Sábado, 9 de enero de 2016

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Sombras nada más

La columna que escribo mensualmente para El Telescopio trata, principalmente, temas de propiedad intelectual, innovación, competitividad e inserción externa. Y, en mi opinión, dichos temas son indivisibles. No hay uno sin los otros.

Esta es mi octava entrega y veo que, instintivamente, tiendo primero a analizar los contextos globales, regionales y nacionales para determinar con el máximo grado de certidumbre como Uruguay puede incorporarse expedita y eficientemente a la economía del conocimiento donde los bienes intangibles tienen hoy más peso que el capital o la tierra. Sin contextos, prioridades estratégicas y herramientas todo ejercicio es fútil.

Por ejemplo, hace solo unos días, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), la agencia especializada de la ONU en temas de PI, hizo público su Informe de Indicadores Mundiales de PI para el 2015 (http://www.wipo.int/ipstats/es/wipi/) donde subraya que en el 2014 se solicitaron 2.7 millones de patentes en el mundo y que China, sola, solicito más que EEUU y Japón juntos.

Las patentes protegen las invenciones, capturan conocimiento y divulgan información tecnológica a través de bases de datos accesibles gratuitamente. Uruguay, sin embargo, otorgo 5 patentes de invención a residentes y 49 a no residentes en dicho año.

Es tan magro el resultado y tantas las razones y excusas que es lógico asumir que en Uruguay la PI no es vista como una herramienta fundamental a pesar de que, sin excepción todos los países desarrollados la utilizaron dentro de sus estrategias-país para alcanzar sus metas. Ninguno lo ha logrado sin un elemento de PI. Unos más, otros menos y conscientes de que no es una panacea pero que es una herramienta insustituible para promover la innovación y la competitividad. Si bien esta última afirmación puede académicamente ser debatible, el mundo real nos dice que los empresarios no arriesgarían ni invertirían si su creatividad transformada en innovación pudiera llegar al mercado y la única manera es usando PI y la protección que les brinda.

La respuesta ya intentamos darla en otros artículos, pero lo importante hoy es que el Ministerio de Industria debe explicar en algún momento al país por qué no nos decidimos, como el resto de los países de la región, a asumir el tema con el compromiso de todos los partidos, recursos necesarios e, inclusive, crear un Instituto Uruguayo de Propiedad Industrial desde donde promover con más autonomía y flexibilidad el uso de la PI, sensibilizar desde el liceo, actuar proactivamente y salir a buscar y apoyar a la universidad, academia, centros de investigación, innovadores, inventores independientes y sector privado que, obviamente, necesitan información y apoyo en las búsquedas y redacción de patentes de calidad.

Esperar en la oficina no es una alternativa. Ya la Facultad de Derecho de la Universidad de la Republica creo un Centro de Estudios de PI (CEPI), el cual está funcionando a tiempo completo para no solo promover la PI sino complementar lo que otras instituciones están o deberían de están haciendo. Mucho de este esfuerzo tan necesario se puede hacer creando plataformas online y utilizando mejores prácticas que ya existen en otros países de la región como Chile (http://www.inapiproyecta.cl/605/w3-channel.html).

El Ministerio de Industria debería también responder a los innovadores y empresarios el porque Uruguay, junto con Venezuela, Bolivia y Argentina, no ha firmado al Tratado de Cooperación en Patentes (o PCT como es conocido en Ingles) el cual ya cuenta con 150 estados partes. ¿Cuál es el miedo, las desventajas? ¿Qué sectores se opones y por qué? Brasil es miembro así que MERCOSUR no puede ser utilizado como excusa. Si esas son las preguntas, además existe ya un documento preparado por la OMPI donde se contestan todas las inquietudes que puedan ser planteadas y el cual se entregó en su momento al Ministro Roberto Kreimerman y le será entregado a la Ministra Cosse y al Canciller Nin Novoa próximamente.

Volviendo al primer párrafo mi hipótesis es muy sencilla. Somos 3.3 millones de habitantes y no vamos a crecer mucho más sin una política poblacional seria y ordenada, cosa que no tenemos por más que el Senador Mujica en un momento dijo que los ciudadanos del MERCOSUR podían venir al país con solo su pasaporte. Ni siquiera con algún papel que nos hable de sus antecedentes y si su profesión u oficio encaja dentro de los sectores productivos que priorizamos.

Aunn cuando hay ingresos de ciertas nacionalidades, eso no es ni remotamente una política migratoria y menos poblacional, Así que asumamos ya que la realidad nos dice que tenemos un mercado muy limitado y que, como consecuencia, abrirse al mundo es, hoy, la única opción. Es un imperativo de sentido común para insertarnos exitosamente en el mundo globalizado y poder competir en mercados con bajos aranceles o sin aranceles como los hacen rivales comerciales naturales como Australia y Nueva Zelanda, pero también países de la región. Los sueños autárquicos, incluyendo la sustitución de importaciones, de la Argentina de los Kirchner fracasaron estrepitosamente con 40 millones de personas. Solo queda imaginar lo que nos pasaría con 3.3 millones.

Uruguay, al no tener muchas opciones, de alguna manera ve simplificado el proceso de decisión. Un país homogéneo y sin veleidades de poder, una tierra generosa donde la industria agropecuaria ha sido el motor junto al turismo, las energías renovables, las tecnologías de la información y comunicación (TICS) entre otros reales y potenciales sectores económicos, una vez se decida cuáles son los mercados, no deja más opción que firmar tratados de libre comercio (TLCs) para logra la inserción externa.

Cabe aquí un reconocimiento al Canciller Nin Novoa por insistir y preparar a la Cancillería para hacerlo. Ya el 50% del comercio mundial está bajo TLCs y el TPP abarca el 40% del mismo. Está pendiente seguir la negociación de MERCOSUR con la Unión Europea, y más ahora con otra Argentina y otro Brasil. Esta Japón, la propio TPP, la Alianza para el Pacifico y, porque no, un acuerdo bilateral con China, donde ya varios países de la región han firmado acuerdos de distinta naturaleza y alcance.

Y ahora viene la nota de la discordia que hace al contexto nacional, el cual se ha visto sacudido por la situación de ANCAP y creado un ambiente poco conducente para sentarse a hablar de TLCs, creando la posibilidad cierta de que primero tengamos que limar animosidades entre gobierno y oposición hasta que ambos encuentren una solución mutuamente aceptable que también la ciudadanía en general, e inclusive militantes del FA, necesitan saldar.

El caso es que un tema tan delicado que ha abierto heridas serias no cicatriza con un “somos la mayoría y chau” o un pedido de perdón. La ciudadanía quiere saber qué paso y que va a pasar. Y, presiento, que la gobernabilidad ha sido debilitada y se demorara en volver a niveles como para sentarse a conversar de TLCs, lo que requerirá experiencia, consensos y acuerdo nacionales. También, por último, se puede considerar plebiscitarlos si se repite otra vez la intimidación de sindicatos como en el caso del TiSA. Ojalá hayamos aprendido. Es el país que están en juego. Hoy todo está paralizado y la firma de un TLC puede tomar, fácilmente, 4-5 años así que se necesita un enfoque de estado.

Por las declaraciones públicas de algunos parlamentarios del MPP sobre temas de propiedad intelectual y de PI y salud, me temo que es poco probable que entiendan los elementos más básicos de la materia. Peor, de lo que significa negociar un tratado donde una canasta de bienes se negocia y es el saldo final el que cierra el trato y no un sector individual.

Se gana y también se cede. No se sacan bolillas ni se apuesta. Se negocia y sin tregua.

Lo importante es quien gana más al final, contando desde las posiciones iniciales. Chile ha firmado acuerdos de comercio con más de 60 países. Y le ha ido bien.

¿Por qué no a Uruguay? ¿De qué tenemos miedo? ¿Es nuestra “zona de confort” e idiosincrasia que no nos permiten ver hacia el futuro y vivamos hablando de que el pasado fue mejor?

¿O son las ideologías perimidas que intentan retener privilegios aun si el resultado menoscaba los intereses del país en el mediano y largo plazo?

Carlos Mazal

Autor: Carlos Mazal

Politólogo de la University of the Pacific con una Maestría en Estudios Latinoamericanos y del Caribe de la New York University. Es Consultor Internacional en temas de Propiedad Intelectual, Innovación y Desarrollo y ex Director para América Latina y el Caribe de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Miembro Fundador del Centro de Estudios de Propiedad Intelectual (CEPI) de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Republica. Miembro de Número de la Academia Nacional de Economía. Miembro Consejero del Consejo Uruguayo de Relaciones Internacionales (CURI)

  • Blanca Velázquez

    Similar cuestionamiento expresé en una mesa de discusión sobre la inserción del Uruguay en el PCT ya hace años atrás, en noviembre del 2008. El delegado de la OMPI en su momento expresó los beneficios para el país de la inserción en dicho tratado. Ya hace años que se está dando vueltas en el asunto, pero los avances no se han constatado. Pasan los años y siempre el mismo argumento: “que no hay disposición por parte de la mayoría de los legisladores de ingresar al mismo”. Lamentablemente tampoco existe la consciencia del uso de la PI como herramienta así como los beneficios de pertenecer a ciertos tratados internacionales en la materia, por parte de algunos centros muy vinculados a la innovación e investigación. Falta quizás más trabajo de sensibilización a nivel de la sociedad toda, perder los miedos y las falsas estructuras ideológicas que bloquean los avances (recuerdo que el propio delegado de la OMPI, en esa mesa de discusión puso el ejemplo de Cuba que pertenece al PCT). Muy buen artículo, claro y directo!! Excelente!!!