Domingo, 18 de febrero de 2018

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Turismo: escalando la segunda parte de la montaña

El turismo se ha convertido en una de las grandes fuentes de ingresos y de puestos de trabajo de nuestro país.

Será uno de los grandes demandantes de empleo en el futuro cercano.

Es una actividad y negocio que crece a tasas muy importantes en el mundo.

Uruguay ha procesado una profunda transformación en la calidad de los servicios que se prestan,  la infraestructura y el manejo profesional y serio en una rara y positiva combinación de trabajo entre gobierno central, gobiernos departamentales y sector privado.

Lo que es muy bueno.

Sin embargo, como todos los crecimientos, los mismos traen oportunidades pero también riesgos.

En los últimos tiempos se puso, acertadamente, el foco en la cantidad de turistas que ingresan al país.

Se fijaron ambiciosas metas de cantidad de visitantes que se superaron año a año.

Se recibía con honores al turista que nos pasaba de millón en millón.

Esta temporada auguraba éxitos de todo tipo dada la cantidad de personas que llegaron al país.

El Ministerio de Turismo, en forma sensata y transparente, prendió una alarma la semana pasada. Confirmó así algo que algunos operadores turísticos señalaban por lo bajo: si bien vino más gente el gasto fue menor.

La Ministro señaló que hubo una baja en este que se debió al ingreso de visitantes de menor poder adquisitivo, de clase media, principalmente argentina.

Esta es una luz amarilla que debe atenderse en forma muy especial.

En definitiva lo que vale al final del día son las divisas que ingresan al país por el turismo. La cantidad de dinero que ingresan los hoteles, los restaurantes, los supermercados, el comercio, el transporte, etcétera.

Ello se logra con un aumento de los visitantes sin lugar a dudas.

Pero no sólo con un aumento de ellos.

Hay otros elementos que se deben tener en cuenta.

Por ejemplo cuántos días se quedan en el país y cuánto gastan.

Resulta obvio que si una persona se queda diez días y gasta mil dólares es mejor que tres personas que se quedan un día y gastan entre los tres trescientos (cien por persona).

El número de ingresos dirá que vinieron tres personas más. Pero al final del día habrá ingresado menos dinero.

Con un agravante: tres gastan mas infraestructura que uno.

España ya cometió ese error hace muchos años y lo corrigió.

Eso es lo que parece haber sucedido, al tenor de las palabras de la Ministro, este verano.

Lo peor es que muchas veces este aumento en la cantidad de los visitantes hace colapsar servicios e incluso hace que los turistas que más gastan (que son los mas exigentes) se sientan defraudados.

Resulta claro que esta gran cantidad de visitantes puso al límite varios servicios y de relieve la necesidad de realizar inversiones en infraestructura.

Los pasos de frontera ya no dan para más.

Mucho se habla de Mercosur e integración y en más de treinta años no hemos podido solucionar un tema tan simple. Un problema que con la zona Schenden la Unión Europea solucionó hace décadas.

Lo menos que se podría pedir es un sistema de control aduanero aleatorio con semáforos. De ahí a controles migratorios menos exigentes.

En el año 2001 se firmó un acuerdo con el entonces canciller Rodriguez Giavarini del gobierno argentino en ese sentido que hoy no se aplica.

El tercer carril de la ruta interbalnearia es ya una necesidad impostergable.

Se puede hacer por la vía de la concesión de obra pública como se realizó en el gobierno del Dr. Lacalle la doble vía Montevideo – Punta del Este.

Un segundo puente sobre el Arroyo Maldonado y una segunda ruta que descomprima la zona de La Barra, Manantiales, Balneario Buenos Aires, es impostergable.

La ruta 9 está cumpliendo esa función que no es la suya (es una ruta a Rocha y no de conexión departamental).

Hablando de la ruta 9, en algún momento, deberá plantearse también la doble vía Pan de Azúcar – Rocha. Se está haciendo un esfuerzo agregando segundos carriles pero eso ya no es suficiente.

La diversificación de mercados, bajando la dependencia del argentino, y el apoyo a otros productos como el turismo de convenciones, termal, el ecoturismo, el aventura, etcétera ayudarán a tener un negocio más rentable.

El sol y la playa son nuestros estandartes pero no hay negocio que pueda subsistir abriendo tres o cuatro meses al año.

Se ingresa mucho dinero en ese tiempo pero después hay que remarla en los duros meses del intervalo.

Como me dijo un día el hoy Presidente de Chile, Sebastián Piñera (que es montañista): lo más fácil de subir de la montaña es la primera mitad. La segunda es la más complicada.

El turismo uruguayo ya pasó la mitad hace rato.

Ahora para llegar a la cima hay que no sólo tener mucho cuidado. Hay que redoblar el esfuerzo, el ingenio y el trabajo.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 57 años.

  • Ada Elena Uriarte Fort

    Muy buen análisis!