Miércoles, 6 de diciembre de 2017

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Uruguay Paradójico

Una persona por la deuda de un préstamo o problema económico puede terminar en el registro del “Clearing” (de informes) y queda inhabilitada para la actividad financiera. Pero si es un violador o un abusador sexual y homicida, no hay registro alguno para este tipo de criminales. Recién ahora y luego de aberrantes y trágicos crímenes de varios niños, se retoma la idea planteada desde hace años, de crear un Registro de violadores y abusadores sexuales. Aún sin concretar y que despertara seguramente largos debates. Mientras tanto, la trágica realidad se impone y sigue su curso.

Por otro lado, el gobierno exigirá y fiscalizará la instalación de microchips para los perros para su contralor, pero no hay preceptivamente la exigencia de  tobilleras con Gps, para sujetos con profusos antecedentes como violadores y abusadores sexuales.

Si un ciudadano común estaciona mal, lo multan y guinchan sin ninguna contemplación o perdón, por la infracción o el error. Es decir que el ciudadano le cede al Estado el derecho de castigar con penas y multas. El Estado las multas (en dinero) no las perdona (sean de DGI, BPS, IMM, Transito, Contribución, etc.) pero varias penas (por algunos delitos) si, mediante mecanismo liberatorios de quien delinquió, o renunciando a su persecución penal o abandonando la que se haya iniciado, en determinados casos delictuales expresamente establecidos (“Principio de oportunidad”, Art 100 del nuevo CPP).

Se perdona algo más grave y no algo más leve. Los errores o faltas administrativas no se perdonan, pero algunos delitos sí. De esta forma el Estado termina siendo condescendiente con quienes cometen algunos delitos que son liberados y no van presos. Pero no así con el ciudadano común. ¿Esto es equidad?; ¿Esto es lógico y razonable?.

La experiencia comparada indica que por ejemplo, prácticas con la denominada “teoría de las ventanas rotas”, que implicaba la justa aplicación de la ley en todos los casos, sin excepciones, demostraron que se redujeron significativamente, la los delitos y las tasas de crímenes, tanto menores, como mayores. En Uruguay parecería que recorremos el camino contrario.

Sin dudas que cierta hiper-benignidad penal conspira fuertemente en poder disminuir la inseguridad reinante.

También parece no repararse en que la Víctima y el victimario no son iguales. En que el delincuente no es víctima. El victimario es quien salió a delinquir, a apropiarse de lo ajeno, a causar un daño, una lesión o incluso una muerte. Mientras que la víctima simplemente, es una persona honesta que salió a trabajar, a estudiar, a hacer sus tareas cotidianas. Tristemente, los delincuentes no se preocupan por evitar la violencia, ni que la misma tenga un resultado letal.

Al grado tal que en muchos casos los delincuentes decretan la pena de muerte de la víctima. Donde en el “Reino del revés”, la víctima muchas veces, cumple prisión perpetua. En una tumba. O en otros casos es condenada a quedar con una lesión física permanente, a tener que vivir con una discapacidad provocada, o a sufrir una paraplejia, que los condena a una silla de ruedas de por vida.

Hay que comprender que no está mal condenar al que delinque, si no, el mensaje es que todo vale. Se consagra la impunidad, que es la principal aliada de la delincuencia y quien la incentiva. Anulando la pena y dejando libre a quien delinque, algunos creen anular el crimen. Tremendo error.

Parecería que existiera la intención de algunos, de cuidar más los derechos del delincuente, que la vida e integridad de las futuras víctimas y de los ciudadanos honestos. Que hay muchas víctimas, que tal vez son víctimas de un sistema que pone en libertad a muchos criminales que salen a cometer delitos una y otra vez.

Una obligación primordial del Estado y del Gobierno es cuidar a la gente. La población reclama justificadamente “Basta de inseguridad”. Quienes nos gobiernan desde hace más  de 12 años, tienen mayorías parlamentarias. Legislen. Hay desde hace demasiado tiempo, casi un centenar de proyectos de ley presentados por toda la oposición, que atacan directamente a la inseguridad y que no son tratados ni votados.

Y también habría que recorrer el camino de derogar  las normas o leyes que impiden el cumplimiento efectivo de las penas. En consecuencia, los sistemas e institutos de beneficios ex carcelatorios, como por ejemplo, las salidas transitorias, libertad vigilada, principio de oportunidad,  libertad anticipada, libertad condicional, suspensión condicional de la pena, de redención de pena por estudio y por trabajo, habría que reverlos, en particular para los delincuentes reincidentes.

La gente no admite más impunidad e injusticia. Se encuentra abrumada por los hechos de inseguridad cotidiana. Hay un verdadero temor real instaurado a nivel social por el crecimiento delictivo. La gente vive regalada y a merced de los delincuentes.

No está mejorando la seguridad si al mismo tiempo la gente está cada vez más insegura y a merced de los delincuentes. Si ya hay más  de 65.000 vecinos que se han tenido que organizar como “Vecinos en Alerta” frente a los embates del delito cotidiano.

Hay que revertir que el “negocio” de delinquir sea próspero. Se necesita sustituir una política centrada en “vaciar las cárceles” por otra que priorice “vaciar las calles de delincuentes”.

Se debe poner límites claros. El delincuente tiene la percepción de que no hay límites o que el sistema actual es permisivo y juega a su favor.

La justicia no se debe transformar en una puerta giratoria, para que quien delinque entre y salga automáticamente, como si los hechos no hubiesen ocurrido.

Hoy las víctimas sienten que el sistema no sanciona adecuadamente, que no las respalda, y eso le resta legitimidad. Los delincuentes perciben que tienen pocas posibilidades de ser capturados y que en caso de que lo sean son bajas las chances de terminar tras las rejas o que existen los mecanismos para no cumplir toda la pena y salir mucho antes.

La delincuencia nunca se va a terminar, pero se debe procurar dar satisfacción a las víctimas, que sepan que capturará a los delincuentes, se les aplicará la sanción que la ley establece y se hará justicia. Esa es la mejor forma de honrar a las víctimas.

La Justicia, a través de sus operadores, jueces y fiscales, debe imponer y aplicar con severidad las normas a su alcance. Enviando un claro mensaje en defensa de la sociedad y de intolerancia ante la violación de los DD.HH. de las víctimas de los delitos.

El Parlamento nacional debe legislar con celeridad, más y mejores leyes contra la inseguridad, acordes a la realidad.

Y el Poder Ejecutivo, debe hacer valer la autoridad y obtener resultados tangibles en el combate a la delincuencia. Reconocer la realidad, no trasladar el problema, y asumir que su función no es dar explicaciones sino obtener logros.

Resulta fundamental enviar señales claras al delito: transmitirle y decirle al delincuente que delinquir es costoso.

Y debe siempre recordarse que las consecuencias de situaciones de injusticia, de impunidad y de una pésima gestión en materia de seguridad pública, no se miden en cifras o porcentajes. Se miden en vidas perdidas. En seguridad perdida. En libertad perdida.

Guillermo Maciel

Autor: Guillermo Maciel

Doctor en Derecho y Ciencias Sociales. Doctor en Diplomacia. Docente de la Universidad de la República; de la Universidad de la Empresa y de otros centros de estudios superiores. Director General del Ministerio del Interior de la República Oriental del Uruguay de 1999 a 2005. También se desempeñó como asesor del Ministro del Interior durante 1998. Asesor del Comité Nacional de Calidad de la Presidencia de la República de 1996 a 1999. Director del Observatorio en Seguridad de la Fundación Propuestas. Consultor especializado en seguridad ciudadana; y autor de varios trabajos publicados sobre la materia.

  • Luis Alberto Blanco Rodríguez

    Pero pienso yo que: El FA sigue obteniendo mayoria absoluta. Por tantp la mayoría debe estar de acuerdo con este estado de cosas, entonces lo que tu haces es predicar en el desierto. No se cuando volveremos a tener un electorado pensante, pero mientras tanto “DESE POR DESAHOGADO”