Martes, 2 de mayo de 2017

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Vale la pena, rescatar conceptos y releer clásicos…

Hace unos días encontré en la biblioteca el libro de Antonio M. Grompone “La ideología de Batlle” publicado en 1967, mucho antes de que comenzaran en el Uruguay las grietas de la sociedad.

Es una excelente síntesis con el mérito de la brevedad, para comprender a Batlle y Ordoñez y su ideario, “las características del hombre, las condiciones del medio político y social en que actuó y las doctrinas que inspiraron su obra”.

El batllismo es el resultado de la convergencia en un determinado tiempo de estas tres condiciones y es idea más que doctrina, porque es flexible a los cambios del medio y del hombre.

La personalidad de Batlle marca un espíritu libre que pudo ser crítico en el siglo XIX y constructivo en el XX, capaz de conocer lo que sucedía en el mundo que se había dado una tregua de paz y encaminar un país primitivo, de economía rural y revoltoso a una orientación cosmopolita en que la cultura, la industria y la jerarquización del individuo fueran el centro de atención, depositando en el sufragio su mejor carta de ciudadanía.

El hombre era el centro de su pensamiento, la razón como método, la educación como meta y la libertad omnipresente. Un humanismo liberal, espiritualista y evolucionista, con racionalidad positivista en la acción, multiplicidad propia de un espíritu ecléctico que sabía tomar de cada escuela de pensamiento lo que consideraba su mejor aporte.

¿Acaso no es así como consideramos los habitantes de este país que debe ser la orientación de la Política?

Dice Grompone: “Hay dos cosas que lo definen bien nítidamente en su conducta de gobierno, la noción de respeto a la individualidad humana, que debe caracterizar todo ideal de gobierno, y la soberanía nacional, que garantiza la libertad de sufragio, la libertad de pensamiento, la libertad de conciencia, el respeto por el bien colectivo y la honradez administrativa”.

Y copia a Batlle y Ordoñez en un reportaje de la época “Hay dos tareas que realizar, perfectamente distintas y con límites claramente determinados, en la vida de una república, la de los ciudadanos a quienes está cometida la creación de los gobiernos y la de los gobiernos a quienes está cometida la realización de las aspiraciones de los ciudadanos en la administración de los intereses públicos”.

¿Y no es así, lo que requerimos al gobernante de turno en los tiempos actuales, en que tantas libertades se vulneran y tantas dudas o vergonzantes certezas merecen las conductas en la administración del Estado?

Y más adelante, sigue Grompone, diciendo:”…que lo colocan frente a las satrapías que confunden el gobernar con el ejercicio voluptuoso de un poder en beneficio personal o de círculo, que utilizan la autoridad para el enriquecimiento personal con negociados hechos en perjuicio del país o con la utilización de los dineros públicos en beneficio personal”

Acaso no vemos que estas inconductas, son corrientes en la sociedad de hoy, y que llevan a la consideración judicial y el procesamiento de actores principales de la vida pública del país y a la consideración popular, que, en materia política, todos son lo mismo y alientan el rechazo desde el slogan de “que se vayan todos”

La organización del Estado republicano es otra de las ideas vigentes de Batlle y Ordoñez. Consideraba que en el siglo XIX había existido en la Presidencia una suerte de monarquía y que el país se dividía en dos grupos antagónicos, oficialistas y opositores. Ello debía de ser sustituido por un régimen en que la mayor parte de los actores políticos pudiera participar en el gobierno del Ejecutivo, como efectivamente lo logró asignando la tarea del orden público y las relaciones exteriores a la Presidencia desde 1910 hasta 1933 y las tareas sectoriales a la participación de diversos partidos y actores independientes. No le alcanzó la voluntad popular para consagrar el colegiado inspirado en el mismo sentido de participación múltiple, como derecho de los ciudadanos y como mecanismo evolucionado de convivencia nacional.

Tal vez estaba muy delante de su tiempo, inclusive adelantado a los tiempos actuales.

¿Habría hoy, voluntad de repartir el poder con la oposición para lograr una mayor paz social y el beneplácito ciudadano, si no fuera necesario para integrar mayorías parlamentarias?  Quien lo propusiera, hoy, seguramente sería tildado de ingenuo o demagogo.

Batlle era un hombre de pensamiento y de acción. No podía concebir las ideas sin llevarlas a la realización, como obliga la más básica honestidad política. Así fue, que en todos los órdenes, fue su tiempo un tiempo de realizaciones materiales, desde las obras públicas, a las obras sociales, a la educación, que hacían a la mejor condición del hombre y la mujer, del anciano, del trabajador y de los jóvenes.

Era necesario reorganizar la economía del país utilizando con inteligencia todos los medios.

Por un lado. la inversión privada, pero con límites a los privilegios de las concesiones y el fomento por el desarrollo de los entes del dominio industrial para fomentar el desarrollo de actividades como el Puerto, el Banco Hipotecario, el Banco de Seguros o la UTE que superaban la capacidad nacional individual.

Una clara política de la deuda pública, la que sólo se aumentaría, para atender la inversión productiva del país y no para atender déficits fiscales corrientes, como había sucedido en el siglo XIX y como sucede en el siglo XXI.

Bastante claro planteo de que es necesario recurrir a todos los medios para lograr el desarrollo y el crecimiento económico, concepto que lamentablemente todavía cuenta con actores que solamente ven una de las partes, volviéndose agresivos contra las otras y fomentando un circuito vicioso de pérdida de confianza, falta de ahorro nacional e inversión, inhibición del espíritu emprendedor y emigración.

El problema de la distribución era la consecuencia del lógico devenir de la actividad parlamentaria que buscando el apoyo de los ciudadanos legislaría en adecuado equilibrio social para motivar a empresas y trabajadores.

La organización partidaria, Batlle, la concibió desde abajo hacia arriba, desde los clubes seccionales, donde la población pudiera expresarse y contrario a la organización de Comisiones Directivas.

Un concepto que se debería de rescatar para fortalecer al Partido Colorado y que con inteligencia supo imitar el Frente Amplio con sus Comités de base, antes de transformarse en un partido de cúpulas directrices.

Han pasado 100 años. Los conceptos básicos siguen vigentes. Los que no están vigentes son los valores, los hombres y los partidos, que no han sabido respetar, justa y necesariamente, los conceptos de la República. Que han reducido su espíritu a una dimensión presente y material del gobierno, de base financiera y escasa eficiencia social, motivadora de un creciente desafecto por el sistema político, de la indiferencia por la cuestión social y su proyección, que de continuar su tendencia actual asegura un porvenir contrario al de paz y prosperidad que, supongo, todos esperamos del futuro.

Vale la pena volver al pasado, de vez en cuando, para rescatar conceptos y releer los clásicos, como esta pequeña y sustanciosa obra de Don Antonio M. Grompone.

Lucio Cáceres

Autor: Lucio Cáceres

Ing. Civil, egresado de la Universidad de la República. Vicepresidente de la Academia Nacional de Ingeniería Asesor de empresas de construcción privada y de mantenimiento a partir de 2005. Asesor Regional en Infraestructura (ingeniería de infraestructuras, ingeniería del transporte, evaluación de proyectos, asociaciones público-privadas y concesiones). Realiza Evaluación económica de proyectos de inversión para OEA. Ha trabajado junto a UNOPS en proyectos de infraestructura (aeropuertos , puertos y carreteras), asesorando a gobiernos y los inversores institucionales. -Ministro de Transporte y Obras Públicas entre 1995-2005 -Director Nacional de Vialidad entre 1985-1989 -Profesor de la Universidad de la República , 1975-2010 , UM ( 2011 ) Y -Profesor del curso Máster de la Universidad de Piura, Perú ( 2012-2013 ) , -Consultor para el Banco Mundial, el BID , la CAF y los gobiernos de China, -Paraguay , Panamá , Argentina , Chile, Perú, El Salvador, Honduras y Colombia