Miércoles, 11 de mayo de 2016

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Uruguay y sus dificultades para insertarse en la Sociedad del Conocimiento

No debería llamarnos a sorpresa a los uruguayos, que los múltiples problemas que enfrenta nuestra educación, tengan consecuencias profundas en todos los niveles del sistema. Sin embargo, recién en los últimos años, la educación superior uruguaya empieza a tomar conciencia de los desafíos que tiene por delante, fruto de los varios problemas de los niveles previos, en particular en la educación media. El tema es grave, porque limita la posibilidad de una inserción exitosa del país en lo que se ha dado en denominar la Sociedad del Conocimiento.

En nuestro país, todavía seguimos hablando de la “masificación” de la educación superior lo que no es más que un mito. De acuerdo a datos provenientes de la Encuesta Continua de Hogares, en los últimos diez años, no aumentó la cantidad de jóvenes de 21 y 22 años que culminaron los estudios de la educación media superior. Es decir, que se gradúan de los diferentes bachilleratos la misma cantidad de jóvenes desde hace una década. Frente a ese dato incontrastable, es difícil de sostener que los ingresos universitarios aumenten significativamente, más allá que pueda haber algún grupo, en particular del interior, que se le haya facilitado el acceso en los últimos años al abrirse nuevas ofertas terciarias más cercanas, en un esfuerzo loable de la Universidad de la República (UDELAR), la nueva Universidad Tecnológica (UTEC) y algunas ofertas de las instituciones privadas en Maldonado, Salto y Colonia.

Seamos claros, el número de estudiantes universitarios en el Uruguay, no crece y difícilmente pueda crecer en el futuro si no se cambia significativamente la tasa de egreso de la educación media. Para darnos cuenta de la magnitud de la catástrofe que implica esta situación, resulta interesante compartir los datos que presentara el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd) en su “Informe sobre el estado de la educación en Uruguay 2014”. Allí se compara la situación de los seis países de la región, con datos del porcentaje de jóvenes que con 18 a 20 años han culminado doce años de escolarización. Lidera el grupo Chile con 76% de los jóvenes de esa edad que han culminado la educación media, le sigue Bolivia con 56%, Argentina 48% y Brasil con 47% se encuentran parejos, luego Paraguay con 43%, y cerrando el pelotón, Uruguay lejos con un 28% de tasa de graduación del nivel medio. ¡Patético!

Algún espíritu confundido podría decir que los otros países no son exigentes y facilitan la aprobación de cursos sin los debidos niveles de exigencia, a diferencia de nuestro país, en el culminarían la educación media los que cuentan con adecuados niveles de formación. Si bien no hay estudios sistemáticos, todas las evidencias de las universidades y facultades que realizan pruebas diagnósticas indican que, un porcentaje bajo dispone de los conocimientos y competencias para ser exitosos en su formación universitaria. Hace unos años, Arotxa con su inconfundible magia de humor ácido, acompañaba una nota que reseñaba una prueba al inicio colocada por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República, con unos dibujos de estudiantes a los que colocaba orejas de burro como hace mucho tiempo atrás se castigaba a aquéllos que no aprendían. Y eso que los que logran culminar los bachilleratos de ingeniería suelen destacarse como los más inteligentes de su cohorte.

La verdad es que, además de los problemas demográficos de nuestro país, pocos jóvenes culminan la educación media y mucho lo hacen con problemas de formación. Ni la gratuidad de la enseñanza de las universidades estatales, ni las becas de las universidades privadas, ni el Fondo de Solidaridad pueden hacer mucho para cambiar esta situación.

La pregunta relevante a esta altura es, ¿qué estamos haciendo para superar esta situación? Y la triste respuesta es que estamos haciendo muy poco. En setiembre del año pasado la Ministra de Educación prometió “cambiar el ADN de la educación”, incluyendo como una de las principales medidas, “duplicar los egresos de la educación media superior”. Esto implicaría que en lugar de 18.000 personas que actualmente culminan dicho ciclo, pasar a un entorno de las 36.000. No se advierten, a la fecha, cambios suficientemente significativos y sistémicos como para que estas promesas se cumplan en un futuro cercano.

Fruto de estos desaciertos, Uruguay no está formando ni la cantidad ni en calidad, a las personas que deberían constituir el capital humano para su desarrollo sustentable. Desgraciadamente no estamos ampliando las oportunidades a los jóvenes para su movilidad social, acceder a oportunidades de trabajos desafiantes y bien remunerados. Pero tampoco, y esto debe preocuparnos gravemente a todos, estamos formando de forma suficiente como para garantizar el mejor funcionamiento de nuestras instituciones, pilar clave de la gobernabilidad democrática y del desarrollo de los países.

Como en tantas otras oportunidades, los trenes pasan por nuestra puerta y no los aprovechamos. En este caso es el de la Sociedad del Conocimiento, al cual unos pocos de los nuestros han podido subirse a él, y como país, lo vemos alejarse rápidamente tornándose inalcanzable. Parece que los responsables de las políticas educativas, prefieren seguir a pie.

Pablo Landoni

Autor: Pablo Landoni

Decano del Instituto Universitario Asociación Cristiana de Jóvenes Investigador en el campo de la Educación Superior