adopción de políticas en ese sentido. El tema del proteccionismo no se reduce solamente a aspectos de comercio exterior. La tecnología avanza a una velocidad cada vez mayor y las transformaciones que produce son dramáticas, pero inexorables.

Si bien entre los partidarios del Brexit el proteccionismo no es una bandera (una mayor apertura tampoco), sería un error que Europa sí responda cerrándose al comercio internacional y ampliando las regulaciones internas. Y peor aún que ante esas posibles medidas, el resto del mundo responda de manera similar. Actuar así frenaría el progreso; fue la reacción de los años treinta, y ya sabemos cómo terminó.

El gran desafío de las políticas sociales ante un mundo tan cambiante por los avances tecnológicos y la globalización no pasa por la implementación de medidas asistencialistas de carácter distributivo, sino por la potenciación de los recursos humanos y la permanente adecuación de los mismos y de las políticas a los continuos cambios del entorno.

Los peligros del mayor proteccionismo y el descontento de los británicos no son fenómenos ajenos a nuestro país. Si bien a nivel de la sociedad no se palpa todavía un descontento asociado a la incertidumbre sobre la situación futura de los ciudadanos, pronto puede llegar a serlo. Un reciente estudio de la Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo revela que en pocos años el 54% de los trabajos que realizamos los uruguayos en la actualidad quedarán obsoletos. Con la velocidad en que se producen los cambios todos somos potencialmente descartables.

Si no se reacciona ante ello, cuando todos seamos descartables a quien le echaremos las culpas, ¿al Mercosur?, ¿a China?, ¿al neoliberalismo?.

Ninguno de ellos es el culpable, o al menos directamente. Los problemas son fundamentalmente internos. Las políticas sociales implementadas no dan respuesta a los nuevos desafíos y el quiebre en la sociedad o grieta como está de moda decir en Argentina se agiganta con el paso del tiempo.

Cerrar la grieta no es una tarea fácil y va a llevar mucho tiempo, en algunos aspectos tal vez requiera más de una generación. Pero cuanto más se demore en actuar, más tarde llegarán los frutos. Importantísimos anuncios como la instalación de una tercera planta de celulosa de deben desviar la atención de estos problemas que comprometen el futuro del país.

Salvando las distancias y las distintas realidades imperantes en uno y otro momento, volver al Uruguay de hace cien años puede resultar aleccionador. De aquellos gobiernos se recuerda en particular la Ley de las 8 horas. Pero no se habla tanto de que fue acompañada por avances en materia educativa, con la extensión de los liceos departamentales y las escuelas industriales o la creación de la Facultad de Agronomía y Veterinaria. O las propias empresas públicas, que en última instancia fueron el soporte logístico y de infraestructura para el desarrollo del sector privado.

Se potenció social y económicamente el país para las décadas por venir. Aquellas acciones transformaron a Uruguay en la Suiza de América. Cien años después los desafíos son similares en un contexto internacional probablemente más complejo.

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.