Martes, 13 de marzo de 2018

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¿Qué hacemos con ANCAP?

ANCAP, la empresa pública más grande del país, ha estado desde el inicio de la actual administración en el ojo de la tormenta. Hacer un resumen de los episodios ocurridos en el período 2005 – 2016 sería llover sobre mojado. Como
fuera de público conocimiento, la gestión en el lapso aludido llevó a la empresa a una situación de quiebra técnica, que está siendo subsanada por el aporte de todos los ciudadanos. Pero esta situación, la cual pagaremos en cómodas
cuotas durante unos cuantos años más, ha desviado la atención de un tema más importante en el largo plazo para la vida de esta empresa fundada en 1932, como es su viabilidad económica ante el cambio tecnológico.

Durante el trabajo de la Comisión de Energía formada en 2009 previo al ascenso de ex presidente Mujica, uno de los temas en el que no se alcanzó consenso entre los partidos de la oposición y el partido de gobierno, fue el del
monopolio de la refinación de combustibles. Éste se conserva, e implica que Uruguay deba poseer la infraestructura acorde para producir todos los combustibles derivados del petróleo necesarios para satisfacer la demanda
local. Históricamente, el consumo de derivados del petróleo (naftas, fueloil, gasoil, etc.) estuvo fuertemente influido por dos grandes sectores: el transporte (individual y colectivo), y la generación de energía eléctrica. En el caso de la
segunda (energía eléctrica), la introducción de generación a partir de fuentes renovables no convencionales (ERNC), ha desplazado el uso de derivados de petróleo, y es posible que el avance tecnológico en los próximos años vuelva
competitivas, desde el punto de vista económico, tecnologías de acumulación que se complementarían con las ERNC, disminuyendo aún más el consumo de combustibles fósiles.

Pero el avance de las tecnologías de acumulación puede ser todavía más perjudicial para los intereses de ANCAP, principalmente si estas tecnologías logran abaratar los costos de los vehículos eléctricos, y concomitantemente con
ello, se desarrolla una infraestructura acorde para satisfacer la demanda de recarga. ¿Qué pasaría si un importante porcentaje de las actuales estaciones de servicio se convirtieran en estaciones de recarga? En ese contexto se
establecen condiciones propicias para dejar a ANCAP en una posición extremadamente frágil, con una estructura bastante rígida en costos y una reducción drástica de su demanda.

Si bien estos comentarios podrían ser interpretados por algunos como un ejercicio de ciencia ficción, los antecedentes han demostrado que el avance tecnológico mundial no está acompasado con los tiempos del Uruguay. Ya muchas marcas de vehículos han puesto de manifiesto su incursión en la producción de vehículos eléctricos, e incluso algunas proyectan discontinuar la producción de vehículos con motor de combustión interna.

A esta altura no parece para nada descabellado sugerir que desde todo el espectro político se aborde este tema con la anticipación necesaria, de modo de promover las medidas que permitan a ANCAP enfrentar nuevos desafíos,
porque su supervivencia ya no dependerá de su buena gestión, sino de encontrar una razón de ser, cuando sus principales compradores cambien de proveedor.

¿Vos cómo la ves?

Ciro Mata

Autor: Ciro Mata

Ingeniero Electricista (Universidad de la República, UdelaR, 2003). Postgrado en Administración de Empresas (2004) y Maestría en Administración de Empresas (MBA) (2006), Universidad Católica del Uruguay. Postgrado en Metodología de la Investigación, Universidad de la Empresa en (2012). Ejerció como docente en la Facultad de Ingeniería de la UdelaR y actualmente se desempeña como docente de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad de la Empresa y la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica del Uruguay. Profesionalmente se ha desempeñado en UTE como subgerente del Área Planificación.