Domingo, 18 de septiembre de 2016

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Uruguayos ¡a las cosas, a las cosas!

En muchas áreas de la vida del Uruguay se ha tornado desesperadamente necesario tomar decisiones y empezar a hacer las cosas.
Enfrentamos un inmovilismo en muchos terrenos que nos están haciendo no sólo perder oportunidades sino retroceder.
Una de esas áreas es la inserción internacional.
El mundo avanza a acuerdos entre bloques que privilegian el ingreso de mercaderías sin abonar aranceles y eliminan otras trabas no arancelarias.
Chile, por ejemplo, ingresa al 70% de los mercados mundiales con esos acuerdos. Nuestro país al 7%.
Ello constituye una obvia desventaja puesto que nuestras exportaciones agregan costos de ingreso que otros no tienen. A lo que se suma un aporte a tesorerías extranjeras que podría ser un beneficio para el país si no existiera.
Mientras ello sucede y pese a las advertencias de la cancillería no se toman decisiones ni se encara una política seria de inserción internacional.
Ello se debe a las contradicciones que existen en el partido de gobierno donde, si bien varios sectores entienden que es necesario avanzar en ese sentido, otros lo impiden.
Así nos perdimos el tren del TLC hace unos años, el del TISA el año pasado y hoy las posibilidades que dan los bloques comerciales.
Ahora se anuncia un acuerdo con Chile. Esto si bien es auspicioso no es más que un paso tímido puesto que con Chile tenemos un desgravamiento casi total del comercio.
La gran decisión pasa por integrarse a los grandes acuerdos más allá del Mercosur.
Algo similar sucede con la Educación.
Todos los estudios nos señalan que estamos en serios problemas en materia educativa. En las pruebas PISA fuimos los que mas retrocedimos. En Matemáticas, por ejemplo, perdimos 18 puntos. Los otros países de la región perdieron entre 3 y 4 puntos, y algunos ganaron.
Las pruebas TERCE y los informes del Instituto de Evaluación Educativa nos indican que no sólo estamos retrocediendo sino creando una gran desigualdad. Quienes integran los sectores de menos recursos de la población son los que menos posibilidades están teniendo en la educación.
Hasta hace poco se señalaba que era necesario cambiar el ADN de la Educación.
Los que iban a hacerlo ya no están en sus cargos y mientras tanto ni siquiera puede realizarse una adjudicación de horas por dos años y las obras que se quieren realizar son objetadas.
Los proyectos de ley para establecer mínimos de días de clase o crear la Universidad de la Educación duermen en las comisiones parlamentarias sin siquiera ser analizados por los legisladores.
En materia de seguridad ciudadana se anunciaron, con bombos y platillos, acuerdos para aprobar leyes.
Sin embargo, pasados ya varios meses, no se ha logrado que el Parlamento aprueba por lo menos uno de esos proyectos.
Mientras ello sucede los homicidios y las rapiñas se convirtieron en parte diario de las noticias del país. Comerciantes y ciudadanos baleados, rapiñas y homicidios llenan las página de los periódicos.
Se habla mucho y se concreta poco.
En el período de gobierno pasado se prometió un tren de los pueblos libres que conectaría Paso de los Toros con Buenos Aires, vía Salto. Se anunciaron proyectos mineros como el de Aratirí, un puerto de Aguas Profundas en la costa Atlántica, una planta regasificadora, obras público privadas y muchas cosas más.
No se ha concretado ninguna de ellas.
El mundo moderno es competitivo, cambiante y desafiante.
Requiere una permanente toma de decisiones y, sobre todo, concreciones.
Si no se toman decisiones ni se realizan concreciones no sólo no se avanza sino que se retrocede puesto que otros aprovechan las oportunidades que nosotros perdemos y las brechas se agrandan.
El país necesita salir de esta inmovilidad.
En una visita que realizara José Ortega y Gasset a la Argentina en 1939, el filósofo y pensador español les dijo estas palabras que aplicables hoy a nosotros los uruguayos:

“¡ a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal”.

Por ello lo del título: ¡Uruguayos a las cosas!

Pedro Bordaberry

Autor: Pedro Bordaberry

Abogado, Senador, 55 años.

  • MalcomX

    Estimados: no hace sentido para mí, no me convoca, no me representa, una nota de un dirigente político a otros dirigentes políticos, aunque con un título y un remate que parece dirigido a todos los uruguayos. Los uruguayos más comunes estamos trabajando juntos, sin interponer cuestiones partidarias ni ideológicas. Creo que lo que está faltando, y sobre todo a nivel de nuestros “dirigentes”, es una visión compartida de largo plazo sobre las cuestiones esenciales, y competencias personales para llevarla adelante entre todos. Falta el uso de herramientas para anticiparse al futuro y para planificar nuestros pasos, falta compromiso compartido en la acción, y sobre todo, costumbre de trabajar incansablemente para el logro, sin criticar a los demás. No nos alinea un pensamiento que se exprese por la denuncia de lo que los demás no hacen, o prometieron y no hicieron, porque no alcanza. Sino la actitud incansable de unir, apoyar y construir. El desafío es que el plan estratégico en vez de ser a 5 años (que es el período que va de una elección a otra, tiempo en el cual el político sólo piensa en subsistir en su profesión), sea a 50 años! (lo que necesita la nación). Como lo pensó el Pepe Batlle en su momento. Saludos.