Sábado, 9 de julio de 2016

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Un deportista joven y el difícil camino de la retirada…

Todos aquellos que desde pequeños están en el mundo del deporte, danza o actividad que depende mayormente del estado físico y que casi siempre se desarrolla a edades muy tempranas, entenderán lo difícil que es transitar por el camino de la retirada.

Cuando somos pequeños, vivimos con entusiasmo las prácticas, exposiciones, espectáculos o manifestaciones de nuestra actividad, sin llegar a pensar cómo será el día en que ya no lo realicemos.

En la infancia, la elección de un deporte o danza pasa, en gran medida, por algún motivador que nos despierta la curiosidad. Ese motivador puede ser un programa televisivo, imagen o propaganda que muestra a un deportista o bailarín en una presentación llena de color, música o simplemente obteniendo un buen resultado ante nuestros ojos. También, como a muchos nos ha pasado, simplemente en nuestra mente se cruzó la idea de realizar tal o cual cosa, colmándonos de esperanzas e ilusiones. Lo que haya sido, fue apoyado por nuestras familias y – día a día – descubrimos que en verdad era la elección más personal y auténtica que hayamos hecho en nuestras vidas.

En la adolescencia, ya más decididos y enfocados en metas específicas, nos enfrentamos a la realidad y vemos que nuestro mundo no va precisamente de la mano de lo que sucede a nuestro alrededor. En los estudios debemos administrar muy bien el tiempo y las circunstancias que se presentan para poder continuar entrenando las horas necesarias y que cada disciplina exige. También debemos dejar de lado muchas otras actividades, típicas de las edades de que se trate, como ser salidas y encuentros con amigos, entre otras actividades. Pero todo lo hacemos por ese objetivo que nos dibujamos desde pequeños y que por nada del mundo queremos dejar escapar.

Más adultos hemos madurado y sabemos que nada ha sido en vano, ya sabemos que el objetivo nunca estuvo lejos o cerca, el objetivo era hacer de ese deporte o danza, nuestro modo de vida. Nuestro cuerpo y mente se ha desarrollado con la actividad, somos seres identificados claramente con ello y capaces de defender – a capa y espada – cada segundo, día y año que dedicamos a entrenar. Sabemos que con dedicación, responsabilidad, organización y disciplina las cosas se pueden lograr, también sabemos que lo que somos se lo debemos a los años tras esa meta.

Pero también sabemos que no somos niños, que los tiempos son más cortos, las obligaciones van en aumento, los compromisos van variando y cada ciclo de la vida cierra sus puertas sólo para ir abriendo las de uno nuevo.

Si tuvimos la suerte de que una lesión o situación forzosa no nos haya hecho abandonar el deporte, sabemos que en algún momento llegará ese día, el de la retirada.

Nunca estamos preparados para tal día, no sabemos si será de la noche a la mañana, si diremos es hasta hoy, o si será paulatino a través de un proceso que fijemos al efecto. Sólo sabemos que los ciclos hay que cumplirnos para poder iniciar otros que también nos brindarán satisfacciones.

En mi caso, fue paulatino, sabía que era hora de cerrar una etapa y comenzar a vivir una nueva. Pero tuve la suerte de poder seguir en contacto con esa elección que hice desde muy pequeña.

Tengo el privilegio de ejercer la docencia en el Patín Artístico desde mucho antes de la retirada, sabía que una etapa nueva en mi vida me estaba dando grandes satisfacciones, tanto como esa etapa que en algún momento iba a cerrar.

Descubro día a día progresos en cada uno de los niños y jóvenes que concurren a mis clases, me alegro de sus avances, disfruto de su entusiasmo, crezco con cada uno y logro ver algo de mí en cada uno de ellos.

Sin perjuicio, es bueno reconocer que la retirada no es sencilla, muchas veces extrañamos el ritmo del entrenamiento y ese estímulo de la adrenalina que generaba cada torneo o presentación. Pero sé que fue una experiencia y como tal, la viví en su momento, ahora vivo una nueva etapa que me trae otras satisfacciones, nuevas metas y objetivos para alcanzar.

Sigue en nosotros ese espíritu auténtico de niños tras sus ilusiones, se ve en nosotros eso que fuimos, porque algo tenemos que tener en claro, no dejamos de serlo, somos.

Seguro que muchos patinadores, gimnastas, bailarines y personas dedicadas a tantas otras actividades que se desarrollan a edades tempranas, saben de lo que hablo cuando me refiero al difícil momento de la retirada, pero seguro que también entienden cuando digo que no fuimos, sino que seguimos siendo.

Marcia Cabral

Autor: Marcia Cabral

Deportista, técnico de Patín Artístico. Estudiante de Geología e Ingeniería UDELAR