Jueves, 7 de septiembre de 2017

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¿Y a los médicos, quién los cuida?

Me expongo en esta columna a la percepción del lector ya que puede interpretarse que escribo bajo el amparo del llamado “corporativismo médico”. Sin embargo, como en todos los casos, mi primera preocupación como agente sanitario es el paciente, sin perjuicio de reconocer que la persona del médico y su bienestar es de vital trascendencia.

La motivación para escribir la columna es la cobertura informativa primaria del episodio violento que se vivió en el INOT, en el que fue rescatado un recluso. Dejando algunos de los temas que ya están en agenda vinculados al hospital penitenciario, o prevención de violencia de equipos de salud como los protocolos de las emergencias móviles en los casos de atención en algunas zonas de la ciudad, me parece muy importante apuntar al interés de la población, de los pacientes y de las instituciones sobre la calidad de vida de los médicos.

En el caso del INOT, luego de dos días de ver reiteradamente la forma en que entró y se escapó el recluso, no pude apreciar, dentro de la cobertura, alguna mención a cuántos eran los integrantes del equipo de salud del momento, qué pasó con ellos, si se hizo alguna intervención sobre ese momento de stress, luego de pasar por una situación como esa.

Además de situaciones violentas extraordinarias como la que se vivió, los médicos se exponen a otro tipo de situaciones a diario, que influyen en su calidad de vida y en su propia salud. Enfrentar el dolor del otro, la comunicación de las malas noticias, la ansiedad natural del que se atiende y su familia, son componentes rutinarios que van horadando las condiciones  físicas y emocionales de quienes practican la medicina.

Las investigaciones epidemiológicas que existen sobre como enferman y mueren los médicos, presentan una gran prevalencia de enfermedades Sico emocionales, adicciones, cardiovasculares y gastrointestinales directamente vinculadas a situaciones de stress. Por otro lado, algunos estudios muestran que la mediana de la edad de muerte en los médicos es menor que la población general tomando como referencia la esperanza de vida al nacer como parámetro de comparación.

La calidad de vida del médico es elemento vinculante demostrado con la calidad de vida del paciente, algunos componentes con mayor fuerza que otros.[i]

Donabidean, referente de la evaluación de la calidad en salud, identifica como determinante de la calidad de la asistencia la relación interpersonal médico – paciente, ya que, a través de un adecuado intercambio, se logra mayor adhesión al tratamiento, confianza y éxito en los resultados planteados.

La calidad de vida del médico y de las instituciones es clave entonces para que haya buenos resultados en salud.

Tradicionalmente puede interpretarse como analogía a la calidad de vida la remuneración y la posibilidad laboral. Pero el ejercicio profesional que la determina tiene otras implicancias como la armonía con las expectativas sobre ese trabajo, la tranquilidad y comodidad en el mismo.

La calidad de vida de una institución es el clima agradable, distendido, de confianza, apoyo y empoderamiento por parte de sus integrantes, donde cada uno conoce su papel dentro de la institución y su efecto en el resultado.

Cuando hay una disconformidad con un tratamiento o con algo referido a la institución que lo asiste, habitualmente la persona que está desconforme vincula el reproche al profesional actuante.

Podemos decir entonces que el resultado de la interacción entre la situación de enfermedad, el vínculo medico paciente y la situación laboral y profesional del médico van a ser determinantes de la calidad de vida de ambos.

En este sentido, es importante abordar el tema de las conductas disruptivas en la práctica médica.

Se entiende por disruptivo aquel comportamiento perturbador o conducta personal, ya sea verbal o física, que afecte negativamente o que potencialmente pueda afectar la atención del paciente, incluyendo, pero no limitada, la conducta que interfiere con la habilidad de uno para trabajar con los demás miembros del equipo de atención médica.

Esto configura una amenaza para la calidad de atención, la seguridad del paciente, afectan el ambiente de trabajo, entre otros efectos negativos. Disminuyen la alegría y satisfacción en el trabajo, y ocasionan alta rotación de personal calificado.

Los comportamientos disruptivos (CD) no son siempre de tipo agresivo, siendo más comunes las conductas pasivo-agresivas.

La necesidad de enfrentar los CD tiene doble objetivo, mitigar el impacto sobre la seguridad del paciente y mejorar el ambiente laboral, ya que tiene como consecuencia la alta prevalencia de burnout entre otras patologías. Se suma a estos impactos la pérdida de confianza y de imagen pública de las instituciones de salud a propósito de las consecuencias mencionadas.

En el año 2013 por iniciativa del MSP, se hizo una encuesta en la que participaron 38 instituciones y se procuró dimensionar la entidad de este problema en nuestro país[ii].

El 91% de los encuestados médicos presenciaron alguna vez CD en su ambiente laboral. El 61% fueron víctimas de estas conductas con un importante componente de género, ya que el 31% de los casos fueron mujeres y 13% hombres los que sufrieron este tipo de maltrato.

Por otra parte, y a diferencia de encuestas en otros países, donde los que tenían esta conducta eran los jerarcas, los que realizaban la agresión  eran sus pares en la mayoría de los casos.

Los desencadenantes de estos episodios de acuerdo a la encuesta se pueden resumir en algunos cuya frecuencia se muestran en las siguientes tablas.

 

Desencadenante del ambiente laboral %
Carga de trabajo excesiva 47
Pacientes muy demandantes (exigentes) 35
Familiares de los pacientes muy demandantes (exigentes) 33
Mala remuneración 32
Falta de reconocimiento por parte de las jefaturas o la dirección de la institución 37
Mal relacionamiento con las jefaturas 18
Institución tolerante con comportamientos inadecuados 26

 

Desencadenantes personales %
Problemas familiares y/o de pareja 33
Personalidad explosiva 34
Personalidad desconsiderada 30
Poca tolerancia al stress 32
Insuficientes horas de descanso 30
Depresión y otras enfermedades siquiátricas 23
Consumo abusivo de alcohol y sustancias sicoactivas 6


Teniendo en cuenta estos resultados pienso que hay un gran trabajo que hacer para apoyar a los médicos, para poder ayudar a los pacientes. No se trata de instrumentalizar las intervenciones o ayudas, es tener un genuino interés en que las personas, una vez que eligieron una profesión puedan sentirse felices con su ejercicio y no los enferme.

Uno de los elementos principales es tomar conciencia del problema. Somos vulnerables y en nuestras manos se juegan cosas muy importantes. Por tanto, intervenir sobre los componentes evitables o modificables de estas y otras conductas que pueden resultar en un perjuicio para la salud, es un paso de gran trascendencia. Y en esto los que nos dedicamos a la gestión de las instituciones prestadoras tenemos un rol muy importante.

La educación en la vigilancia de algunos elementos de alarma es más que necesario y se debería tratar, por ejemplo, en las comisiones de salud laboral de las instituciones de salud. El rol que estas comisiones pueden hacer es de gran trascendencia para el trabajador y directamente vinculado a él, para el paciente. El compañero de trabajo directo es el que probablemente identifique más rápidamente situaciones a atender, como prevención primaria.

Un rol esencial para esta tarea la tienen los colectivos gremiales, el colegio médico y las asociaciones científicas. De esta manera podría identificarse cuales son los factores de riesgo asociados a cada especialidad y promover la actuación sobre ellos.

Por otro lado, comunicar y hacer visible las actuaciones de los equipos de salud, dar cuenta de los múltiples aciertos en forma pública, los cotidianos y no solo los extraordinarios, en vez de publicar sus fracasos como hoy pasa, generaría una comunidad de pacientes con confianza en los médicos, y médicos menos presionados por situaciones externas que no pueden manejar.

La custodia de la salud de pacientes y médicos deberá ser institucional, se trata de una acción sistémica y genera un beneficio para toda la población asistida.

En definitiva, así como la del resto de la población, la salud de los médicos es cuestión de todos.

 


 

[i] Uno de los elementos de la calidad de vida: el contrato médico  Rev Med Uruguay 1995; 11: 111-120
[ii] Encuesta Nacional de Comportamientos Disruptivos en el Equipo de Salud Rev Méd Urug 2014; 30(4):235-246

Cecilia Hackembruch

Autor: Cecilia Hackembruch

Doctora en Medicina. Especialista en economía de la salud y calidad de servicios de salud. Health senior manager. Directora de ISALUD URUGUAY, Escuela de Gestión de Ciencias de la Salud.