Lunes, 14 de septiembre de 2015

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VáZqueZ

En estos días se ha hablado mucho respecto al liderazgo del Presidente Tabaré Vázquez.

Mientras que para algunos sus decisiones recientes en relación a levantar su declaratoria de esencialidad en la educación y de retirarse de las negociaciones del TiSA revelan que preside pero no gobierna, para otros son evidencia de lo contrario. Entre estos últimos se encuentra, por ejemplo, el Dr. Adolfo Garcé, quien en su columna de El Observador dijo “Vázquez hizo lo correcto: escuchó a su propio partido[1].

Para hacer una evaluación adecuada de sus decisiones es necesario comprender la lógica política a la que se ajustan las decisiones de Vázquez, así como hacer un apropiado análisis del contexto en el que opera.

Comencemos por cuestiones de contexto. El Dr. Garcé hace énfasis en que Uruguay es una partidocracia y que eso es bueno. Compartimos que un sistema político sólidamente basado en partidos políticos es una cosa buena para el país. La cuestión es que el Frente Amplio no es un partido…, aunque tampoco es una coalición.

El carácter distintivo de un partido es que sus integrantes tienen una base ideológica razonablemente común, a partir de la cual interpretan la realidad y traducen sus valores en objetivos que consideran la sociedad debe alcanzar por medio de la acción de sus candidatos, una vez que estos sean electos para cargos públicos.

Una coalición, en cambio, es un conjunto de partidos que tienen un programa de acción común. Comparten una serie de objetivos, pero mantienen identidades y visiones distintas, siendo el carácter coyuntural de la alianza un factor siempre presente.

Existe una tercera categoría: el movimiento político. A semejanza de las coaliciones, lo que quieren hacer se impone sobre las consideraciones ideológicas. A semejanza de los partidos, el grueso de sus integrantes se identifica en primer lugar con la organización toda, y subsidiariamente con alguna de las agrupaciones que la integran.

Muy cerca de Uruguay existió uno de los movimientos políticos más interesantes del siglo XX: el movimiento justicialista, indisolublemente unido a la figura de Juan Domingo Perón.

A partir de su designación como Director del Departamento Nacional de Trabajo en 1943, durante la presidencia de facto del general Pedro Pablo Ramírez, Perón construyó su capital político sobre la base de una alianza con un movimiento sindical que apoyó y configuró. Argentina se encontraba en el proceso de pasaje a la fase de industrialización, circunstancias que le fueron absolutamente propicias.

Muy pocas son las definiciones conceptuales que caracterizaron su pensamiento, más allá de su énfasis en las cuestiones sociales, la importancia del asistencialismo y el generar una nueva clase industrial dependiente del proteccionismo –y por lo tanto- dependiente de él. Perón logró un respaldo de un espectro ideológico increíblemente amplio. ¿Cómo logró mantener la cohesión de apoyos tan heterogéneos? La propia indefinición de sus ideas fue clave, combinado con su increíble talento político para convencer a cada uno de los diversos grupos que eran el elegido.

Hasta los Montoneros llegaron a pensar que el viejo general estaba de acuerdo con una revolución de corte marxista.

El problema es que todo Perón tiene su Ezeiza. Cuando Perón retornó de su largo exilio de 18 años, lo esperaban en el Aeropuerto de Ezeiza grupos radicalizados, que operaban no sobre la base de las instrucciones cotidianas de Perón –que no existían- sino sobre sus convicciones ideológicas. Al retorno de Perón el enfrentamiento era inevitable, exacerbado por la desaparición del aglutinante enemigo común que habían sido los regímenes militares. Primero fue la matanza de Ezeiza, luego el propio Perón echando de Plaza de Mayo a “esos imberbes que gritan”, para finalizar con los Montoneros y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) asesinando al Secretario General de la Confederación General del Trabajo (CGT) José Ignacio Rucci, dos días después de las elecciones que consagraron a Perón por tercera vez presidente constitucional de Argentina, para “tirarle un muerto” y demostrarle poder.

¿A qué viene esta referencia histórica?

El Frente Amplio está siguiendo los pasos de transformarse en un movimiento. Si bien sus orígenes son los de una coalición, rápidamente se generaron las bases para que las identidades partidarias se desdibujaran. En especial, la figura del Comité de Base y la lógica de decisiones sobre la base del Plenario hacen que los grupos más de izquierda –y en especial el Partido Comunista- tengan un peso de la dinámica interna que es mucho mayor que su peso electoral, con la particularidad de que no hablan como representantes de su partido sino de las “bases”.

A diferencia de Argentina, el surgimiento del movimiento frenteamplista no estuvo supeditado a un liderazgo concreto. Primero fue Líber Seregni, pero cuando entró en desgracia fue sustituido sin mayores traumas por Tabaré Vázquez[2].

La diferencia sustancial entre Seregni y Vázquez está en la franqueza con la cual el primero explicitó sus ideas a pesar de las resistencias que ellas provocaran a la interna de su fuerza política, al punto tal que luego de su destierro fundó el Centro de Estudios Estratégicos 1815 con el objeto de profundizar en las mismas. Vázquez, en cambio, siempre tuvo claro que el Frente Amplio era un movimiento y que ello implicaba que un compromiso demasiado firme con las ideas era peligroso.

En un movimiento lo fundamental es lograr la cohesión a través de la acción cotidiana del líder.

La estrategia que sigue Vázquez fue descripta por Luis Eduardo González como la “estrategia del zigzag”. A esto mismo el propio Perón le llamaba la “teoría del péndulo”. La idea es ir dando satisfacción a cada uno de los grupos relevantes del movimiento en temas específicos, haciéndolos sentir que “Vázquez está con nosotros”. Estuvo en contra de la pastera UPM y luego la defendió férreamente desde el gobierno. Apoyó la idea de declarar el default de la deuda durante la crisis del 2002, al mismo tiempo que pedía aumentar el gasto social con recursos inexistentes, para luego ser un gobernante ordenado y serio. Simpatizó con la idea de un Acuerdo de Libre Comercio con Estados Unidos, para luego dar satisfacción a los grupos que se oponían.

El problema es que el exilio en España fue para Perón lo que el gobierno de Mujica fue para Vázquez.

La estrategia del zigzag exige una serie de presupuestos para que funcione eficazmente. En primer lugar, la distancia que se recorre en cada oscilación no puede ser exagerada. Durante el exilio de Perón se consolidan los movimientos marxistas dentro del peronismo, con una identidad y un protagonismo que no eran reversibles por Perón a su retorno. De igual manera, el gobierno de Mujica permitió un avance muy considerable de las propuestas de los grupos de izquierda dentro del Frente Amplio, lo que lleva a que sea muy difícil para Vázquez hacer concesiones adicionales sobre un terreno que ya fue ganado.

En segundo lugar, Perón tenía como aliado a una dirigencia sindical que recompensó con el manejo de una enorme cantidad de recursos vinculados a las obras sociales, generando las condiciones propicias para su corrupción y su obediencia. No es el caso del movimiento sindical uruguayo, que tiene agenda propia.

En tercer lugar, ese estilo de dirección se va volviendo extremadamente ineficiente, pudiendo practicarse exitosamente solo en épocas de bonanza. Es así que Perón tuvo su auge como gobernante en el marco de una coyuntura sumamente favorable para Argentina, luego de la finalización de la Segunda Guerra Mundial. En el primer gobierno de Vázquez y en el de Mujica el viento de cola fue el contexto de las estrategias de zigzag que, con mayor o menor habilidad, aplicaron uno y otro.

El anunciar en un Consejo de Ministros –evocando citas de Fidel Castro- que este gobierno debe tener una profunda impronta de izquierda, declarar tiempo después la esencialidad de la educación, levantarla casi enseguida, luego mantenerse en silencio mientras los astoristas manifiestan públicamente su apoyo al TISA para al final retirarse de esas negociaciones, no son sino las sucesivas manifestaciones de una estrategia que ya no funciona como antes. Ninguno de los presupuestos que permitieron su éxito en el primer gobierno se mantiene.

En una conferencia organizada por la Academia Nacional de Economía, el Ec. Gabriel Oddone  planteó que la inserción económica internacional de Uruguay es el tema más importante que tiene que abordar, al mismo tiempo que calificó la decisión de retirarse de las negociaciones del TiSA como la “peor decisión que ha tomado el gobierno en muchos años”, afirmación que se agrava si se considera que los años previos fueron durante la gestión de Mujica.

No comprender la relevancia de los temas económicos es una carencia de Vázquez cuyas consecuencias se potencian por las restricciones económicas que deberá enfrentar. Puede que a los 75 años le resulte más difícil aprender, pero siempre se puede.

 

[1]     “Tabaré Vázquez, el Frente Amplio y el TISA”, El Observador, miércoles 9 de setiembre de 2015.

[2]     El periodista Leonardo Haberkorn recordaba que el entonces diputado Raúl Sendic llegó a preguntar, refiriéndose a Seregni: “¿no tiene algún amigo que le diga que se calle?“. http://leonardohaberkorn.blogspot.com.uy/2014/09/pobre-seregni.html

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Autor: Admin Telescopio