Domingo, 1 de abril de 2018

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¿Se vienen nuevos tiempos en la América del Sur?

Cuando dentro de unos años se analice sin pasión y con perspectiva los últimos 10 O 12 años que se han vivido en América del Sur los autodenominados gobiernos “progresistas“ serán recordados por muchas cosas.

En especial se recordará la corrupción galopante que los ha caracterizado.

No es que la corrupción haya llegado con ellos.

No.

Existió siempre y será muy difícil que no exista en el futuro.

Lo que es una nota distintiva de estos años son los cientos de millones de dólares que se embolsaron. El desparpajo con que lo hicieron.

Es como si hubieran dicho “ahora nos toca a nosotros“ y con voracidad hayan empezado a llenar la bolsa.

La imagen que mejor lo resume es la de José López (Lopecito) ex secretario de Obras del gobierno progresista de Cristina Kirchner.

¡Lo agarraron tirando bolsos llenos de billetes para adentro de un convento de monjas a la medianoche!

Argentina sufrió un verdadero saqueo en esos años de gobiernos progresistas.

Las imágenes de personas que no contaban la plata que se robaba sino que la pesaban, los hoteles vacíos en la provincia presidencial por los que se pagaban cuantiosos alquileres, se sumaron a ello.

La propia Presidente Kirchner comprando alhajas y ropa por miles de dólares en la casas más exclusivas de Roma y los muchos sindicalistas, entre ellos varios que llegaron al Uruguay, que vivían en mansiones fueron una bofetada para quienes creyeron en las promesas que estos pseudo progresistas hicieron.

Prometieron gobernar para el pueblo, honradez y lucha contra la corrupción y se llenaron los bolsillos con dinero que se podría haber destinado a escuelas, hospitales, infraestructura y menos impuestos (de paso cabe señalar que esta fue otra característica: el aumento de los impuestos y la recaudación).

Lo que sucedió en Argentina se repitió en otros países.

Los campeones en cuanto a montos fueron los brasileños.

Petrobras, Lava jato, Odebrecht, Lula, la propia Dilma, Bené, Dirceu y muchos más compusieron una trama que, como no podía ser de otra manera, llega a la pantalla de mano de Netflix.

La defensa que hacen hoy los de izquierda es que el actual Presidente Michel Temer también está acusado.

Pobre razonamiento que olvida que Temer era el compañero de fórmula presidencial de la propia izquierda progresista con Dilma Rousseff.

Ni que hablar de los campeones que lideraron todo al comienzo de este desvarío que hemos sufrido: Chavez y Maduro.

El plan concebido por el primero en base a petrodólares que el segundo no tuvo fue exportar el modelo del socialismo Siglo 21 al continente.

Lo que logró fue esparcir corrupción y terminó con un gobierno en el que el narcotráfico y la corrupción se mezclan con la política y terminan con opositores presos, falta de Democracia e independencia de los poderes.

Hay más países que sufrieron estos embates.

El nuestro está en la región y no ha sido ajeno.

Ministros y jerarcas de entes procesados y acusados ante la Justicia han sido también una nota distintiva de estos años en el Uruguay.

Con algunas semejanzas y diferencias.

Las petroleras estatales, llámese PDVSA, Petrobras, YPF o Ancap estuvieron en el ojo principal de la tormenta.

En el Uruguay sin embargo hay algo que nos distingue: muchos de los procesados y sometidos a la Justicia son integrantes de un Partido que aún está en el gobierno.

Lo que no es poca cosa y habla muy bien de la independencia de nuestra Justicia.

Los corruptos K empezaron a caer en Argentina cuando cambió el gobierno. Los de Venezuela son denunciados en foros internacionales pero tienen la seguridad que les da el poder. En el Uruguay y en el Brasil los magistrados no se amilanan y avanzan aún contra quienes están en el poder.

Desde la salida de las dictaduras en la década del ochenta nuestros pueblos parecen haber ido tomando decisiones similares.

Años antes o años después elegimos gobernantes similares.

Elegimos presidentes de centro, hábiles políticos y no extremistas como Julio María Sanguinetti, Raúl Alfonsín, Tancredo Neves, José Sarney o Patricio Aylwin para lidiar con las complejas transiciones.

Fueron años de cambio en paz, la casa está en orden y de recuperación de Democracia.

Luego los pueblos nos volcamos a gobernantes de ideas aperturistas en lo económico y de integración en lo internacional como Luis Alberto Lacalle, Carlos Menem, Collor de Mello y Eduardo Frei.

Fueron tiempos de apertura económica, intentos de modernización de la burocracia y de integración regional. No exentos de acusaciones de corrupción pero que no llegaban a la escala y los montos de la actualidad.

A finales de los noventa y principios de este siglo los pueblos volvimos a elegir gobernantes de centro como Jorge Batlle, De la Rúa, Duhalde, Fernando Henrique Cardoso o Ricardo Lagos.

Fueron tiempos de crisis económica, de sacudones graves de la economía.

Sin acusaciones, por lo menos graves, de hechos de corrupción.

A partir de ese momento llegaron los gobiernos que se autodenominaron progresistas.

Fue el momento de los Lula, Dilma, Néstor Kirchner, Cristina Kirchner, Tabaré Vázquez, José Mújica, Michelle Bachelet, Lugo y la presencia permanente de los Chavez y Maduro.

Muchas fueron las denuncias de corrupción en estos años.

Muchísimas y por montos enormes.

Hoy parece empezar un nuevo tiempo con el Ingeniero Macri en Argentina y la nueva Presidencia de Sebastian Piñera en Chile.

Tiempos de respuesta a las demandas de los ciudadanos y no de promesas populistas y corrupción.

Ojalá sea así.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 57 años.

  • gonzalo chaves

    Lo precisamos Dr. Bordaberry. Ud debe ocupar un lugar en un espacio de notables que seguramente deberan aparecer para volver a nuestras raices, tanto en materia de seguridad, como de enseñanza, como de lucha contra la corrupcion!

  • SantiMiguel

    Duhalde no fue elegido. “Resultó” presidente como corolario de los presidentes de la “puerta giratoria”. Fue elegido como gobernador de BsAs.

  • Winston Puñales

    Senador: los magistrados que no se amilanan son uno de los productos de nuestra gente. En ella, tengo fe. Por eso mismo, le hemos pedido que no afloje. No importa el “color”, la honestidad y la rectitud no lo tienen.