Lunes, 10 de julio de 2017

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Una nueva formación continua como elemento clave para transformar la salud…

Transformar los sistemas sanitarios es tarea de toda la población, aunque desde diferentes perspectivas. Esta transformación es posible solo con formación, con formación específica y con dicho propósito.

Tradicionalmente se ha entendido que quienes tienen que capacitarse en gestión u otras disciplinas vinculadas son los que “están a cargo” y tal como átomos, cada uno en lo suyo. ¡Aún en una época en la que ya se evolucionó de la teoría sistémica de la administración a una más compleja, esta atomización vive y lucha!

Los actores del sistema sanitario somos todos. Entonces, todos tenemos que tener algún grado de información o formación específica para cumplir adecuadamente nuestro rol. Sistemáticamente sostengo que hay que “desmedicalizar” conceptualmente la salud, como primer paso.

Políticos sanitarios, prestadores (instituciones y médicos), pacientes y comunidad requieren poder interactuar derribando barreras de información, eso que aprendíamos como  “relación de agencia imperfecta”. Estamos en un momento histórico diferente a su descripción original, porque esto sucedía por escasez de información hace algo más de 15 años, y hoy esa misma barrera está presente por exceso de información, pero sin las herramientas adecuadas para interpretarlas.

Esta circunstancia, para el caso de que no se actúe adecuadamente, puede agravarse a futuro, ya que no solo no se llega a entender efectivamente el tema, sino que se comienza un proceso de pérdida de confianza respecto del sistema sanitario en general, lo que repercute directamente sobre los profesionales y el prestador de que se trate.

Nuestro país está teniendo avances muy importantes, constituyéndose en primer lugar el rol activo de la comunidad como elemento de la reforma sanitaria y no solo como sujeto de su atención. La obligación de difusión de la cartilla de los derechos y deberes de los pacientes, la formación de miles de funcionarios de la salud en las características de los sistemas sanitarios, son claros ejemplos en ese sentido.

Sin dudas, queda camino por andar y para ello aquellos que nos vinculamos con instituciones académicas que trabajan en estas áreas, debemos liderar una nueva sistematización y socialización de conocimientos/aprendizajes, por cierto, bien distintos a los tradicionales.

Para ello es necesario, y así lo profeso, que todos los involucrados en la gestión sanitaria tengan algún grado de formación respecto de la misma. No me refiero con esto, solamente a quienes toman las decisiones finales, que naturalmente deben tener formación específica. Me refiero a todos aquellos que tienen vinculación: equipo asistencial y pacientes, comunidad en general e incluidos en la misma a todos aquellos que toman decisiones y están “fuera del sistema” como son los legisladores y las autoridades que integran el gobierno y se relacionan con el sistema.

En este sentido y más allá de la formación que se puede adquirir respecto de la gestión de instituciones sanitarias propiamente dicha hay otro tipo de formación cuyos efectos se adquieren y visualizan con mayor lentitud, pero son transformadores. Al decir de Enrique Baliño[1] existe una analogía para la formación de los líderes que pueden transformar su entorno, la letra “L”. La línea vertical, representa las técnicas específicas y la horizontal, en mi opinión es más difícil de adquirir, las habilidades de liderazgo, comunicación, empatía, entre otras. En definitiva, son formaciones que más allá de lo sustantivo son muy necesarias para generar un proceso de cambio en las instituciones que brindan los servicios, en este caso los servicios sanitarios.

A su vez, la necesidad de formación en estos ámbitos se amplía por ejemplo a abogados, asesores, comunicadores, legisladores, quienes tienen un impacto trascendente en las políticas sanitarias, en la formación de opinión de las personas sobre sus problemas de salud y sobre la confianza del sistema sanitario.

También los pacientes no deben estar excluidos de esta estrategia, en particular si se consideran a las asociaciones de pacientes tal como acontece a la fecha en algunos países de Europa.

En definitiva, es necesario formar a todos los actores en cuestiones vinculadas con la función que desarrollan en el sistema sanitario, pero también es necesario formarles en lo que algunos llaman “habilidades socioemocionales” las que juegan un rol fundamental, incluso desde la educación escolar. Pero también, se requiere propiciar instancias de formación a otros actores, los pacientes en primer lugar para que efectivamente conozcan sus derechos al tiempo que repasan sus obligaciones, así como a la sociedad en su conjunto para que sea participe de los procesos de transformación que se llevan adelante, conozca las realidades imperantes en un contexto en permanente cambio y demande nuevos en un marco de conocimiento y valorización del sistema.

En este sentido, se debe avanzar también respecto de los “contenidos” y “actores” que integran esos procesos de formación específica para los que estamos directamente involucrados en el quehacer de la salud. Esta cuestión, para nada menor y que hoy al estar cumpliendo 20 años como directora de alguna institución de salud públicas o privadas, y dentro de estas últimas, multinacionales, de mediano y gran porte, he comenzado algunos procesos que podrían considerarse innovadores.

Así, por ejemplo, y en el marco de la dirección de la sede uruguaya de la Universidad ISALUD (la que aún no tiene calidad de universidad en nuestro país) el primer módulo del curso de competencias gerenciales fue dictado por un antropólogo social, lo que claramente sorprendió a los médicos asistentes. En unos días comienza el curso de Economía Política y Gestión de sistemas de salud, cuyo público objetivo además de los involucrados en el diseño de políticas santiarias, son periodistas, legisladores, clínicos. También, dentro del plan de formación de pacientes el que tendrá como fuente de inspiración el Plan de Humanización de pacientes de la Comunidad de Madrid, lo que realmente me ha sorprendido a través de su accionar en cuatro comunidades de España.

Estos caminos deben ser recorridos por quienes formamos en estas áreas.

Ser disruptivos en la formación, es los que nos permitirá en definitiva transformar, en este caso, la salud de todos.

 


 

[1] CEO de XN partners

Cecilia Hackembruch

Autor: Cecilia Hackembruch

Doctora en Medicina. Especialista en economía de la salud y calidad de servicios de salud. Health senior manager. Directora de ISALUD URUGUAY, Escuela de Gestión de Ciencias de la Salud.