Jueves, 24 de noviembre de 2016

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¡Viva Batlle!

El grito de guerra que representó al Partido Colorado en el último siglo, surgía espontáneamente de las enronquecidas gargantas por la emoción de los cientos y miles de acongojados integrantes del cortejo que llevaban a su última morada los restos de Jorge Batlle.

El “Viva Batlle” se mezclaba con su nombre y con exclamaciones que vitoreaban a la República y al Uruguay. Todos los presentes sentíamos que se nos iba parte de la historia. Como bien alguien dijo, se nos iba quien escribió la historia.

La nutrida columna de dolientes era totalmente heterogénea. Se mezclaban familiares, amigos de toda la vida, adherentes partidarios, militantes de todas las horas, simples ciudadanos, jóvenes, adultos y ancianos. Todos cargando la sensación de incertidumbre que provoca la pérdida de quien por características y comportamiento nos había convencido de que era inmortal.

Seguramente muchos de los que recorríamos a pie el trayecto que separa la Casa del Partido del Cementerio Central dejamos volar nuestros recuerdos y las anécdotas que nos vinculaban a Jorge fluyeron naturalmente aunque hubiesen ocurrido hace décadas.

Es altamente probable que muchos de los que marchábamos acongojados embargados por la emoción y con el desconcierto hayamos tenido discusiones, enfrentamientos y rupturas en nuestro relacionamiento. De hecho, ese fue mi caso. Luego de haberlo seguido por más de cuarto de siglo, me encontraba distanciado políticamente de su postura, en la siempre compleja interna partidaria, desde hace una década. Sin  embargo, el sentimiento de angustia, era en el andar del cortejo al igual que ahora, enorme.

Batlle logró adhesión ferviente. Ya sea por su espíritu indomable, por su cultura excepcional, por su actitud siempre revulsiva fue generando durante toda su vida la devoción de sus seguidores y el respeto de sus adversarios. La demostración de pesar y presencia en su velatorio y sepelio no hace más que demostrarlo.

El trayecto del cortejo nos permitió también desgranar los recuerdos que nos vincularon en vida. Todos teníamos recuerdos y anécdotas que nos vinculaban. Lo mismo se notó en la sesión de homenaje del Senado de la República.

Mis propios recuerdos se remontan a más de cuatro décadas.

Nunca me hubiera imaginado que me podría vincular alguna vez a quien provocó inconscientemente mi primer acto de militancia política. En efecto, con apenas doce años recorrí Montevideo encaramado a un camión en la caravana organizada para pedir la libertad del primer preso político de los militares. Batlle con su desenfado, salió a “cantar la justa” en horas dramáticas, como lo haría a través del resto de su vida.

Recuerdo su trajinar constante en procura de la restauración democrática. Despreocupándose totalmente de las eventuales consecuencias, estando proscripto mantenía reuniones, organizaba charlas y recorría el país. Rememoro el estado de juvenil excitación que teníamos al participar de aquellas charlas clandestinas donde Jorge nos hablaba de su visión de la salida democrática y su oposición al proyecto de reforma constitucional de 1980.

Unos años después, siempre preocupado por esclarecer sobre las bases y principios del batllismo, nos reunía un par de veces por semana a un grupo de jóvenes y algunos que no lo eran tanto, para intercambiar sobre la influencia krausista en la ideología de Don Pepe Batlle. Su palabra siempre esclarecedora, parecía un imán para su audiencia que podía escucharlo por horas.

Sus sorpresivos planteos y su incansable usina de propuestas, terminaron llevándolo a la Presidencia de la República gracias a la convicción del electorado de que había un hombre capaz de decir la verdad sin pesar costos políticos.

En el ejercicio de la primera magistratura, posibilitó que toda una generación de jóvenes políticos (por lo menos para los estándares de Uruguay) pudiésemos asumir cargos de responsabilidad en su gobierno. Siempre estaba atento a la gestión de todos y no era de extrañar que recibiésemos inesperadas llamadas para felicitarnos por alguna declaración efectuada a algún medio de prensa.

Nos dejó, aquellos días, el ejemplo de que para salir de la crisis, uno de los factores primordiales era el convencimiento de que la institucionalidad era un bien preciado innegociable y en su defensa forjó la salida en crecimiento.

…..

El cortejo llegó a su destino.

Al depositar el cuerpo de Batlle, se consolidó su último triunfo. Siempre escuchamos decir que la historia haría justicia de su gestión en la Presidencia.

Cuando atronó el último de los cañonazos de las honras fúnebres, la historia y la ciudadanía ya le habían hecho justicia.

Las obras proyectadas y concretadas, las gestiones exitosas y lo más difícil de medir, todo cuanto se evitó, no sólo le hicieron justicia. Lo incorporaron de lleno a lo mejor de nuestro acervo.

El eterno paladín de la libertad nos dejó con el reconocimiento de todos para dejar de escribir la historia y pasar a ser parte de ella. De la mejor parte de ella.

Max Sapolinski

Autor: Max Sapolinski

Es Contador Público egresado de la Universidad de la República, integró la Asesoría Económico Financiera del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, Director General de Secretaría del Ministerio de Turismo, Subsecretario del Ministerio de Economía y Finanzas y del Ministerio de Turismo. Entre 2006 y 2008 fue Presidente de la Comunidad Israelita del Uruguay. Gerente del Seguro del CASMU y entre 2010 y 2012 fue Director de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (URSEA).