Domingo, 2 de agosto de 2015

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Un viaje de París a Madrid con hombres buenos

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De todos los autores cuyas obras he leído, pocos me han hecho viajar tanto como Arturo Pérez Reverte. Posee una doble condición que atrapa al lector: el viaje es geográfico pero también en el tiempo.

Pérez Reverte fue corresponsal de guerra por 21 años y es actualmente miembro de la Real Academia Española.

Al leer “El Asedio“, uno se siente en Cádiz o a bordo de los buques que se fletan para traer mercaderías de América. Pero también viaja hasta el año 1812, cuando se discutía, bajo el asedio de las fuerzas francesas, la nueva Constitución.

En “Un Día de Cólera“ se recorre Madrid en primavera. Pero lo hace viajando hasta el 2 de mayo de 1808, día en que el pueblo español se rebeló contra Napoleón y su ejército.

El lector termina empapado y lleno de sal de tanto recorrer las aguas del Sur de la Península Ibérica en “La Reina del Sur“, o se mete en un verdadero reducto tanguero de los años treinta en Buenos Aires en “El Tango de la Guardia Vieja“.

Eso sucede en la mayoría de sus libros.

El último de ellos, publicado por Alfaguara en el año 2015, va por ese camino, y más.

“Hombres Buenos“ trata del viaje que dos académicos de la Real Academia Española emprenden de Madrid a París, con el objetivo de adquirir los 28 volúmenes de la “Encyclopedie, ou dictionaire raissoné“.

La Enciclopedia editada en 1751 estaba prohibida tanto en España como en Francia. Para su adquisición la Real Academia había obtenido permiso real. Le encarga a dos de sus integrantes, el Almirante Pedro Zárate y el bibliotecario Hermógenes Molina, trasladarse a París para comprar la Encyclopedie y traerla a Madrid.

Otros dos académicos se oponen a ello al votarse en el seno de la institución si adquirirla o no. Al perder la votación se confabulan para que la misión fracase.

Es así que el Almirante Zárate, retirado, soltero que vive con sus dos hermanas y combatió en Tolón, y el Bibliotecario, don Hermes, viudo que nunca había salido de España hasta entonces, inician el viaje a París.

La trama discurre entre Madrid, París y el camino que une ambas capitales, pasando por Bayona y otros pueblos y ciudades.

Además del relato de las dificultades y peripecias que enfrentan y las descripciones, el libro tiene dos cosas que lo hacen especialmente recomendable y atractivo.

La primera es que Pérez Reverte actúa con gran generosidad para con el lector. Comparte los secretos de su forma de trabajar, de su técnica, de sus investigaciones.

Porque mientras la novela avanza, el autor se hace presente y explica dónde obtuvo la información, por qué situó a tales personajes en tal tasca del Madrid de la época o por qué les hace seguir el camino y las rutas que llevan a París.

En suma, muestra la fórmula que utiliza para construir la novela, darle verosimilitud, transportar al lector a un lugar, un momento.

Además, da consejos de como hacerlo, por ejemplo, al señalar que “Se trata, en esencia, de que el lector imagine lo que el autor sugiere: escenas y situaciones. Que comparta, hasta el extremo de lo posible, la mirada de quien le cuenta la historia“.

Para escribir y describir recurre a libros de relatos, memorias de viajeros, viejos mapas y textos sobre usos y costumbres de la época.

Luego va y lo chequea en el terreno.

Lo otro que resulta particularmente atractivo son los diálogos entre los dos personajes principales: el Almirante y el Bibliotecólogo.

Las características físicas y su pensamiento se van conociendo a lo largo del libro. En especial cuando, compartiendo un cuarto de baja categoría en una posada, uno mejor en un hotel en París o durante el viaje, intercambian sus visiones sobre el momento que les toca vivir, los españoles, los franceses, los ingleses, la fe, la religión, la razón o el honor.

Así clasifican a las naciones en ilustradas (las que cultivan su espíritu), civilizadas (las que tienen costumbres conformes a la razón) y bárbaras (donde imperan los gustos groseros y bajos de un pueblo, y como tal se halaga y engaña a este).

Se critica a los españoles del momento diciendo que les resulta cómodos ser menores de edad, no querer complicarse la vida ni ver perturbada la misma con términos como tolerancia, razón, ciencia o naturaleza.

Como en todos los libros de Pérez Reverte hay también espacio, mucho, para las críticas a los franceses (“nadie sabe llevar los cuernos como un francés“) y para la ironía.

Esta se hace presente en la crítica a la prohibición de la época (fines del siglo XVIII) a los calzoncillos con una sola bragueta (“¿es que un clérigo debe meterse en el trabajo de un sastre?“) o la excesiva rigidez intelectual del geómetra (“aquel frío geómetra, cansado de oír hablar del Quijote, se decidió a leerlo; y al acabar el primero capítulo comentó: ¿Pero esto que demuestra?“).

En fin, un libro bueno, de Hombres Buenos, que nos hace viajar de Madrid a París ida y vuelta.

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 55 años.