Martes, 11 de octubre de 2016

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Sic transit

Hace muchos años, un amigo argentino después de expresar su cariño al Uruguay y a sus virtudes hizo referencia al carácter conservador de los uruguayos y para respaldar su opinión al respecto, me hizo el siguiente relato: “En oportunidad de un importante congreso de astrofísicos, luego del análisis de múltiples estudios e investigaciones se llegó a la conclusión de que un enorme asteroide iba a chocar contra la tierra produciendo efectos absolutamente catastróficos. Cuando se difundió, en ese congreso, la terrible noticia, cundió en casi todos una enorme angustia y una profunda desesperación. Pero, para la sorpresa de la mayoría de los científicos allí presentes, una docena de ellos, que se habían reunido separados de los demás, mantenían la calma y manifestaban una particular tranquilidad. Frente a ese panorama el Presidente de la Conferencia, increpándolos, les preguntó: ¿Cómo es posible que ustedes no estén preocupados, no estén llamando a sus respectivas familias y mantengan una sorprendente calma frente al cataclismo que se nos avecina?”. La respuesta que recibió fue aún más sorprendente:”Nosotros encontramos un solución satisfactoria. Nos vamos al Uruguay donde todo pasa 15 o 20 años después…”.

Y la verdad es que, al margen de ese relato jocoso, la sociedad de la que formamos parte es muy renuente a cambiar.  Sería muy larga la lista de las cosas y las ideas que han permanecido demasiado tiempo y que fueron rápidamente olvidadas en otros países. Nuestro Código Penal tiene más de  80 años de vigente y si bien se le hicieron algunas enmiendas y se agregaron otras tipificaciones penales, es claro que sufre de obsolescencia. El Código del Proceso Penal aparentemente  sería puesto en funcionamiento en breve plazo pero hace mucho tiempo que debió estar operativo, En el plano tecnológico, cuando en Estados Unidos y Europa existía televisión desde fines de la década de los 40, aquí comenzó, en forma casi experimental, con Saeta T.V, en el antiguo predio de la exposición, a fines de la década siguiente. Lo mismo con la T.V. a color, cuando en los años 70 muchos países disponían de esa tecnología y en la Argentina se difundió en el año 1978, aquí demoró cuatro años más. La T.V. cable, existía en el vecino país  desde principios de los 80. En el Uruguay, se autorizó su utilización a partir del año 1993. Y lo mismo podemos decir de las ideologías, hace más de un cuarto de siglo cayó el muro de Berlín y se produjo la implosión del sistema comunista de la Unión Soviética y simultáneamente, la República Popular de China,  que fue durante mucho tiempo un paradigma del sistema comunista, se iba transformando en un formidable  país de economía capitalista demostrando de ese modo el fracaso que esa ideología experimentaba en el mundo.  A pesar de ello, en el Uruguay, todavía hay miles de personas que siguen abrazados a la bandera roja con la hoz y el martillo, que tienen al Capital de Karl Marx  como guía y que predican  la lucha de clases y la dictadura del proletariado.

Hace aproximadamente 2500 años, Heráclito, para dar una idea del mecanismo  de los cambios dijo “nunca nos bañamos en el mismo río” y lo dijo porque el río cambia constantemente y nosotros también cambiamos. Por su parte, a mediados del siglo XIX, Charles Darwin, desarrolló una teoría que tiene su base fundamental en el cambio, porque evolución, significa cambio y sostuvo que “las especies que sobreviven no son las más inteligentes ni las más fuertes, son aquellas que tienen la mayor capacidad de adaptarse a los cambios”.  El cambio pues, como dijo Napoleón Bonaparte, es lo único constante y es imprescindible, parafraseando a Darwin, adaptarse para sobrevivir a esa circunstancia fatal e ineluctable.

Pero esa necesidad ahora tiene un nuevo aditivo: el de la velocidad en los cambios. El hombre más rico del mundo y poseedor de un talento excepcional, me refiero a Bill Gates, en su libro “Los negocios en la era digital”, ed. Sudamericana, Buenos Aires 1999,p.13) vaticinaba lo que iba acontecer a nivel empresarial en el presente milenio, al afirmar “Si los años ochenta fueron el decenio de la calidad y los noventa el de la reingeniería de procesos, el primero de los 2000, será el de la velocidad. De la rapidez con que cambiará la naturaleza de las empresa. De la rapidez con que se desarrollarán las transacciones. De cómo, el acceso a la información cambiará el estilo de vida de los consumidores y las expectativas planteadas a las empresas”. Y esa velocidad en los cambios se da en casi todas las actividades humanas, a veces generando verdaderos contrasentidos, así, en nuestro querido país, hay personas que se aferran a fórmulas perimidas, sin perjuicio de que utilicen un smart phone, que en su casa además de TV cable, reciban Netflix, que dispongan de una laptop y estén en Twiter, Facebook, Linkedin, envíen mails, mensajes de texto y se comuniquen, por Skype, WhatsApp o por cualquier otro adelanto tecnológico. Curiosamente, muchas de esas personas son acólitas de fórmulas perimidas y rechazan los cambios que nuestra sociedad necesita. No aprecian que los cambios son inevitables y que tenemos que adaptarnos a esos cambios porque si no lo hacemos vamos a perder, una vez más, el tren de la historia para quedarnos enganchados en el pasado. Y cuando digo cambios lo digo tanto a nivel privado como a nivel del gobierno.

A nivel privado son múltiples los ejemplos que podríamos dar pero quizás lo de UBER sea lo más ilustrativo. No se puede competir con UBER y , en un futuro próximo, con CABIFY, persiguiendo a los que desarrollan esa actividad, hostigándolos y bloqueando con cientos de taxis 18 de Julio. Se debe competir, primero, exigiendo que esa empresa y los vehículos asociados cumplan con las normativas vigentes, desde B.P.S., D.G.I. Ministerio de Trabajo, matrícula especial, libreta de chófer profesional, seguro especial, etc. Y luego dotando a los taxis de un software similar al que utiliza UBER, donde no se maneje dinero efectivo, con unidades modernas, sin mamparas y limpias, con los chóferes bien vestidos y con tarifas razonables. Se dan circunstancias favorables para esos cambios como, sin duda, lo es el hecho de que en el Uruguay todo el que perciba cualquier tipo de remuneración por su trabajo va a disponer de una tarjeta de débito y hay una enorme mayoría que dispone de tarjetas de crédito. Los propietarios de taxis deben adaptarse a los cambios. UBER Y CABIFY no inventaron la pólvora, hace ya bastante tiempo que operan con éxito en otros países. Sin embargo las patronales de taxis siguieron en lo mismo, cuando era inevitable que esa competencia se iba a presentar. Están a tiempo, si mejoran los servicios, las ventajas comparativas que pueden ofrecer por su personal especializado, su parque automotriz y toda su estructura organizativa puede ser un factor de triunfo. Pero obviamente, deberán adaptarse para sobrevivir exitosamente.

A nivel del gobierno, al nivel de las autoridades nacionales, también es indispensable el cambio. El Señor Presidente de la República Dr. Tabaré Vázquez mantiene a un Ministro del Interior que no ha generado los cambios que se requieren y que después de siete años de gestión ha alcanzado resultados negativos y a una Ministra de Educación y Cultura que tenía por objetivo principal el cambiar el ADN de la educación y lo primero que hizo fue defenestrar a aquellos que estaban capacitados para lograr ese resultado. Y se trata de dos secretarías de Estado fundamentales en la conducción de la cosa pública que refieren, nada menos que a la seguridad y a la educación.

Las encuestas lo indican de manera enfática: la mayoría de la población del país no está conforme con lo que se está haciendo por el gobierno tanto en materia de seguridad como en materia de educación. Esos ministerios no están funcionando bien y cuando eso sucede, está en la tapa del libro, parece propio de una lógica incontestable que cuando algo no funciona hay que cambiarlo. Por eso apostamos a la razón, aún a sabiendas que, con este gobierno, si se procede así es probable que uno se equivoque y pensamos que el Presidente Vázquez debería sustituir a los dos ministros mencionados.

Recientemente, dos glorias del fútbol uruguayo, me refiero a Juan Ramón Carrasco y a Jorge “Polilla” Da Silva, que fungían como entrenadores de los clubes River Plate y Peñarol, fueron sustituidos. Seguramente, las respectivas comisiones directivas adoptaron esas decisiones con pena y disgusto, por los triunfos que ambos futbolistas le aportaron, en el pasado,  a sus respectivas instituciones, pero al final, cuando los resultados no se dieron, no tuvieron otra opción que cambiar. Confiemos que el Presidente Vázquez haga lo mismo con el Ministro del Interior y con la Ministra de Educación y Cultura. Pienso que si no lo hace, si no cambia, es poco probable que el Frente Amplio pueda sobrevivir en las próximas elecciones como la fuerza política más poderosa del país. Todo ello sin perjuicio de los cientos de miles de votos que podría aportar la candidatura de un dirigente impoluto y de gestión paradigmática como lo es el Licenciado Sendic que podría dejar sin base fáctica al aserto que acabo de realizar.

Edison González Lapeyre

Autor: Edison González Lapeyre

• Catedrático de Derecho Internacional Privado, Derecho Internacional Público y Derecho Diplomático en la UDELAR • Profesor de Derecho Internacional Marítimo de la Academia de Derecho Internacional de La Haya. • Asesor Letrado, Director del Instituto Artigas del Servicio Exterior, Director de Asuntos Culturales, Director de la Consultoría Jurídico - Diplomática • Embajador ante los gobiernos de República Dominicana, Barbados, Haití y Granada y representante Permanente ante la OEA. • Negociador en el Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo, el Estatuto del Río Uruguay, el Tratado para el desarrollo de la Cuenca Hidrográfica del Río Cuareim y el Acuerdo de Extradición y Cooperación Judicial con EEUU. • Integró el equipo legal del Uruguay en el juicio ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya en una primera etapa. • Autor de más de 150 publicaciones de su especialidad.