Domingo, 21 de mayo de 2017

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Reflexiones por la verdad

La motivación para escribir estas líneas es anecdótica pero da luz sobre varios aspectos de la vida contemporánea en nuestro país.

Hace unos días con motivo de una nueva conmemoración del Día de los Trabajadores el expresidente y actual Senador José Mujica, con su estilo característico realizó declaraciones a la prensa sosteniendo que el objetivo inmediato de los trabajadores debía ser la obtención de la reducción de la jornada laboral a seis horas.

Más allá que estos postulados puedan parecer barnizados en la búsqueda de un mejor nivel de vida para los trabajadores, los mismos no son de extrañar viniendo del expresidente. Sus premisas suelen ir siempre destinadas a despreciar el valor del trabajo e invariablemente ha ido golpeando en lo que la civilización ha defendido siempre como la “cultura del trabajo”. Si para muestra basta un botón, recordemos que en su constante prédica por la reducción del trabajo (en lugar de predicar por su mejora, creación y adecuación) defendió la organización social de los bosquimanos que trabajan un par de horas por día. Por supuesto que no hizo mención a que éstos viven en la más dura pobreza.

En la oportunidad que narro, escribí en Twitter: “Mujica pidiendo reducir la jornada laboral. No es extraño. Destrozó la cultura del trabajo”.

Si bien recibí mucho apoyo a mi mensaje, fueron muchos quienes me dirigieron un virulento ataque. Lamentablemente suele pasar en la lógica que se ha instalado en el uso de las redes sociales donde la tolerancia brilla por su ausencia.

Pero el hecho que más me llamó la atención, fue que las respuestas en general buscaban comparar las posturas esgrimidas con los logros que alcanzó José Batlle y Ordóñez en su lucha por dignificar el trabajo de los uruguayos y alcanzar una sociedad más justa.

Estos hechos me retrotraen nuevamente al dolor que siempre me provoca el éxito alcanzado en la tergiversación de nuestra historia, nuestros valores y el engaño que con demasiado éxito se ha logrado instalar en nuestra sociedad.

En diversas oportunidades nos referimos a ello. Desde las falsedades sobre las intencionalidades de la guerrilla en cuanto al objeto de su lucha, pasando por el papel que jugó cada protagonista en los sucesos que desencadenaron en la dictadura militar hasta llegar a la equiparación de las políticas oficialistas de la actualidad con la impronta batllista, continuamente se instala un análisis sesgado carente de andamiento histórico.

En particular me irrita la constante prédica que desde diversos ámbitos, algunos de sesudos académicos busca equiparar al batllismo con la ideología frenteamplista.

Que el Frente Amplio haya logrado alcanzar el gobierno por tres períodos consecutivos, cosa sólo lograda hasta ahora por el Partido Colorado, no amerita concluir como muchos hacen que dicha fuerza política emula al más exitoso movimiento reformista que haya existido en el mundo en un marco de democracia y libertad como lo fue sin lugar a dudas el batllismo.

Que desde el gobierno se busque demostrar intencionalidades de generar niveles de igualdad para la sociedad no implica que ello redunde en mejorar el horizonte de desarrollo de dicha sociedad en su conjunto y de sus integrantes en forma individual.

Por encima de todo, lo que debemos comprender es que el ideario batllista que supo posicionar en los comienzos del siglo XX al Uruguay a la vanguardia del mundo, lo que siempre buscó fue empujar a los individuos hacia arriba, bregar por una igualdad en la constante mejoría de los niveles de satisfacción de la población obtenida por la generación de oportunidades. Todo ello muy lejos del achatamiento que se predica en la actualidad, donde los valores culturales son despreciados y el sentir del artículo 8º de la Constitución que propugna que sólo se reconocerá entre las personas como distinción sus talentos y virtudes es despreciado.

Capítulo especial requiere también el verdadero sentido de la visión que siempre tuvo el batllismo de la misión del Estado y su comparación con la que mantienen las distintas fuerzas de izquierda del actual gobierno.

Batlle no visualizaba una participación activa del Estado en la vida de los individuos como un fin en sí mismo. Por el contrario, basado en los postulados krausistas encarnados en las ideas del filósofo Heinrich Ahrens, sostenía que el Estado debía actuar firmemente en todo aquello en que los privados no tenían posibilidades de incidir positivamente. Es decir, un fuerte Estado al servicio del mejor desarrollo de los individuos y no en lucha contra ellos.

Humanamente es posible entender que actores políticos busquen cubrirse con los ropajes que tan exitosos fueron en la conformación de una sociedad como la nuestra que supo ser próspera no sólo en lo económico, sino también en lo cultural, social y educativo. Lo que no es admisible es que para ello se induzca al error, al engaño y a la falsedad histórica.

Como expresara Cicerón: “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños”

Max Sapolinski

Autor: Max Sapolinski

Es Contador Público egresado de la Universidad de la República, integró la Asesoría Económico Financiera del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, Director General de Secretaría del Ministerio de Turismo, Subsecretario del Ministerio de Economía y Finanzas y del Ministerio de Turismo. Entre 2006 y 2008 fue Presidente de la Comunidad Israelita del Uruguay. Gerente del Seguro del CASMU y entre 2010 y 2012 fue Director de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (URSEA).