Viernes, 6 de octubre de 2017

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Sobre los programas

El próximo año será de elaboración programática con vistas a las elecciones de 2019.  En una columna reciente Adolfo Garcé en El Observador (del 20.09) plantea que, entre los dilemas de la oposición, está el enfoque a darle a sus propuestas programáticas. Considerando que será clave la captación de algunas decenas de miles de electores que apoyaron al Frente Amplio en las elecciones anteriores, caracteriza el dilema entre dos enfoques. Por una parte la perspectiva de “similitud”, a través de un “discurso centrista, moderado, inclinado a la izquierda, con tonalidades frenteamplistas” y por otra el enfoque de la “diferencia”, orientado a “enunciar claramente una propuesta de gobierno alternativa a la frenteamplista”.   La columna  mueve a una reflexión relevante para evitar que las elaboraciones programáticas sean ritos vacíos de contenido, con los que exige cumplir el calendario electoral.  Es en este sentido que quiero hacer algunos comentarios, motivado por los de Garcé.

Una primera consideración  es que el dilema no es demasiado diferente para el Frente Amplio. La columna de Garcé está focalizada en la oposición, pero cabe agregar que las propuestas del partido de gobierno, con las debidas diferencias de posicionamiento respecto a la oposición, también pueden limitarse a defender lo hecho, ofreciendo simplemente más de lo mismo, probablemente con un elenco renovado o, también –si bien reivindicando lo realizado-, pueden proponer avanzar llevando adelante cambios importantes.

Un segundo comentario es que la  “similitud” o “diferenciación” es cierto que es un dilema de enfoque general de las propuestas y del discurso de cada partido, pero a la vez no deberían desconocerse diferencias muy importantes que existen por área temática.  El riesgo a evitar es que las  propuestas de  diferenciación se confundan con las épicas refundacionales, que muy seguido inflaman los discursos políticos. Estas resultan muy entusiasmantes para ciertas audiencias y muy inconvenientes luego, como orientación efectiva a la hora de gobernar.

Especialmente en las políticas sociales, los gobiernos del Frente Amplio han tenido varias buenas ideas, que han sufrido dificultades importantes o directamente han fracasado a la hora de la implementación. El ejemplo más destacado de ello es la renovación y potenciación de las Asignaciones Familiares,  uno de los principales sino el principal cambio en el estado de bienestar uruguayo en el período posdictadura. Es una política que requiere mejoras significativas en sus objetivos y gestión. Hay que reconocer además que desde el Frente Amplio y desde actores del gobierno se la ha trabado, abriendo un debate que confunde transferencias monetarias condicionadas (lo que son las Asignaciones Familiares), con un programa de renta mínima universal (lo que no son Asignaciones Familiares y mal que les pese a algunos, no se ha demostrado tampoco que sea viable que puedan serlo).  En la oposición éste es un ejemplo de una política en la que debe evitarse el riesgo de tirar el niño junto el agua sucia.

Finalmente un comentario respecto a las políticas educativas.  Aquí sospecho que incluso para el Frente Amplio, la opción mayoritaria tenderá a ser la diferenciación.  Aunque debe observarse en los últimos tiempos, un avance de cierto discurso que enuncia que no todo está mal y que deben reconocerse los logros en esta área. El criterio general es muy correcto, pero para sostenerlo hay que mostrar cuáles son esos logros.  Más allá de estos intentos de maquillaje, que entreveran el debate, parece haber un amplio acuerdo en que son necesarios cambios importantes. Aquí creo que el desafío de las propuestas programáticas es quedar encerrados en los círculos de opinión informada, de los dirigentes y de los técnicos. En esos ámbitos hay una percepción muy crítica de la situación educativa. En la sociedad no es así, tal como expresan los resultados de las encuestas de opinión: la educación está lejos de los problemas prioritarios para los uruguayos. Y la gente no se va a convencer que tenemos un problema grave sólo con la contundente evidencia académica que existe en este momento. Este no es un problema, como los de la seguridad, el empleo o la salud, en la que el daño sea evidente, hasta dramático para quienes lo sufren. La situación crítica de la educación es poco perceptible en la vida  cotidiana, no nos damos cuenta de lo mal que estamos. Y el cambio educativo, de hacerse, no será fácil. No es una cuestión sólo de voluntad política y capacidad técnica. Se requiere una amplia convicción de su necesidad en la sociedad, que está lejos de existir. Este también es un desafío principal para las propuestas programáticas a hacerles a los uruguayos en los próximos años.

Javier Lasida

Autor: Javier Lasida

Javier Lasida es Licenciado en Ciencias de la Educación de la Universidad de la República, Máster en Ciencias Sociales de FLACSO Buenos Aires y candidato a Doctor en Educación de la Universidad Autónoma de Madrid. Se desempeña como profesor titular e investigador en la Universidad Católica del Uruguay. Fue Director durante 6 años del Programa Projoven del Ministerio de Trabajo de Uruguay. Se ha desempeñado en roles de consultoría, gestión y evaluación de política educativa para varios gobiernos, instituciones privadas y organismos internacionales en Uruguay y varios países de la región. Es autor de libros y artículos en publicaciones académicas y en la prensa, en temas de su especialidad.