Miércoles, 2 de mayo de 2018

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Se acabó la fiesta y hay que agudizar el ingenio

La tradicional siesta veraniega se acortó y ya el 24 de enero la movilización de los productores autoconvocados puso los motores en marcha antes de lo pensado. Hace tiempo que el sector productivo se viene quejando del deterioro de los márgenes de rentabilidad. Como no fue escuchado resolvió juntarse y expresar su descontento.

Desde entonces se han sucedido o mejor dicho se han divulgado distintas cifras relativas al funcionamiento de la economía que avalan el descontento de los productores. Podemos sintetizar la situación como de pérdida generalizada de competitividad.

El concepto de competitividad es bastante amplio y puede dar lugar a varias lecturas, no necesariamente todas similares. Pero si entendemos por competitividad a la capacidad de un país (o industria o empresa) de colocar exitosamente su producción en los mercados internacionales no cabe la menor duda de que allí radican los problemas que enfrentan los distintos sectores productivos.

Esa pérdida de competitividad es la contracara del encarecimiento relativo que experimentó el país en los últimos tiempos, que lo ha tornado como uno de los más caros del mundo.

Reconocido, o mejor dicho padecido este hecho, el tema es cómo resolverlo. Quien lo sufre directamente pedirá determinadas soluciones que podrán serles de utilidad a su actividad, pero no a otras. O tal vez pueden ser parches de corto aliento, que lleven a problemas mayores a futuro.

Es por eso que hay que adoptar las medidas correctas y en primera instancia, la convocatoria a una mesa de diálogo entre los distintos actores hizo mucho sentido.

Lamentablemente quedó en eso. Ya sea por falta de voluntad política, aunque suene contradictorio por motivaciones políticas, y hasta por restricciones políticas, no soy optimista de los resultados que se puedan alcanzar en estas instancias.

La razón es que la principal causa del encarecimiento del Uruguay se debe al tamaño, composición y financiamiento del sector público. Si no se opera a este nivel es muy poco lo que se puede alcanzar de manera sostenible. A su vez, en el corto plazo, por mejores acciones que se adopten, es poco lo que se puede cambiar.

Pero por eso mismo, por que requiere tiempo, es que no se puede perder más tiempo y ya habría que estar tomando medidas para evitar males mayores a futuro.

Como tampoco soy optimista al respecto, me temo que el próximo gobierno que asuma el 1° de marzo de 2020 se verá obligado a implementar un ajuste.

Trataré de explicar el porqué.

De los distintos reclamos, el que “aparece” como de más fácil solución es el del valor del dólar. Si el encarecimiento de Uruguay se debe a que la cotización del dólar cae al tiempo que suben los restantes precios, la solución parece fácil, subamos el tipo de cambio y santo remedio.

Pero las cosas no son tan fáciles. En primer lugar, por que rige en Uruguay un sistema de flotación cambiaria (a diferencia del pasado en que el sistema era fijo), por lo que el valor de la divisa estadounidense es el que le asigna el mercado.

Se me dirá que la mayor oferta de divisas se debe a un ingreso de capitales atraídos por el diferencial de tasas que ofrecen las letras del BCU en pesos. Eso es cierto, pero en parte.

Es cierto que se dio un ingreso de capitales a partir del segundo semestre de 2016, lo que presionó a la baja del tipo de cambio.

En una economía sana y estable, en situaciones de este tipo es el gobierno quien compra los dólares excedentes con su superávit primario. Los capitales ingresan en situaciones de crecimiento económico (de hecho, lo exacerban), cuando los gobiernos recaudan mucho.

De esta manera se evita que baje la cotización, se permite que ajusten los precios relativos y se termina normalizando el flujo de divisas, desincentivando el ingreso de los capitales especulativos.

Cuando el gobierno no tiene con qué comprar esos dólares por que se gastó todo, se le pide al BCU que intervenga. Al comprar dólares el BCU emite, esa emisión con potenciales efectos inflacionarios debe ser esterilizada, para lo cual se emiten letras. Para que el mercado las acepte debe ser a una tasa atractiva, lo que induce a nuevos capitales a ingresar y se va formando una bola de nieve que, al día de hoy asciende a US$ 10 mil millones.

Con el agravante que sobre ese stock hay que pagar intereses que se pueden estimar en 1,2 puntos del PIB. Un mayor gasto público con un gran impacto distributivo hacia los más ricos de la sociedad e inversores extranjeros.

La buena noticia es que las subas de tasas en EEUU frenarán el ingreso de capitales, por lo que las presiones a la baja del tipo de cambio se amortiguarán. Pero el daño ya está hecho.

El culpable de todo ello en última instancia es el gobierno, que gasta cada vez más y su déficit no se puede abatir.

Las medidas correctivas entonces pasan por achicar el gasto público. Aquí es donde nos enfrentamos a problemas serios ya que gran parte de ese gasto es rígido a la baja. Es más, algunos componentes como las pasividades han adquirido vida propia ya sea por factores demográficos como por medidas adoptadas en el año 2008 cuando casualmente era ministro de Economía quien ejerce el cargo en la actualidad.

Ello habla de la imperiosa necesidad de encarar una nueva reforma del sistema atendiendo todos sus parámetros. En esa línea a fines del pasado año el senador Bordaberry presentó un proyecto de ley que difiere la edad de retiro.

Otro componente del gasto que creció en los últimos años es el costo del Sistema Nacional Integrado de Salud.  A la luz de las investigaciones parlamentarias parece claro que el gasto global en salud merece una revisión. No se trata de eliminar derechos ya adquiridos, pero sí de usar más eficientemente los recursos.

Lo mismo puede decirse respecto del número de funcionarios. 70 mil ingresos netos en las tres últimas administraciones, aproximadamente la mitad en educación (¿maestros o mucho administrativo?).

Aquí hay paño para cortar. Pero no es automático y la solución pasa por no cubrir las vacantes.

La sociedad parece estar entendiendo la importancia de la educación como el único camino que otorga las herramientas para poder salir adelante y progresar. Es claro que para ello se necesitan más recursos, de los que no se dispone.

Reconociendo los esfuerzos realizados al respecto en los últimos gobiernos, llegó la hora de rendir cuentas. Es momento de apelar verdaderamente a la incentiva y no de seguir demandando recursos. En la medida que el país crezca podrá ir destinando cada vez mayores recursos.

Pero para ello debe ser lo suficientemente atractivo para la radicación de inversiones, las que están evitando al Uruguay ante las expectativas negativas de retorno.

En resumidas cuentas, el camino para recomponer la rentabilidad del sector productivo radica en última instancia por el abatimiento del gasto público en términos del PIB. El primer paso de este proceso que llevará su tiempo sería que la próxima Rendición de Cuentas resulte sin aumento del gasto como un gesto a la próxima administración que deberá profundizar este camino.

Ello no sólo sería un gesto de cortesía (no espero que suceda) sino que sería también una señal al sector productivo de que las correcciones están en marcha. Ello sin duda impactaría favorablemente en el humor empresarial y ya sabemos cómo influyen las expectativas sobre la marcha de los negocios.

Horacio Bafico

Autor: Horacio Bafico

Economista Egresado de la UdelaR. Profesor de Economía y Sociedad Uruguaya e Indicadores Económicos en la en la Universidad ORT. Dicta clases sobre Fundamentos Económicos del Diploma de Especialización en Desarrollos Inmobiliarios en dicha universidad. Asesor de la Cámara de Industrias del Uruguay 1987-1995. Asesor de la Asesoría Macroeconómica y Financiera del Ministerio de Economía y Finanzas entre 1999y 2003. Director de dicha Asesoría entre 2003 y 2004. Asesor del Director Ejecutivo por Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay en el Directorio del Banco Mundial. El cargo implica la representación del Uruguay ante el Directorio del Banco Mundial (2004-2005). Consultor de organismos internacionales (BID, PNUD, OIT). Consultor y asesor de empresas en temas económicos y financieros.