Viernes, 28 de agosto de 2015

MENU

Sus destinos quedaron marcados

Uno pudo reír, el otro quedó masticando rabia. Uno sufrió al comienzo, pero lo enderezó al final. El otro recibió un golpe en el mentón de entrada y aunque amenazó con ganar la batalla, terminó acostado. Las jornadas coperas de los equipos uruguayos que actuaron de locales dejaron los destinos bien marcados. Diferentes, sí, pero casi resueltos antes de tener que afrontar las revanchas.

En el último de ellos no había otra estrategia posible de seguir, porque el partido los invitaba a no claudicar en la búsqueda de la victoria. Reinaba un clima particular, motivante. Y rondaba por el Parque Central una clara sensación de que el acto heroico podía aparecer, y no solo por los acontecimientos polémicos que emergieron desde el amanecer mismo del cotejo.

La entereza de los mediocampistas que coparon la cancha con una energía recargable hasta los 63 minutos de juego obligaba a creer que la noche podía tener héroes vestidos de jugadores de fútbol. Pero al final resultó ser la trampa perfecta de Independiente de Santa Fe, porque tanto ahínco por ir hacia adelante y tanto amor propio para presionar o retroceder con velocidad para cubrir espacios no hizo otra cosa que mermar las fuerzas físicas.

Era previsible que ocurriese, la temprana roja a Diego Polenta ya hizo trizas la preparación del cotejo y puso a Nacional en una situación extrema. Claro, como el bolso no acusó el golpe y recurrió a su arsenal de variantes para posicionarse en campo rival y dañar por afuera, lo que se vio fue que la victoria igual era posible. De Pena tirando centros, Barcia desbordando por el otro sector, Porras elaborando juego, Romero corriendo a todos y Alonso bajando unos metros para ocupar en parte la función de Ignacio González minimizaron la diferencia numérica entre un equipo y el otro, pero aumentaron el gasto de energía.

La situación empeoró con la roja a Alonso (otra para Anchico) porque los espacios se agrandaron de manera considerable. Más lugares para cubrir, más distancias para recorrer y con un adversario que siguió utilizando la estrategia de esperar bien firme para correr menos pasó lo que tenía que pasar: se fue acabando el combustible y llegaron los errores.

Entonces, a los 63 minutos cambió la historia del partido y, seguramente, la de la serie de Copa Sudamericana entre los tricolores y el equipo cafetero. Con el gol de Wilson Morelo a los dirigidos por Gustavo Munúa no les quedó otra que jugársela un poco más y a los muchachos de Gerardo Pelusso les vino como anillo al dedo. Ahí sí apareció el tuya y mía colombiano y los pases profundos para que el lateral derecho Otálvara se filtrara en una defensa con muchas grietas.

El segundo impacto fue como la piña que mete el boxeador que está esperando su oportunidad. Se cubre, retrocede y cuando llega el descuido zás, te embocó. Y eso fue lo que pasó en la noche que Nacional no abandonó sus intenciones de jugar rápido, de tocar, de armar las jugadas por afuera, pero que terminó cayendo en la trampa del desgaste después que el boliviano Orosco la pifiara con tanto tarjetazo.

Lo peor de todo es que la derrota, el viaje a la altura de Bogotá y las ausencias de dos hombres fundamentales ponen prácticamente con los dos pies afuera del certamen a Nacional.

Alegría en el Parque Rodó

Un caño, un pase de taco, una pelota que se desliza por el pecho como si fuera una mano acariciando una tela de seda, un salto felino de un arquero para descolgar el balón que parecía tener pasaje directo al gol. El fútbol puede regalar a los ojos del ardiente espectador muchas imágenes exquisitas, pero quizás ninguna de ellas supere a la belleza de ese soberbio remate que infla la red después de haber ingresado por el ojo de la cerradura.

Ese fue el regalo que hizo el “Huevo” Brian Lozano para felicidad de los fervientes hinchas de Defensor Sporting que esperaban que esa segunda mitad en el Estadio Luis Franzini le ofreciera la paz que no habían tenido en los primeros 45 minutos de juego. Con el impresionante gol de tiro libre que amplió la ventaja en dos goles frente a Universitario de Deportes, la Violeta del Parque Rodó quebró definitivamente la resistencia del equipo incaico. Atrás de esa comba perfecta, de ese romántico encuentro entre la pelota y la red quedó la posesión de pelota que había exhibido el conjunto que orienta el colombiano Luis Fernando Suárez.

Es real que el impacto de Romario Acuña, tras una buena combinación por derecha, fue el principio del fin para el conjunto crema, pero la definición mágica del tiro libre fue como el golpe definitivo para que el oponente cayera a la lona.

Después de eso ya nadie se acordó de la poca intensidad y de los reiterados errores en las entregas que tuvo Defensor Sporting en los primeros 45 minutos. Es que los muchachos de Juan Tejera reaccionaron muy tarde en el cotejo, recién en los últimos minutos de la primera parte acorralaron a su adversario en la última zona, y si lo hicieron no fue con la capacidad de su juego ofensivo, si no con la voluntad colectiva de jugar el partido más arriba del arquero José Carvallo.

La llave de la transformación de la segunda mitad, esa que posibilitó que el campo terminara teniendo más hombres de Defensor Sporting en suelo del rival la tuvo el entrenador. Con los ingresos de Acuña y de Mathias Cardaccio los violetas se adueñaron de la zona de gestación y lograron ser más profundos por los costados. Esa penetración por afuera le dio más actividad a los delanteros y a los volantes, lo que sacudió la tranquilidad de la doble línea de cuatro nde Universitario.

Por eso llegó la apertura en el marcador y también el soberbio e inolvidable gol de Lozano. Por si fuera poco, Acuña metió el tercero tras otra buena incursión ofensiva del equipo y en el Parque Rodó celebraron con entusiasmo porque quedó encendida la luz verde para que el equipo siga de largo en la Copa Sudamericana.

Edward Piñón

Autor: Edward Piñón

Periodista desde 1983. Comentarista de Fox Sports, FSRadio Uruguay y de A Fondo. Comentarista de Radio Cero 104.3 y ex editor de Deportes de El Observador y El País. Columnista de El Telescopio.