Lunes, 27 de julio de 2015

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Uruguay, el país del fútbol dorado

Están ahí, sí, otra vez bien arriba. Haciendo escuchar el himno más lindo del mundo. Están ahí, cantándolo como si fuera la última vez que pudieran hacerlo. Mirando como la bandera de nueve franjas y un sol sube más alto que todos los otros emblemas de tres continentes.

Están ahí, emocionando a los que hace mucho tiempo se fueron a vivir su vida a Canadá, a los que viajaron desde New York, a los que se arrimaron de otras ciudades. A los que los acompañaron desde la emisión televisiva, aunque el almuerzo dominguero en familia recién estaba finalizando.

Está ahí, sí, luciendo la medalla de oro de los Juegos Panamericanos de Toronto. Y qué bien les queda. Uruguay, campeón. Uruguay de oro. Merecido. Fiel reflejo de que el equipo jugó con máxima concentración, con agresividad en la marca y con mucha velocidad para poder mutar la postura defensiva por la ofensiva.

El triunfo, además, es una recompensa enorme a la actitud del grupo y enriquece a un país signado por resultados de esta naturaleza. Están ahí, se los aprecia claramente. Y no es una simple observación ni una sensación ni una imagen subjetiva. Están ahí porque hay raíces bien profundas que están sosteniendo un resurgir de las selecciones uruguayas.

Están ahí porque este plantel se hermanó con aquellos que empezaron a trabajar para recuperar el prestigio que se había perdido, para volver a poner a Uruguay en la elite del fútbol mundial.

Uruguay campeón de los Juegos Panamericanos. Me gusta repetirlo diez veces antes de escribirlo. Qué lindo suena y que bueno que sea con jóvenes valores que muestran que pueden dar una mano en cualquier momento. Qué estupendo que esto siga ocurriendo para que se fomente la hermosa sensación de que acá, en este pequeño rincón de Sudamérica, nacen jugadores para obtener títulos.

Y que a nadie se le ocurra mencionar que es un campeonato de menor calibre. Cómo va a poder serlo cuando, entre otros, están de adversarios países de enorme poderío económico y con una cantidad de futbolistas que Uruguay jamás podrá reunir aunque pida a todos sus deportistas que abandonen sus disciplinas para dedicarse exclusivamente al balompié.

Están ahí, sí. Son los heroicos jóvenes, nobles en el esfuerzo, entregados de cuerpo y alma a la mejor causa de todas: la Celeste. Descollando cuando hay que correr 30 metros para recuperar una pelota, celosos guardianes del arco cuando un balón consiguió escaparse del primer control de seguridad, disciplinados cuando se les demandó mayor atención en las tareas tácticas. Juntos, siempre juntos, y tan unidos como los de la Copa América 2011, como los de Sudáfrica 2010, como los de las Eliminatorias en los peores momentos.

Ahí está el vínculo. Es eso lo que asoma con una singular vivacidad. Es eso lo que permite imaginarse un futuro venturoso y lo que acrecienta la confianza para seguir sorteando los duros escollos que se pondrán por delante.

Uno de ellos es el fixture de las Eliminatorias. Las bolillas que sacaron Diego Forlán y Ronaldo en Rusia le determinaron a Uruguay un comienzo muy diferente al que venía teniendo en los procesos de clasificación para las Copas del Mundo. Y, lo que digo, es que es diferente, nada más. No sé si es peor o mejor, porque el supuestamente calendario favorable nos generó tantas complicaciones que ya no lo quería ni ver.

A lo mejor lo único que no se ajusta al deseo global es que en la cuarta fecha recibiremos a Chile sin Luis Suárez y, la verdad, es que hubiese estado bueno tener al mejor número nueve del mundo ese día. Por lo demás, nada para quejarse. Toque el que toque hay que ganarle, así que en esa ruta poco importa la forma en la que te van cayendo los rivales. Que venga el que venga. Mientras sigan saliendo jugadores campeones como estos chicos de Fabián Coito hay buena madera para ganarle al que sea.

Edward Piñón

Autor: Edward Piñón

Periodista desde 1983. Comentarista de Fox Sports, FSRadio Uruguay y de A Fondo. Comentarista de Radio Cero 104.3 y ex editor de Deportes de El Observador y El País. Columnista de El Telescopio.