Martes, 22 de mayo de 2018

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Tiroteos masivos: los valores culturales son el problema, no las armas.

Después de cada tiroteo en los Estados Unidos, aparece un grupo internacional de puritanos que aboga por la prohibición de la posesión de armas, como si esa medida fuera una solución a un problema mucho más profundo: el acceso a las armas.

Creer que el dilema está en las armas y no en los valores culturales no es solo una simplificación que raya en lo absurdo, sino también una negación de los hechos involucrados en la responsabilidad humana.

Quizás solo las drogas hayan provocado un debate similar, con fanáticos de ambos lados; y, como con el porte de armas, el ataque depende de las consecuencias en vez de mirar la causa ante nuestros ojos.

Para salvar vidas, y para el bien de la sociedad como un todo, debemos ser claros en lo que muchos no ven como una perogrullada, a pesar de serlo: las drogas no se consumen por sí mismas, las armas no se disparan a sí mismas.

En Uruguay, un país donde la posesión de armas está altamente regulada, hay proporcionalmente más muertes por armas de fuego que en los Estados Unidos (número de muertes por cada 100.000 habitantes). Suiza, mientras tanto, es el tercer país más armado del mundo, y donde la adquisición de armas es legal y (46 de cada 100 habitantes tienen armas) no tiene tiroteos masivos, ni un número alarmante de muertes por armas de fuego.

Es hora de concluir que el factor cultural es determinante para el tipo de tragedia en la que Estados Unidos parece estar, por el momento, sumergido.

La Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos protege el derecho de los ciudadanos a portar armas. Este ha sido el caso desde su implementación en 1791, cuando el país tenía apenas 15 años.

Los puntos de vista opuestos del filósofo inglés Thomas Hobbes y su homólogo francés Jean-Jacques Rousseau eran conocidos en su momento como “El debate de Hobbes vs. Rousseau sobre la naturaleza humana”, y es un debate que aún despierta pasiones.

Hobbes argumentó que el ser humano tenía una cierta inclinación innata al mal y que la civilización salvó a los seres humanos de su propia miseria ética. Rousseau argumentó lo contrario: el hombre nace benevolente y puro, y la civilización (entre comillas, según Rousseau) es lo que lo corrompe.

El sentido común está de acuerdo con Hobbes. Ciencia, también. Diferentes descubrimientos arqueológicos indicarían que el primer genocidio en la historia fue cometido por el homo sapiens contra los neandertales, mucho antes de cualquier indicio de civilización (Sapiens, Yuval Noah Harari, 2011).

¿Pero por qué mencionar a Hobbes y Rousseau, o eventos que ocurrieron hace 28,000 años, en el debate sobre armas? Porque lo que el puritanismo internacional está tratando de hacer (que sigue a la escuela de Rousseau) es eliminar toda responsabilidad del asesino y transferirla a un objeto inanimado que, en sí mismo, no hace daño. El puritanismo niega el mal como si todos fuéramos miembros de los Carmelitas Descalzas hasta que un día, un arma levita y se pone en nuestras manos.

Alguien podría argumentar que es precisamente a causa del mal humano que las armas deberían estar prohibidas. Pero esa persona estaría fuera de contacto con la realidad, y sin saber que en Europa el principal “arma” para los asesinatos en masa es un camión o, si falla, un objeto filoso. ¿También solicitaría una prohibición de todo tipo de vehículos y requeriría cuchillos de plástico?

Para encontrar soluciones tienes que alejarte de la ingenuidad: si alguien quiere matar, siempre encontrará la forma de hacerlo, con o sin armas, con o sin regulaciones.

Una buena parte del electorado demócrata procederá ahora a exigir que Trump haga lo que ninguna mayoría demócrata en el poder hizo: restringir el acceso a las armas de fuego.

Este tema requiere contemplación. Por un lado, la Segunda Enmienda tiene casi 230 años, mientras que los tiroteos masivos han sido un evento recurrente por poco menos de 30 años. ¿Qué pasó en la sociedad estadounidense en las últimas décadas? ¿No estamos enfrentando una especie de declive que hunde a los seres humanos en la frustración y arrastra a las personas hacia la violencia?

Nunca querría sentir el dolor de los padres que se despidieron de sus hijos en el desayuno y que nunca regresaron a casa porque alguien, con muchos problemas, estaba enojado con el mundo.

Sin embargo, solo queda una certeza: en una cultura superflua que idolatra todo lo efímero, cuando las armas están prohibidas, el mismo principio se extenderá a los camiones; cuando los camiones están prohibidos, irán tras los cuchillos; cuando los cuchillos están prohibidos, irán tras los bates de béisbol …

Priscila Guinovart

Autor: Priscila Guinovart

Priscila Guinovart es una docente y escritora uruguaya. Ha colaborado con distintos medios de América Latina, EE.UU. y Europa. Vivió en Londres, donde escribió su libro "La cabeza de Dios" y actualmente reside en Alemania.

  • alejandro1962

    No te olvides de una cosa: la mayoria de los muertos en Uruguay son entre delincuentes o provocados por delincuentes (muerte en el transcurso de una rapiña por ejemplo). Son armas que nunca van a estar registradas por mas que se facilite el registro. ¡Al delincuente no le interesa que la policia lo identifique a través del registro del arma!. En cambio en Estados Unidos, donde no hay mucho delito, son armas compradas legalmente por gente que no piensa cometer rapiñas ni matar a alguien en un ajuste de cuentas ni usarla para asesinar a su pareja o ex pareja. Esa es la diferencia entre Estados Unidos y Uruguay. Suiza se ve que son muy pacificos. ¿Será por que el ejercito está integrado por civiles armados y no por militares profesionales?