Lunes, 28 de marzo de 2016

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Un nuevo tren en el andén de partida

La presencia del Presidente Obama en Argentina renovó las relaciones entre ambos países. Más allá de las declaraciones públicas, en algunos casos no del todo claras seguramente más por motivos de “tacto diplomático” que por las reales intenciones y futura acciones, los hechos  mostraron contundencia en varios aspectos.

Previo a todo, está claro que quizás el mayor acierto del Presidente Macri fue nombrar a su Canciller; la repatriación de la Ing. Malcorra es evidentemente una adquisición para Argentina. Sus contactos, reconocimiento a todo nivel, compromiso, capacidad y trayectoria era lo que necesitaba dicho país para salir lo más rápidamente del aislamiento internacional en que estaba sumido en función de sus propias decisiones.

Argentina, pese a su cuasi centenario declive relativo, es un país importante en el concierto de las naciones, poseedor de gran capital humano –en general totalmente desperdiciado-, con alto potencial de crecimiento y valores occidentales.

Lamentablemente para todos, y para nosotros los uruguayos en especial, con vaivenes, ya van más de 7 décadas de locura colectiva. Al decir de un muy amigo argentino, somos un país que vive en la anormalidad y cada tanto, – agrego yo, cuando las cosas no dan para más -, pasamos por períodos de normalidad. Hoy se encamina a una nueva chance de volverse “un país occidental normal” y es claro que el elenco de gobierno apunta en ese sentido, su talante lo marca.

Por cierto que seguramente no todos entonen “perfecto” el nuevo ritmo, pero el rumbo hacia una República como tal es claro y la Ing Malcorra, así como la Dra. Carrió, el Dr. Sanz, Cobos y otros son, al menos desde mi punto de vista, tanto como puedan, garantía  de ello.

La Administración Macri cometió varios y algunos groseros errores en ese sentido en sus primeros dos meses, pero fue obligado desde adentro a dar marcha atrás y gobernar bajo los límites que una República siempre se pone.

Más allá de lo anterior, el gobierno en tres meses logró en el plano internacional que el Presidente de los Estados Unidos de América realice una visita oficial, sólo a Argentina en toda América del Sur, estar al borde de eliminar la visa para el ingreso de visitantes argentinos a ese país, apoyo moral – y quizás algo más – en las negociaciones con los fondos especulativos, el inicio de la desclasificación de los archivos de la dictadura y la guerra interna, la voluntad de avanzar en un acuerdo de libre comercio (TLC), además de la participación activa y destacada en varios foros internacionales. Envidiable.

Respecto a un TLC, el Ing. Macri se  mostró “dispuesto” (seguramente fue de su gobierno que partió la iniciativa), pero ha mantenido el tacto político de expresar públicamente que primero va a recorrer los caminos que marcan el acuerdo del MERCOSUR (decisión 32/00).

En esto caben dos alternativas, que a Venezuela se la deje de lado y su poder de veto en el consenso deje de ser válido conjuntamente con que Brasil cambie su postura; o bien que ello no pase, en cuyo caso deberemos esperar la actitud final de su gobierno.

Estoy convencido de que Argentina espera que los cambios políticos que se producirán en Brasil habiliten la primer opción, sea con la Sra. Rousseff de Presidente o no y por tanto se establezca la vía “menos traumática”. Aun permaneciendo la actual Presidente de Brasil hasta el fin de su mandato, la demanda de cambios en la sociedad impondrán variantes en muchos terrenos, uno de ellos es la apertura comercial, de cuya conveniencia está convencida hasta la FIESP.

Argentina, sabedora que los tiempos de estos acuerdos no son cortos, aunque tampoco eternos, debe estimar como perfectamente factible arribar a un acuerdo en los próximos 30 meses para luego esperar su pasaje por el Congreso de los EUA, cuyo plazo es inestimable.

Igual que de lo anterior, también estoy convencido que si las señales desde Brasil son claras en sentido opuesto, Argentina tomará su camino propio, hará valer “los hechos consumados” y nada pasará dentro del MERCOSUR, tal y como hizo Uruguay a fines de 2003, cuando el fracaso del ALCA se volvió evidente ante la falta de liderazgo de Estados Unidos y negoció con este país por su lado el Tratado de Protección y Promoción de Inversiones– un capítulo, siempre el más difícil y controversial de los TLC – que, pese a la oposición de las Cancillerías brasileña y argentina, conjuntamente con el ministerio de economía y finanzas argentino, se firmó en 2004 y nada pasó en la relación interna del bloque regional.

Una negociación propia posiblemente acorte los tiempos. De todas maneras, difícilmente la Administración Macri, salvo que sea reelecto, usufructe a pleno, un acuerdo de este tipo pero si dejará las condiciones prontas y, seguramente ante su inminencia se beneficiará con una significativa corriente de inversiones extranjeras, desconocida en al menos 80 o 90 años hacia su país.

Ahora bien, Argentina no solamente está pensando en un acuerdo con los Estados Unidos, sino también en la Alianza del Pacífico, el Transpacific Trade Parnetship (TTP), Europa y el Tisa. O sea, piensa en el mundo, sabedora que su pasado de gloria fue producto de su apertura, cuando era un país mucho más importante en el concierto internacional y tierra de esperanza para millones de europeos que venían devastados por el hambre y las guerras. Hoy, siendo bastante más pequeño en términos relativos, más imprescindible se vuelve su apertura al mundo. Por tanto, en mi opinión, si los tiempos y las circunstancias políticas domésticas se lo permiten, el actual gobierno intentará los acuerdos.

De verificarse la hipótesis planteada, Uruguay tendrá otra vez la oportunidad de hacer una política comercial (inserción internacional) mucho más adecuada a sus necesidades de la que está llevando a cabo y, al menos, debería ser el espejo de la Argentina.

No voy a repetir los conocidos argumentos del por qué hay que abrirse y comerciar, empíricamente la evidencia es demoledora a su favor. Aun cuando en algunos sectores existan costos, lo cual es cierto, el aumento del bienestar social global supera con creces los casos puntuales.

A su vez, en el mundo actual, Uruguay no es la excepción y con recordar que pertenece al planeta Tierra basta: la cantidad de trabajo que depende del sector externo es mucho más relevante que hace dos décadas. En nuestro país los estudios indican que alrededor de 1/3 del total de trabajadores dependen del comercio de bienes y servicios con el exterior, aproximadamente el doble que 25 años atrás.

El comercio de bienes incorpora servicios en cantidades cada vez más intensa. Estos servicios suelen ser bien remunerados ya que requieren habilidades especiales, lo que mejora la calidad del trabajo local y nuestro ingreso global, aun cuando en plazos cortos sean extranjeros quienes hagan parte de la tarea, tal como tenemos el reciente ejemplo que lo comprueba en una obra de la magnitud de Montes del Plata.

Los tiempos cambian, las restricciones de las épocas son distintas. En los 80 y diría que los 90 era impensable lo que hoy acontece. La liberalización del comercio se ha multiplicado y facilitado. Hoy día hay centenas de acuerdos de diversa índole y alcance, sus estructuras ya están “estandarizadas”, lo que reduce los tiempos de negociación y redacción.

Del mismo modo, como los países suelen tener varios acuerdos vigentes, los costos de ajuste de sus estructuras productivas suelen ser bajos lo que facilita nuevos acuerdos, ya que han recorrido gran parte del camino hacia una estructura de producción que se acerque el máximo bienestar alcanzable dado “el estado de la naturaleza” (calidad de recursos  humanos y tecnológicos, además de infraestructura física)

Más allá de lo anterior, si hay algo claro es que Uruguay debe tomar ese camino independientemente si Argentina lo hace o no.

Nuestro desarrollo de largo plazo depende de ello pero, si ésta toma ese rumbo y nosotros no lo hacemos, nuestro atrasado relativo se convertirá en monumental y nuestro destino apenas será el de ser el balneario de lujo y brindarles algunos servicios de baja calidad, y por tanto menos remunerados, algo así como ciertos países del Caribe para los americanos del Norte. Estando tan cerca, nuestro mejor capital humano trabajará y progresará en otro lugar.

No es éste el destino que pretendemos para nuestro país.

Isaac Alfie

Autor: Isaac Alfie

Economista (UdelaR, 1984). Contador Público (UdelaR, 1985). Profesor Titular de Economía y Finanzas Públicas en la Universidad de Montevideo. Dicta clases en postgrado de esta Universidad y la Universidad Católica. Profesor de Macroeconomía en la Universidad de la República. Conferencista nacional e internacional sobre políticas públicas y macroeconomía. Consultor de Organismos Internacionales (FMI, Banco Mundial y BID, entre otros). Asesor del Ministro de Economía y Finanzas 1991 - 1994. Director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía y Finanzas 1995 – 2003. Ministro de Economía y Finanzas 2003 – 2005. Gobernador por Uruguay del FMI 2002 – 2003 y del Banco Mundial y BID 2002 – 2005. Senador de la República 2005 –2010. Asesor y consultor de empresas en materia económica y financiera.