Jueves, 24 de agosto de 2017

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Repensando el Mercosur (post socialismo siglo XXI-bolivariano- vamos por todo)

El Mercosur, que al momento de su fundación en el año 1991 albergó tantas esperanzas que con el paso del tiempo se fueron desvaneciendo, se encuentra nuevamente ante un momento de definiciones cruciales.

El acuerdo de integración tuvo en sus orígenes un carácter comercial, que fue mutando hacia uno de claras connotaciones políticas. Hoy parece querer volver a sus orígenes.

El espíritu al que se quiere volver fue olvidado a lo largo de los últimos quince años. En dicho período coincidieron en la región gobiernos de una orientación similar, que podemos etiquetar como socialismo del siglo XXI-bolivariano-vamos por todo-inclusivos e incluyentes. No soy politólogo ni filósofo, pero tengo la impresión qué si a una corriente o ideología se la define de una manera tan extensa, se trata en realidad de una cáscara vacía y que en última instancia se trató de una gran distribución de un ingreso con fines políticos, que creció de la mano de excepcionales precios de exportación.

La propia realidad me esta dando la razón, y lamentablemente estamos viendo como Venezuela se aproxima a pasos agigantados a convertirse en un estado fallido, si ya no lo es. El kirchnerismo redujo su preponderancia a los estratos más pobres de la Argentina y perdió el apoyo de las capas medias, Brasil soportó la crisis económica más prolongada en décadas y en Ecuador el nuevo presidente, delfín y vice del anterior, se está demarcando de su mentor. El factor desencadenante de todos estos cambios políticos no es otro que el descenso de los precios internacionales y la incapacidad de los gobiernos de seguir con sus políticas distributivas.

No hay que ser un economista muy versado para comprender que la situación por la que atraviesan las distintas economías latinoamericanas es fruto de las malas políticas del pasado reciente.

Buenos precios de los commodities aumentan los ingresos por exportación. Ese mayor ingreso se “distribuyó” atendiendo las necesidades de los más pobres de la sociedad. Esta es una combinación explosiva, ya que el ingreso de divisas por exportación aprecia las monedas locales al tiempo que el gasto social es por definición no transable. Estas fuerzas operando a la vez deterioran la competitividad de las economías, cuyos aparatos productivos se van reduciendo al sector que enfrenta buenos precios de exportación y el comercio. Los restantes sectores, sobre todo la manufactura con mayor contenido de mano de obra se ve afectada y se va replegando.

Cuando caen los precios de exportación se desmorona el andamiaje y caen los ingresos. La política social no puede continuar ya que los sectores que se replegaron perdieron tanta competitividad que no están en condiciones de suplir a los que enfrentan caídas de precios, entre otras cosas porque a ellos también los afecta la caída de los precios internacionales.

En este contexto es que en la última reunión de presidentes del Mercosur se resolvió apurar los plazos para alcanzar un acuerdo con la Unión Europea y explorar otras asociaciones.

Pero la noticia más importante surgió en los últimos días en Brasil, donde se aprobó una ley de flexibilización laboral. El otrora aspirante a potencia internacional está buscando salir de una grave crisis económica, siendo esta ley un aspecto fundamental en la búsqueda de mejorar la competitividad perdida en los últimos años.

Ello tuvo repercusiones en nuestro país, que, con matices, no escapó a los grandes lineamientos de política implementados en la región en los últimos años. Es más, el acercamiento a nuestros vecinos pasó por el “más y mejor Mercosur” y el “colgarse al estribo de Brasil”.

Esa estrecha relación, en momentos en que precisamente son nuestros vecinos los únicos mercados ante los cuales el país es medianamente competitivo generó temores en todos los actores. Los empresarios por las pérdidas de mercado y el Pit por la pérdida de poder que puede sufrir si se adoptasen internamente medidas similares.

El gobierno, en una medida que me cuesta entender solicitó aclaraciones a Brasil. Se aduce una declaración del Consejo Consultivo Económico Social del Mercosur. Más allá de lo que diga esa resolución, no es vinculante y se trata de una medida interna del país vecino de la que formalmente no debe informar a nadie. Vaya si los uruguayos sabremos de esto; todavía se recuerda la devaluación del real de enero de 1999.

El verdadero problema no es Brasil, sino la baja competitividad de la economía uruguaya. Un gasto descontrolado que crece en pasividades y en un sistema nacional de salud que cada vez se asemeja más a un barco a la deriva y falta de acciones o “políticas públicas” como se dice en la actualidad, tendientes a mejorar la productividad de la economía constituyen un lastre difícil de soportar. Los datos sobre aumento de desempleo, concordatos y cierre de empresas no son caprichosos.

Pero en este contexto surge una luz de esperanza. Los socios del Mercosur están embarcados en procesos de apertura y desregulación. Ese es el camino que debe seguir Uruguay. En el pasado reciente estuvimos encorsetados en un acuerdo que no nos favorecía, los vientos están cambiando y parece que ahora sí nos beneficiaría.

Es momento entonces de replantear el Mercosur. Los momentos a favor o en contra están vinculados en gran medida a las políticas aplicadas por nuestros vecinos. Atendiendo a eso y aprovechando una concordancia de miras en cuanto a la apertura de mercados parece buen momento para replantearse la institucionalidad del bloque y enfocarlo hacia un acuerdo que, independientemente de las orientaciones económicas de los gobiernos de turno, le permita a cada uno aprovechar, a su manera las oportunidades que ofrece el mundo. Pensarse como una zona de libre comercio parece entonces lo más adecuado.

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.