Martes, 7 de junio de 2016

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¿Qué relación debe tener la educación media con el trabajo?

La relación de la educación media con el mundo del trabajo es un desafío para los sistemas educativos en el mundo.  Porque la media, o su modalidad mayoritaria, la secundaria, nació como introducción a la universidad. Es más en muchos casos, como en el nuestro, la secundaria nació dentro de la universidad y hace sólo poco más de 80 años que se separó de la Universidad de la República, en un proceso de crecimiento de la matrícula y de la cobertura geográfica.  O sea que hasta una fecha relativamente reciente, en perspectiva histórica, la secundaria sólo tenía sentido como primera etapa, preparatoria y dentro de la universidad.  Pero la independencia institucional no lo fue en los fines y funciones. Junto con las pruebas PISA del 2006, se preguntó a los directores donde se aplicó, cuál era la influencia que tenía el mundo productivo en el currículo de su centro educativo. De los 54 países participantes Uruguay fue donde los Directores valoraron que el mundo productivo tenía menor incidencia en sus currículos (casi el 85% afirmó que no tenía ninguna, sumado a más de un 10% que dijo que era escasa o no significativa).  Es probable que estas respuestas no hayan variado mucho desde aquel entonces.

Sin embargo, la masificación de la educación media que se registró en nuestro país y en muchos otros durante el siglo XX,  puso en cuestión que fuera suficiente con formar para la universidad. El crecimiento reciente de la matrícula de UTU expresa una jerarquización de las vinculaciones de la educación media con el trabajo, en las preferencias de adolescentes y familias, sin esperar o apostar sólo al egreso de los estudios terciarios.  Desde esta perspectiva ¿cuál debe ser la relación entre educación media y trabajo?  Varios economistas han estudiado como los sistemas educativos que tienen relaciones más estrechas y fluidas con el mundo laboral, facilitan los tránsitos entre educación y trabajo y reducen significativamente problemas que son estructurales para la mayoría de los países –entre ellos nosotros-, como el desempleo juvenil, que duplica y triplica al de los adultos.  Esto es lo que muestran los varios casos que aplican los denominados sistemas duales o de alternancia. Consisten en que los estudiantes intercalen prácticas de aprendizaje en empresas, con la asistencia a los centros educativos. Por ejemplo, que algunos días en la semana vayan la escuela y los otros días a la empresa, o una semana en cada lugar. Los períodos no pueden ser largos en cada ámbito, porque el propósito es que en el centro educativo se trabaje sobre la práctica laboral ya hecha y se prepare la siguiente. Esto exige un riguroso diseño didáctico, que aproveche las distintas experiencias, logros y dificultades que los estudiantes van viviendo en el ámbito laboral.  Pedagógicamente estas modalidades parten del criterio que el trabajo es un lugar insustituible hoy para el aprendizaje. Ciertos aprendizajes los conseguimos sólo trabajando y para otros el trabajo resulta la mejor vía para alcanzarlos.  Por eso estas estrategias recurren y convierten al trabajo en un recurso educativo.

En Uruguay la experiencia más larga con esta modalidad es poco conocida, se trata del Ciclo Básico Agrario en régimen de alternancia de la UTU,  que se dicta en ocho de sus escuelas agrarias y también en varias privadas y que lo cursan alrededor de 1.000 estudiantes; en varias escuelas ocurre que sea mayor el número de postulantes que los cupos disponibles. Los resultados que muestra la modalidad son muy buenos comparados con el resto de la educación media, especialmente en cuanto a retención. La oferta existe desde el 97, cuando se transformaron, cursos de formación profesional que existían, en Ciclos Básicos que habilitan a continuar con 4º año de UTU o de secundaria.

Existen otras experiencias en nuestro país de menos alcance en cobertura y en el tiempo, algunas de ellas estudiadas en un libro publicado por OIT/CINTERFOR  (http://www.oitcinterfor.org/livedrupal/sites/default/files/file_publicacion/alternan.pdf). Y este año se ha iniciado una Bachillerato Tecnológico con modalidad dual, a cargo de una institución privada, Anima, que ofrece cursos en informática y en administración.  Por su parte la UTU, además de acompañar esta iniciativa, anuncia el desarrollo de cursos terciarios, también con modalidad dual.

Estas propuestas son relevantes para una buena parte de los adolescentes y jóvenes, que no quieren o no pueden esperar a terminar la educación terciaria para empezar a trabajar. La evidencia muestra que no desestimulan la continuación de los estudios, al contrario, para algunos jóvenes trabajar es la condición para continuar estudiando. El desafío es ofrecerles múltiples alternativas, que puedan responder a sus necesidades y propósitos.

Javier Lasida

Autor: Javier Lasida

Javier Lasida es Licenciado en Ciencias de la Educación de la Universidad de la República, Máster en Ciencias Sociales de FLACSO Buenos Aires y candidato a Doctor en Educación de la Universidad Autónoma de Madrid. Se desempeña como profesor titular e investigador en la Universidad Católica del Uruguay. Fue Director durante 6 años del Programa Projoven del Ministerio de Trabajo de Uruguay. Se ha desempeñado en roles de consultoría, gestión y evaluación de política educativa para varios gobiernos, instituciones privadas y organismos internacionales en Uruguay y varios países de la región. Es autor de libros y artículos en publicaciones académicas y en la prensa, en temas de su especialidad.