Miércoles, 16 de diciembre de 2015

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Vientos de cambio

Hace apenas un año tuvimos elecciones en Brasil y Uruguay en los que a través de elecciones libres y democráticas la ciudadanía ratificó, en sistema de balotaje, a los candidatos de partidos que estaban en el gobierno.

En Argentina, el Partido Justicialista, buscaba la mejor fórmula para seleccionar el candidato en elecciones primarias, visualizando las elecciones de 2015 y la continuidad por cuarto mandato consecutivo de la era kirchnerista, frente a una oposición pulverizada y sin unanimidades para elegir un contrincante con posibilidades de hacer frente al oficialismo.

Venezuela, sumergida en una profunda crisis económica y social, con un enorme desabastecimiento de bienes básicos de consumo, dando rienda suelta a la inflación y alimentando un proceso de corrupción por parte de aquellos amigos del poder que lucraban con la desesperación de la gente.

El deterioro institucional era alarmante, sin libertad de prensa, con líderes opositores presos, sin garantías de un proceso transparente, con un Poder Judicial al servicio de un  gobierno que concentró el poder por casi dos décadas, lo que determinaba un panorama oscuro frente a las elecciones legislativas de este año, despertando sospechas de falta de transparencia en la mayor parte de los analistas.

Un año después asistimos a una serie de cambios que muy pocos podrían imaginar.

En Brasil, la presidente Dilma Rousseff  tendrá que hacer frente al proceso de “impeachment” o juicio político ante el legislativo, debido a irregularidades constatadas por el Tribunal de Cuentas en relación a préstamos ilegales de bancos estatales al Tesoro Nacional, maquillando así las cuentas públicas.

Por otra parte, la justicia que en Brasil goza de absoluta independencia, ha investigado en profundidad actos de corrupción que tiene en vilo al Partido de los Trabajadores y sus aliados por hechos de corrupción revelados en la operación “lava-jato”. Desnuda la enorme red de tráfico de influencias y coimas desde el gobierno por medio de legisladores oficialistas y empresas de construcción, fuertes colaboradoras a partidos y candidatos en campañas políticas, que se veían posteriormente “favorecidas” en licitaciones públicas millonarias.

El sistema de colaboración con la justicia a cambio de una reducción de la pena de los involucrados en actos ilícitos ha proporcionado invalorable información a la justicia, revelando así una intrincada ingeniería financiera, lavado de activos y otras irregularidades, colocando en situación delicada a Petrobras, principal empresa de América Latina, por ser el origen de buena parte de los fondos que alimentaban a las redes de corrupción.

Por esta causa, se encuentran privados de libertad diversos directores de las principales empresas constructoras de Brasil, así como también legisladores del gobernante PT.

La situación de la Presidente Rousseff es compleja, pues difícilmente podrá eximirse de responsabilidad, sea por acción u omisión, pues ha estado vinculada con estos temas hace mucho tiempo, como Ministro de Minas y Energia, como jefe de Gabinete del Presidente Lula y  más recientemente como Presidente de Brasil en los últimos cinco años.

Todo esto hace más compleja una realidad económica recesiva, con inflación y desempleo de dos dígitos y creciente, con abultado déficit fiscal y una situación económico-financiera comprometida en varios Estados de la Unión.

En Venezuela, la crisis económica viene de la mano de una muy mala gestión de gobierno y de la aplicación de un proyecto político que desarticuló la matriz productiva, revelándose sin tapujos la cruda realidad ante la imparable caída del precio del petróleo.

La constante intervención del Estado en la actividad privada, la no observancia de las leyes del mercado, el manejo discrecional del poder público, la falta de garantías por parte de la justicia, la corrupción, la inseguridad, entre otras, determinaron una situación extrema que puso al país al borde de un estallido social.

Las elecciones legislativas de este mes de diciembre, representan un cambio en el proceso de concentración de poder iniciado por Hugo Chávez, estableciendo un punto de inflexión en la vida institucional de Venezuela.

La oposición alcanzó los 2/3 de legisladores en la Asamblea Nacional, lo que permite reformas importantes a partir del Legislativo y obliga al gobierno de Nicolás Maduro a un diálogo político antes inexistente.

En Argentina, gana la elección, estrenando la segunda vuelta en ese país, el Ing. Mauricio Macri, poniendo fin a la era kirchnerista que gobernó al país en los últimos 12 años.

Difícil era pronosticar hace algun tiempo este desenlace, pues pocos apostaban que el aparato electoral justicialista, que supo acumular mucho poder durante tres períodos de gobierno consecutivos, pudiera ser derrotado por una posición desarticulada y sin un candidato claro que pudiera aglutinar voluntades.

El propio Macri no ocultaba sus dudas, mientras ocupaba por segunda vez la jefatura de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, tamaño el desafío que representaba construir un espacio político de alcance nacional que le permitiera enfrentar con chance al establishment.

Como avezado ingeniero, supo construir esa alianza que significó Cambiemos, respaldado en su gran capacidad de conformar equipos de gobierno, la buena gestión en Buenos Aires, con la estructura partidaria nacional de un lema histórico como es la Unión Cívica Radical.

No es menor el hecho de la coalición liderada por Macri haya alcanzado, además del ámbito nacional,  los gobiernos de las principales provincias como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza.

En una definición muy reñida, prevaleció en Argentina la voluntad de cambio, el hartazgo del pueblo a un estilo de política y de gobierno que muchas veces se basó en el enfrentamiento, la división, el patoterismo y la intolerancia.

Los primeros anuncios al asumir son por demás auspiciosos, comprometiéndose al gobernar para mejorar la vida de sus conciudadanos, poniendo el foco en el empleo, la inversión, el crecimiento económico, el combate a la pobreza, al narcotráfico y a la corrupción.

En su primer día en el cargo, llama a los candidatos a la presidencia, a los que venció en las urnas, a un diálogo político que demuestra un cambio en el estilo de manejar el gobierno, buscando los necesarios acuerdos para llevara adelante los proyectos que el país necesita.

No escapa a nadie que la situación económica de nuestro vecino es delicada, luego de cuatro años de recesión, alta inflación, desempleo, un retraso cambiario importante y con el cepo que se promete levantar, muy bajo nivel de reservas y un financiamiento externo que deberá lograrse con celeridad.

Capítulo aparte para la falta de credibilidad en la información oficial, liderado por el INDEC que ha respondido al interés gubernamental y no al rigor técnico en la fijación de parámetros  tan importantes como la inflación y el nivel de actividad económica.

Uruguay no estará ajeno a estos importantes cambios que están ocurriendo en la región y en el Mercosur. No hay dudas de que habrá turbulencias que afectarán a nuestro país, pues inevitablemente habrá ajustes en la economía de los vecinos, al mismo tiempo que tendremos que realizar los propios, en tiempos más difíciles en cuanto a los precios internacionales de los productos, en un mundo más cauteloso y convulsionado.

Lo que debemos celebrar es que los cambios políticos se están dando en pleno respeto de los principios democráticos y según los parámetros constitucionales de cada uno de los respectivos países, con la sana alternancia en el poder como libre expresión de los pueblos.

Una clara respuesta a estilos de conducción que no fueron capaces de aprovechar el periodo más favorable para nuestras economías que se tenga memoria, dilapidando recursos y oportunidades, dejándonos más deuda, déficit fiscal creciente, inflación y una presión fiscal insoportable, en medio de enormes problemas de gestión de empresas públicas con hechos que dan lugar a investigar presuntos actos de corrupción. Todo esto sin alcanzar los objetivos que todos compartimos de mejorar la vida de la gente y eliminar la pobreza.

La región se ha manifestado y exigió un cambio.

Uruguay seguirá ese camino.

Fernando Mattos

Autor: Fernando Mattos

Ingeniero Agrónomo egresado de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul- Brasil . Ex presidente de la Sociedad Criadores de Braford y Cebu del Uruguay. Ex miembro de ISEF International Stocksman Educational Foundation-Houston. Ex presidente de la Asociación Rural del Uruguay. Ex miembro de la Junta Directiva del INAC. Ex presidente de la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur. Ex Presidente de la Fundación Pro Cría Oriental de apoyo a pequeños productores. Productor rural en los departamentos de Tacuarembó y de Cerro Largo.