Jueves, 11 de junio de 2015

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“Vamos a tener que remar muy duro”

Ignacio Munyo es Profesor de Economía y Director del Centro de Economía, Sociedad y Empresa del IEEM, Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo. Es columnista del diario El País y consultor de organismos internacionales y de empresas multinacionales. También es Académico de Número de la Academia Nacional de Economía e Integrante del Sistema Nacional de Investigadores. Ganó el Premio Nacional de Economía Raúl Trajtenberg 2014,el premio más importante en el área de economía en Uruguay. También ganó el Premio Academia Nacional de Economía 2007. Cuenta con varias publicaciones en revistas  científicas  internacionales. Tiene también presencia activa en medios de comunicación nacionales e internacionales, como CNN, BBC, Financial Times, Washington Post, Chicago Tribune, El País de Madrid, La Nación de Argentina, entre otros. Sus áreas de interés son microeconomía aplicada y macroeconomía de economías emergentes. Fue Economista Senior de CERES (Uruguay) e Investigador Asociado de la Brookings Institution (Estados Unidos). También fue Asistente deInvestigación en la Universidad de Chicago (Estados Unidos). Es Doctor en Economía por la Universidad de San Andrés y Máster en Economía en la Universidad de Chicago, en donde también tomó los cursos de doctorado. Es Licenciado en Economía y Analista en Contabilidad y Administración por la Universidad de la República. Participó del Programa de Alta Dirección (PAD) del IEEM y del Programa de Aprendizaje Centrado en el Participante de la Universidad de Harvard.

 

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Foto: Cortesía de la IEEM Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo

 

En diálogo con El Telescopio, el economista Ignacio Munyo, señaló que “no hay espacio para aumentar el Impuesto a las Rentas Personas Físicas (IRPF) en las franjas elevadas como forma de incrementar la recaudación” y que “no sería recomendable  subir la carga impositivas a las empreas”. Además, indicó que la meta prioritaria del gobierno debería ser “sostener el crecimiento económico” donde tenemos un “contexto externo muchos menos favorable”.

Con respecto su labor profesional ¿cómo describe su trabajo a la hora de realizar investigaciones? ¿Existe algún aspecto que sea característico de sus investigaciones?

 El factor común de mis investigaciones es el interés por las cosas simples, cotidianas pero relevantes, cosas que entiende todo el mundo. A un gran profesor que tuve en Estados Unidos, Tom Sargent –que ganó el Nobel de Economía hace poco– le gusta definir a la Economía como “sentido común organizado”. Eso es lo que tratamos de hacer en nuestra investigación académica: organizar el sentido común y si es posible cuantificarlo.

La Economía es una ciencia que nos da un enfoque para analizar cualquier tipo de problema relacionado con el comportamiento humano. Siempre que estemos ante una situación en donde se presenta una disyuntiva en donde hay costos y beneficios hay espacio para la ciencia económica. Así es usual hoy encontrar a economistas estudiando fenómenos que hace un tiempo eran exclusivos de otras disciplinas. Lo bueno es que esto nos permite entender mejor aspectos relevantes del comportamiento humano.

Gracias a la ciencia económica hay muchas cosas que ya no se discuten, no tenemos que estar replanteándolas constantemente. Gracias a la Economía sabemos que hay muchas cosas que son deseables no son factibles y que las personas, así como las organizaciones, se enfrentan constantemente a disyuntivas. Que todos los individuos responden a incentivos, incluidas las personas que quieren ayudar. Que cuando las personas o empresas están satisfechas con sus opciones, por más que no sea lo mejor para la sociedad en su conjunto, es muy difícil cambiar el statu quo. Que cuando un gobierno gasta, sus ciudadanos siempre pagan, ya sea hoy o mañana, ya sea a través de impuestos explícitos o impuestos implícitos como la inflación. Y que los precios contienen información agregada de todos los participantes del mercado, por eso se hace tan difícil de pronosticar el tipo de cambio.

En definitiva, la Economía nos brinda herramientas muy potentes para analizar el comportamiento humano y por eso nos apasiona.

Si bien la conducción económica del país durante los dos periodos anteriores estuvo al mando del equipo del contador Astori, ¿Existieron diferencias notorias o se ha seguido el mismo rumbo?

 Mujica le dijo a Vázquez que no hubo dos equipos económicos, ¿Usted qué opina?

 A pesar de los matices y las diferentes velocidades, la conducción económica continuó con la línea que sigue el país desde hace 40 años. Si bien es cierto que durante la Administración Mujica desde la OPP surgían constantemente propuestas no alineadas con esta visión, no tuvieron un impacto sustancial sobre el rumbo liderado desde el Ministerio de Economía. Ahora si hilamos más fino, vemos que en materia de manejo fiscal y el control de la inflación el gobierno de Vázquez fue mucho más prolijo que el de Mujica.

¿Podría realizar un balance de estos diez años de gobierno, destacando aspectos positivos y negativos?

 Han pasado todos los partidos por el gobierno y sectores con perfiles muy heterogéneos y ya no se discute que la inversión privada –por más que sea extranjera– es el motor del crecimiento económico, la disciplina macroeconómica, ni el respeto de las reglas de juego. Ya superamos esa prueba de fuego. Ese es sin duda un aspecto positivo.

Como aspecto negativo, destaco el fracaso de la reforma del estado desde el punto de vista de la eficiencia de la gestión pública en general (“la madre de todas las reformas” brilló por su ausencia), incluyendo las Empresas Públicas, con especial énfasis en la gestión de la educación básica en donde los resultados se siguen deteriorando.

En materia impositiva, ¿cómo ve al Uruguay?

Si bien el sistema tributario no es el ideal, creemos que no es el momento para introducir cambios. El desajuste de las cuentas fiscales se debe cerrar por el lado del gasto y no buscar generar mayores ingresos.

No hay que generar ruidos que puedan afectar la inversión, y no sería recomendable  poner sobre la mesa la posibilidad de una suba de la imposición a la actividad empresarial por más que la inversión extranjera pague muy poco.

Tampoco hay espacio para aumentar el IRPF en las franjas elevadas como forma de aumentar la recaudación. Si de todas formas fuera necesario un aumento de la recaudación, en el punto en que no hubiera más remedio, éste debería venir por el lado del IVA, sería el menos dañino.

Los commodities y la celulosa han sido los principales factores que permiten explicar el crecimiento económico. ¿Es posible afirmar que esta tendencia continuará o es previsible esperar una contracción?

Entre 2004 y 2011 crecimos un promedio del 6%, aunque entre 2012 y 2004 tuvimos un primer escalón hacia abajo y crecimos en promedio 4%. En los próximos años vamos a tener una nueva baja y va a ser difícil que podamos crecer por encima del 2%.

El impulso externó se terminó. No fue de golpe, detrás del primer escalón en el crecimiento de la actividad económica ya se veía un leve deterioro del contexto externo.

Ahora el deterioro es mucho más notorio, el viento ya no sopla a favor. Por lo tanto, para crecer, vamos a tener que guardar la vela y empezar a remar. A su vez, dada la delicada situación fiscal, no tenemos espacio para implementar estímulos de parte del gobierno para contrarrestar la falta de impulso desde el exterior.

En materia de inversión, ¿nuestro país sigue siendo un destino atractivo para los capitales extranjeros?

En la última década la inversión en nuestro país tuvo un fuerte aumento, pasó de representar el 15% del PBI en 2004 al 23% del PBI en 2014. Esta suba en los niveles de inversión fue financiada en gran parte con ingresos de capitales del exterior, que se encuentran hoy en registros jamás vistos.

Estas inversiones –en su mayoría de origen brasileño, argentino, finlandés y norteamericano– no solo han sido responsables del reciente desarrollo de la producción agrícola, forestal, eólica y solar; sino que explican hoy más del 60% del total de las exportaciones del Uruguay.

Hay una ventana de oportunidades hasta que la inversión en los países avanzados se vuelva atractiva para los inversores internacionales. Esta es una muy buena noticia para nosotros, pero lamentablemente no va a durar para siempre. Las tendencias indican que el ahorro mundial –en su mayoría generado en Asia– va a crecer a tasas cada vez menores y que van a comenzar a presentarse las oportunidades de invertir en los países más avanzados. Esto genera un doble efecto: una menor oferta de fondos disponibles conjuntamente con una mayor demanda de financiamiento, tiende a presionar al alza el costo global del capital, o sea, la tasa de interés de largo plazo en las economías avanzadas. Todo indica que este proceso va a ser lento.

Con la mira puesta en lo que se viene, hay que avanzar en materia de inserción internacional. Los acuerdos de libre comercio con países del primer mundo no solo permitirían reducir el costo de los insumos importados –incluso a los que producen para el mercado interno– sino que generaría un nuevo atractivo para que las empresas extranjeras inviertan en Uruguay.

Mientras que las empresas exportadoras instaladas en Chile tienen libre acceso a países que representan casi el 90% del ingreso mundial, las empresas instaladas en el Mercosur tienen acuerdos de libre comercio con países que apenas llegan al 10%. Esto es relevante, por cuanto tan solo el 25% de las exportaciones de las empresas extranjeras que se han instalado en Uruguay tienen como destino la región.

Foto: Marcos Harispe

Foto: Marcos Harispe

Teniendo en cuenta el contexto regional -Brasil con un escaso o nulo crecimiento y la inestabilidad política que pueden generar las elecciones en Argentina- ¿Cómo ve el futuro de la economía uruguaya? ¿Cree que la economía local se encuentra preparada para enfrentar una eventual crisis regional?

Más allá de la región, hoy nos tenemos que preguntar si estamos preparados para enfrentar tensiones financieras. Si estas presiones se generalizaran en las economías emergentes, en un contexto de elevada participación de no residentes en la deuda pública y concentración de los tenedores, sería difícil para el Uruguay eludir el impacto.

Sin embargo, hoy estamos mucho mejor parados desde el punto de vista financiero que en el pasado. El Uruguay cuenta con recursos líquidos para enfrentar los vencimientos de deuda de corto plazo, en el caso de que no fuera posible acceder a los mercados financieros internacionales a tasas razonables. Tenemos un colchón de reservas internacionales de excedente significativo.

Hoy tenemos una línea de créditos a tasas muy bajas ya aprobada con organismos multilaterales, contingente justamente a la posibilidad de una crisis financiera internacional. A su vez, hemos logrado reducir el grado de dolarización de la deuda pública y privada de forma sustancial. La desdolarización de contratos financieros iniciada luego de la crisis del 2002 reduce los efectos adversos de la depreciación de la moneda.

También existe solidez en el sistema bancario dada por una combinación de elevada liquidez con bajísimos niveles de morosidad y una capitalización muy por encima de lo requerido por una regulación que hoy se encuentra alineada a los estándares más exigentes a nivel internacional.

¿Cómo ve a al país con respecto a la educación?

 Afortunadamente ya no se discute el hecho de que tenemos una crisis educativa en Uruguay, algo que no era así hace pocos años atrás. De acuerdo a cifras armonizadas del Mercosur, solo el 10% de los uruguayos en edad de trabajar tiene secundaria completa, muy por debajo de los registros de Argentina y Brasil e incluso por debajo de Paraguay. La elevada tasa de abandono no debe sorprender cuando hoy la inversión en educación secundaria no se traduce en una esperanza de mayores ingresos laborales futuros. Entre aquellos que no abandonan, las pruebas académicas indican que la mitad no adquiere las herramientas mínimas para cumplir un rol productivo en el mercado de trabajo. Esta realidad empeora dramáticamente en los contextos socioeconómicos desfavorables.

La calidad educativa de nuestros trabajadores es hoy un cuello de botella para el desarrollo económico del país. Las consecuencias sociales también son de magnitud. Sufrimos un serio estancamiento en la movilidad social intergeneracional como consecuencia de la mala calidad educativa. Somos de los países de la región que donde menos ha mejorado la esperanza de los hijos a superar la situación socioeconómica de los padres.  A su vez, existe evidencia de que una de las principales razones que explican la suba de la delincuencia juvenil en la última década –que se ha triplicado– son los bajos salarios en los contextos desfavorables en comparación con el retorno de las actividades delictivas en una economía en boom. Estos bajos salarios son la contrapartida de la deficiencia educativa.

Hay mucho por hacer, la inacción es muy costosa. Cada minuto de parálisis está cobrando sus consecuencias.La reforma general del sistema debería venir acompañada de cambios en los incentivos a la actividad docente, algo que se está empezando a mirar con atención por parte de las autoridades. Es clave iniciar de forma urgente un proceso de mejora de la calidad docente. Compartimos las propuestas de Jana Rodríguez Hertz de enviar al exterior (con pasaje de retorno) una generación de jóvenes a universidades de vanguardia para formase como docentes y crear un sistema de incentivos similar al Sistema Nacional de Investigadores de la ANII.

No hay que inventar la pólvora. Ya está demostrado que con un programa académico adaptado al contexto, coordinación y profesionalización del trabajo docente, tratamiento individualizado de los estudiantes, carga horaria extendida y compromiso con logros académicos, es posible obtener mejoras significativas en contextos desfavorables. Ahora, esta receta no funciona si las cosas no se hacen bien, no basta con tirar los ingredientes adentro de la olla y revolver, hay que ponerle dedicación, profesionalidad y fundamentalmente –como todo buen cocinero– hay que ponerle pasión a lo que se hace.Parte del éxito se basa en tratar con dignidad a todos los estudiantes y brindarles un producto de calidad similar a lo mejor del sector privado.

Somos conscientes de que el esfuerzo que hizo la sociedad para financiar un mayor gasto en educación en los últimos años no ha tenido contrapartida. Somos aún más conscientes de que las posibilidades de crecimiento económico están en jaque. La crisis educativa es una piedra en el zapato que cada día molesta más y que nos hace cada vez más difícil poder seguir caminado. Pero también somos plenamente conscientes de la delicada situación fiscal con la que asume la próxima administración y que para lograr resultados no alcanza con invertir mejor, hay que invertir más. Encarar la transformación educativa implica asumir riesgos. Es por ello que seha transformado en el principal desafíos del próximo gobierno.

Según su visión, ¿cuál debería ser la meta prioritaria del gobierno?

La meta prioritaria de la próxima administración debería ser sostener el crecimiento económico, ahora con un contexto externo muchos menos favorables.

Para ello es vital seguir atractivos para la inversión, el motor esencial del crecimiento económico. El boom de inversión de la última década fue financiada en gran parte desde el exterior, la inversión extranjera se multiplicó por 10. Si bien las tasas de corto plazo en EE.UU. en breve empezarán a subir, todavía queda una ventana de oportunidad antes que el retorno en los países avanzados vuelva a ser atractivo para los inversores. Es una gran noticia para nosotros, pero no va a durar para siempre.

Para evitar que el combustible del motor del crecimiento se agote, antes que nada hay que consolidar lo que tenemos. Los inversores extranjeros están amparados en acuerdos de promoción y protección, y tienen una reducida carga tributaria. Sin embargo, esto solo no va a ser suficiente para mantener el nivel de inversión. Los cuellos de botella en capital humano y en infraestructura física están mordiendo el retorno de inversiones.

Por el lado de la infraestructura, los instrumentos jurídicos para atraer financiamiento privado existen. Se tienen que volver operativos.

Los resultados en materia educativa son acordes a la inversión: no es solo cuestión de gastar mejor, hay que gastar más. No hay países exitosos en educación con nuestros niveles de gasto. En un contexto de delicada situación fiscal, todo aumento de gasto en un sector se vuelve un enorme desafío porque solo es posible financiarlo si se recorta por otro lado.

Pese a medidas urgentes en estos frentes, los avances van a ser lentos. En inserción internacional se pueden tener resultados antes: acuerdos de libre comercio generarían nuevos atractivos para la inversión en Uruguay. En materia de equilibrios macroeconómica también habría que dar señales potentes. Ahí es clave que la inflación entre el rango meta del BCU y que no se diluya en los hechos.

Desde el gobierno se hizo énfasis en dos aspectos centrales: el control de la inflación y la reducción del gasto público. ¿Cuáles han sido las medidas que se tomaron para esto?

Hasta el momento lo que hemos observado han sido fundamentalmente anuncios con muy buenas intenciones, tanto en materia de reducción de la inflación como de control del déficit fiscal. Pero del dicho al hecho todavía queda un gran trecho.

La única medida concreta hasta el momento es un ajuste fiscal de un punto del PBI anual instrumentado a través del precio de los combustibles, implícito en el cambio de  paramétrica de ANCAP de enero. En el segundo semestre del año se juegan partidos claves en la discusión presupuestal y en los consejos de salarios.

Es esperable que la inflación subyacente (70% de la canasta del INE, que excluye a los precios administrados) que se ha mantenido arañando el 10%, empiece a ceder una vez que la política fiscal empuje para el mismo lado que la política monetaria. Sin embargo la suba del dólar está tirando para el otro lado.

Si los precios administrados quedarán congelados en los niveles actuales y si la suba del dólar se moderará para cerrar el año en 27,5, nuestro modelo de proyección prevé una inflación de 8,5% a fin de año. La inflación es el termómetro de la macroeconomía, cuando da fiebre es porque hay algún desequilibrio.

En los últimos años las empresas públicas han variado su sistema hasta su accionar. ¿Cuál es el rol que estas empresas deben desempeñar en el contexto actual?

Lo primero que hay que tener presente es que el sistema de las empresas públicas ya no es el mismo. Hoy cuenta con nuevos actores tanto públicos como privados, inversiones que exigen la interacción entre diferentes empresas, la necesidad de atraer inversores internacionales y de exportar parte del excedente de producción.

Para poder avanzar en esta nueva realidad, se tienen que aceitar los mecanismos de coordinación entre agentes nacionales e internacionales, mejorar el control de la gestión y la rendición de cuentas –¿no es hora ya de que el sistema basado en procedimientos deje lugar a un sistema basado en resultados?–, cortar el cordón umbilical que une el presupuesto nacional con las inversiones, transparentar los subsidios implícitos y repensar mecanismos para evitar que la impronta personal del directorio sea la que determine el camino de las empresas públicas.

En este marco es natural que el gobierno de las empresas públicas esté bajo cuestión. Sea cual sea la nueva institucionalidad, parece lógico que una vez definidos los objetivos y las responsabilidades con claridad, y una vez acordadas las políticas de desarrollo para llevar adelante, sea necesario asumir compromisos de gestión y rendir cuentas. Los ciudadanos tenemos que poder monitorear la rentabilidad económica y social de las inversiones de nuestras empresas públicas y ser exigentes si los compromisos asumidos no se logran. No es admisible que la operativa de las empresas del Estado no pueda cubrir ni siquiera el costo de acceso a financiamiento del sector público.

Las empresas del Estado deben ser eficientes no solo porque es su compromiso con los ciudadanos sino porque lo que producen es un insumo intermedio en la producción de las empresas privadas.

Foto: Marcos Harispe

Foto: Marcos Harispe

Se habla que el 2015 puede ser un año clave, que defina el rumbo económico de los próximos cinco años. Teniendo en cuenta esto, ¿qué podemos esperar de la economía uruguaya de acá a fin de año?

El año 2015 es un año complejo. No solo nos jugamos mucho con la elaboración del presupuesto y con las negociaciones salariales sino que el viento, por primera vez está soplando de frente.

Nuestro indicador de impulso externo –que considera los precios de los commodities, la tasa de interés internacional, la percepción de riesgo de las economías emergentes y el crecimiento regional– , que históricamente ha tenido un gran poder explicativo de la evolución del PBI de Uruguay (en 2012 predecía un crecimiento de 3,3% y el PBI creció 3,7%, en 2013 predecía un crecimiento de 4,6% y el PBI creció 4,4%, 2014 predecía un crecimiento de 1,3% y el PBI creció 3.5% pero tuvimos un punto de crecimiento entre obras de regasificadora y Montes del Plata), para el 2015 está en valores negativos.

¿Piensa vincularse a la política? ¿Ha recibido alguna propuesta?

 Siento una enorme pasión y compromiso por el país. Siempre he estado dispuesto a dar una mano y así lo he hecho de forma desinteresada. Hasta ahora no he recibido ninguna propuesta concreta.

Vamos a tener que remar muy duro para llegar a un crecimiento de 2%, a pesar de que la mitad de este crecimiento ya lo tenemos asegurado gracias a la operativa de Montes de Plata. tweet

 

El Telescopio.

Autor: El Telescopio.