Martes, 16 de mayo de 2017

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Venezuela…..Un sueño socialista

La situación política en Venezuela está generando desencuentros e incomodidades dentro del elenco del gobierno. Se les ha vuelto difícil tomar una posición pública sobre el tema, en virtud de que miran el proceso con distintas anteojeras. A esta altura es innegable que el avance del sueño socialista opaca cualquier intento de denuncia a la violación de los derechos humanos.

Esa incomodidad se vio reflejada en el paso en falso que dieron dos legisladoras del oficialismo al firmar una declaración condenando la violación de los derechos humanos en el país caribeño. “Quedaron solas” fue la argumentación para enmendar el error.

A mi modo de ver, lo que allí se expresa es la dificultad de mantener la lealtad ideológica a un proyecto que, cada vez más, parece apuntar hacia el socialismo como salida política. En la media que ese proyecto logre avanzar (aún no sabemos hasta qué punto) será más dificultoso coordinar el rechazo colectivo a los excesos de Maduro.  Puede que esté equivocado, pero, ¿acaso se condena el modelo cubano?

Las discordancias internas quedan al descubierto, en buena medida porque las visiones que tienen los distintos sectores sobre el concepto de democracia, son antagónicas. Algunos ven a Venezuela en un liso y llano proceso dictatorial, de forma similar al que ve la oposición. Pero otros sectores de la interna del gobierno ven allí una profundización del modelo. Un modelo que seguramente consideren como democracia participativa, o radical, el mismo concepto con el cual se suele argumentar en favor del régimen cubano. Estos grupos son poderosos en la orgánica del partido de gobierno, por lo cual tienen una fuerte capacidad para presionar al gobierno desde esa estructura.

Pero ¿hay razones para pensar que Venezuela avanza hacia el modelo socialista? Es prematuro dar una respuesta, pero hay sobrados indicios que van en ese sentido. El anuncio de la salida de la OEA que oficializó el presidente Nicolás Maduro, creo que debe interpretarse en conjunto con la convocatoria a un proceso para cambiar la Constitución de Venezuela. Ambos anuncios han vigorizado el conflicto social y permiten leer con un poco más de perspectiva la intención del oficialismo.

Las elecciones generales que exige la oposición no son una salida viable para un presidente que busca mantener el poder a cualquier precio. El reconocido politólogo Robert Dahl en su obra “La poliarquía” establece algo así como un axioma donde dice que un gobierno se abrirá al régimen competitivo (elecciones) en la medida en que el precio de la supresión exceda al precio de la tolerancia. Por ahora este no parece ser el caso.

A Maduro le sirve, sencillamente, mantener la represión en las calles, aunque lo hace a un costo cada vez más elevado. La presión nacional e internacional que debe soportar su gobierno es cada vez más fuerte. En ese contexto la convocatoria a una “Constituyente popular” no solo puede ser interpretada como una forma de comprar tiempo, sino como una apuesta al cambio definitivo de régimen de gobierno.

Los 500 asambleístas mencionados por Maduro no serán elegidos por sufragio universal, sino por sectores sociales y por comunidades. Así lo consagra en el art. 2 del decreto de Asamblea Constituyente “Los y las integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente serán elegidos o elegidas en los ámbitos sectoriales y territoriales (…)”.

Este aspecto de su propuesta es especialmente relevante, en especial para quienes lo ven con las anteojeras de la democracia popular (o socialista).

En su momento la reforma constitucional llevada adelante por Chávez en 1999 respondía a un gran cambio en el sistema político venezolano. La crisis del bipartidismo y la popularidad del chavismo fueron el argumento para la reforma constitucional. Pero la constitución bolivariana mantuvo la tónica de las estructuras representativas y de los procesos electorales, conforme al modelo liberal de democracia.

Pero la propuesta de Maduro es bien distinta. El mandatario ha adelantado que una mitad de los miembros de la asamblea constituyente serán elegidos entre gremios, obreros y movimientos sociales, y la otra mitad, por unas circunscripciones territoriales a su medida, con especial influencia de las “comunas”.

Las comunas a las que hace referencia son los Consejos Comunales creados por Chávez. Hay un politólogo sueco, Rickard Lalander (2012) que se ha especializado en el estudio de la descentralización en Venezuela y en especial en los Consejos Comunales.

Como reconoce el propio autor, estos concejos han dependido en su mayoría del apoyo económico del gobierno, presentando una débil autonomía. Pero además presentan cierta desconexión respecto a las estructuras de autoridades descentralizadas y partidarias como las alcaldías, lo cual es visto como signo de debilidad democrática por algunos especialistas. Aunque otros ven allí un avance de la democracia participativa.

Ya en el 2010 se pensaba en potenciar este componente “comunitario” por sobre el de representación clásico de alcaldías y gobernaciones. Entre ellos cabe destacar la opinión del actual Ministro del Poder Popular para las Comunas y Movimientos Sociales Aristóbulo Istúriz, quien creía necesario: “desmontar las alcaldías y gobernaciones… es un paso indispensable para el avance efectivo del proceso de cambios socialistas en Venezuela… Con estas alcaldías, con estas gobernaciones, no vamos a hacer revolución, cuyo avance depende de que de alguna manera se vaya desmontando la estructura del sistema de democracia representativa para sustituirlo por otro donde el pueblo sea el protagonista” (El Universal, 17 de octubre de 2010, extraído de Lalander, 2012).

La peculiaridad del proceso político en Venezuela es que, a diferencia de Cuba, la salida hacia el modelo socialista no se da en sustitución de una dictadura, sino en sustitución de un régimen democrático liberal.

Para una gran parte de la opinión pública, políticos, medios y expertos, se trata de un proceso dictatorial. Pero para otra porción importante, se trata de un cambio de modelo que profundiza la democracia en clave socialista. Esas visiones tan distantes conviven en el gobierno y dificultan su accionar en torno al tema.

Alejandro Guedes

Autor: Alejandro Guedes

Politólogo. Egresado de la Faculta de Ciencias Sociales.Se encuentra cursando la maestría en Ciencia Política (UdelaR). Integrante del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política.