Jueves, 4 de mayo de 2017

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Una red…pero de adultos responsables

Estas últimas semanas a través de las noticias hemos sido golpeados por sucesos dramáticos, trágicos en sí mismos, vinculados especialmente a niños y adolescentes, para los que estamos buscando explicaciones, especialmente preguntándonos si hubiéramos tenido alguna forma de prevenirlos.

El episodio de Felipe en Maldonado, de la niña embarazada en Rocha, los casos de los adolescentes que juegan a la Ballena Azul, los más de 2500 casos de maltrato infantil que se reportaron en 2016 y las decenas de muertes de adolescentes por suicidio, o accidentes con un mecanismo poco claro, son parte de una red de problemas con nuestros niños y jóvenes que tenemos que tomar en cuenta como sociedad, que no deberíamos atomizar ni en su abordaje, ni en sus causas.

No podemos colocar estos temas en compartimientos estancos, ni atribuirlos a responsabilidades específicas. Es tiempo de tomar conciencia de la responsabilidad que tiene toda la comunidad sobre algunos problemas que suponemos sólo estarían a cargo de instituciones formales.

Estas situaciones que se están visualizando en nuestra sociedad, que por una parte en las opiniones de expertos apuntan a padres, a maestros o al área de salud mental, necesitan un abordaje integrador que se ha visto poco en estos días. Es necesario tener en cuenta la integralidad de la persona, su ser único e indivisible y los múltiples puntos de vulnerabilidades y fortalezas que pueden presentar ante la eventual aparición de un desencadenante o promoción de una conducta de riesgo.

La observación de estos abordajes ha traído a mi memoria lo que ya en 1978 describe la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que define como Atención Primaria en Salud.

En setiembre de ese año emiten una declaración en Alma Ata que ha hecho historia en lo que a las políticas sanitarias se refieren. Por un lado reconocen la existencia de desigualdades en los sistemas sanitarios de los diferentes países y por otro, declaran como instrumento privilegiado para la atención de la salud en cada uno de los países del mundo lo que conceptualizan como Atención Primaria en Salud (APS). Identifican a esa forma de trabajo como clave en el propósito de la OMS del objetivo Salud para todos en el año 2000, y la definen como:

La atención sanitaria esencial basada en la práctica, evidencia científica, metodología, y en la tecnología, socialmente aceptables, accesibles universalmente a los individuos y a las familias, en la comunidad a través de su completa participación, sostenible económicamente. Forma parte y es el eje de los sistemas sanitarios, así como del desarrollo económico y social.

Por tanto, la APS

  • Se desarrolla a partir de realidades políticas y sociales de las comunidades
  • Se basa en la investigación de las necesidades de salud de la población
  • Proporciona servicios preventivos, curativos y de rehabilitación
  • Se identifica por la multisectorialidad y transversalidad
  • Requiere y promociona un desarrollo comunitario, al máximo posible

Por tanto, ver los problemas de salud en red y en contexto absolutamente transversal, en cada punto de intersección de las personas con su ambiente, es necesidad imperiosa para poder empezar a resolver los problemas que se nos están presentando cada vez con mayor frecuencia, complejidad y gravedad.

Los elementos que hace más vulnerables o protege a los adolescentes a estas situaciones, son comunes, ilustrados en la tabla. Todos los que estamos en contacto con ellos debemos estar atentos a su presencia.

factores

 

Estamos transitando una forma de vida cada vez más individualista, la que muchas veces es validada por nuevos medios de comunicación que parecen suficientes para sustituir los encuentros personales a propósito de la falta de tiempo, cansancio y otras razones seguramente muy valederas para el que las vive.

Es hora de reaccionar frente a los que seguramente sean los primeros de muchos problemas que estaremos atendiendo referidos a las mismas causas.

En tres años se denunciaron casi 1000 casos más de maltrato infantil. Seguramente haya una mayor sensibilidad y atención para la denuncia ante dichas circunstancias, por lo que la gravedad del problema que existe no implica necesariamente que haya aumentado en esa frecuencia. Pero la magnitud de este problema no lo podemos medir solo en cifras, sino en impacto en la persona, en su contexto y en el contexto futuro de esos niños, cuyo número – no me cabe duda – supera ampliamente los denunciados.

En 2016 más de 100 niñas entre 10 y 14 años fueron madres como consecuencia de explotación sexual o de abuso. Cuántas niñas más sufren de estas situaciones sin que tengamos conocimiento quizás por el hecho de que no fueron madres.

La lista podría seguir. Todos los días nos enteramos de nuevas cifras de “jugadores” del nuevo desafío suicida que se ofrece por la red social más grande. Cuando se bloquee o se identifiquen los promotores del mismo, podemos tener la certeza de que habrá nuevos juegos de este estilo a la caza de niños y adolescentes vulnerables. Si se me permite la dureza del comentario, este caso ha tenido más visibilidad por algunos componentes como las lesiones que se autoinflingen los chicos, porque de la incitación a la violencia incluyendo al suicidio, estaba presente hace tiempo a través de la explotación y de distintas formas de maltratos “en red” como el bullying por ejemplo.

Les propongo generar una red con una malla más cerrada, que sostenga las caídas de los que se afectan por cuestiones como las referidas precedentemente, generando un compromiso comunitario, transversal en disciplinas y no individual.

En épocas en las que el trabajo en equipo en empresas esta tan promocionado y con justicia, generemos un equipo ganador para combatir el daño que están sufriendo tantos, muchas veces tan cercanos a nosotros.

De eso trataba, justamente, lo que promovía aquella visionaria declaración del 1978 de la Organización Mundial de la Salud. En las actuales circunstancias, no cabe duda, es ese el camino.

 

Cecilia Hackembruch

Autor: Cecilia Hackembruch

Doctora en Medicina. Especialista en economía de la salud y calidad de servicios de salud. Health senior manager.